Thank Me Later Thank Me Later

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Drake DrakeThank Me Later

6.9 / 10

Drake  Thank Me Later CASH MONEY

Radiografía de un debutante que ya es estrella incluso antes de debutar: obsesionado con su propio estatus, casi paranoico con el asedio de los haters y los críticos, estancado en una fórmula lírica repetitiva y cansina de exaltación y reflexión sobre el éxito, la fama y la joie de vivre, incapaz de superar las expectativas causadas por una mixtape de impacto y relevancia internacional, “So Far So Gone”, y desorientado por la eterna disyuntiva entre personalidad o popularidad. La confirmación de una sospecha histórica, no es la primera ni será la última vez: en su puesta de largo oficial, el rapper, cantante y actor canadiense Drake ha perdido proyección, pegada y capacidad de sorpresa en beneficio de un recorrido más conservador y conciliador cuya única aspiración pasa por posicionarse correctamente, con inteligencia, con diplomacia, con visión comercial, en el mercado urban actual. Dicho de una manera menos fina: “Thank Me Later” está escrito, pensado y programado para el público femenino, apunta directamente a la vagina.

Es una táctica vieja y muy común en la industria: ellas son las que compran los discos, las que van a conciertos y las que generan idolatrías y movimientos; y ellos, los sufridos novios o aspirantes a ídem, los que pagan casi todo sin rechistar. No me parece una apuesta negativa per se, cada uno elige a su clientela como le viene en gana, pero indudablemente contradice parte de todo lo apuntado en “So Far So Gone”, grabación notoriamente más sombría, sorprendente y ambiciosa que la que nos ocupa y que invitaba a imaginar y dibujar en nuestra cabeza una puesta a punto diferente. Aquí se ha salido por la tangente con una obra más flemática y azucarada que anda en una dirección distinta de la que había visualizado la crítica y una parte de su base de seguidores. ¿Quiere eso decir que el resultado es deficiente o preocupante? No exactamente.

A mi modo de ver, el principal problema de “Thank Me Later” es su conformismo, la falta de impulsividad y atrevimiento; la normalidad absoluta de la propuesta. Drake ha preferido jugar sobre seguro, esto es, diseñar una fórmula musical que le garantice el target femenino, que convenza a los headz más benevolentes y que evite parcialmente los palos de la prensa especializada, y olvidarse de las promesas rupturistas y reformistas que asociábamos al personaje. Ni frío ni caliente. Ni pop ni hip hop. Ni vanguardista ni emo. Ni Kid Cudi ni “808s & Heartbreak”. Quizás todo se deba a una manía subjetiva, pero desconfío por norma de los discos de consenso que a las primeras de cambio ya enseñan sus cartas y te dicen, desde el minuto uno, que su principal objetivo es contentar a todos y disgustar lo menos posible al público. Drake lo busca sin disimulo, quiere quedar bien hasta con el apuntador, y aunque la jugada no le sale del todo mal, pues en su recorrido nos esperan algunas canciones con empaque, emoción y brillo, el resultado general no alcanza el alto grado de expectación que generó su célebre mixtape y transmite la sensación de que el MC ha antepuesto los criterios comerciales a los artísticos.

Para empezar, el bagaje lírico del trayecto deja mucho que desear, personalmente me ha dejado indiferente, algo frío. El rapper no solo pierde la batalla en sus contiendas con Jay-Z, T.I. y Lil Wayne, tres de los numerosos invitados de lujo que se asoman por el álbum –quién sabe si extramotivados en sus cameos para contrarrestar el efecto del hype construido alrededor de la figura de su anfitrión–, sino que además insiste hasta el aburrimiento en un eje argumental al que solo los grandes elegidos saben darle la vuelta año tras año: los vicios y virtudes de la fama y la celebridad. A la tercera canción, el oyente ya se siente incomodado y aletargado por la repetición de esquemas e ideas, por la redundancia temática de su narrador. A la postre, resultan más interesantes sus confesiones sentimentales y emocionales, más efectistas que profundas, que sus crónicas desde la cima, y eso acaba entregando y cediendo por completo sus posibilidades de triunfo a las chicas.

Todo ello, hay que decirlo, sin renunciar al talento inherente que le ha ayudado a encumbrarse antes de debutar oficialmente. Porque, pese a todo, Drake maneja con soltura sus dos registros expresivos, canta y rapea con tino e idéntica eficiencia, concilia talento y emoción en sus rimas más logradas, aporta un plus de calidad a la vertiente más soft y light del hip hop, que tiene su hueco e importancia, claro que sí, y exhibe tablas, olfato y maneras cuando se trata de captar la atención de las féminas. Todos esos registros los domina y controla con pulso firme, son las claves de su estatus y de su éxito. Pero no es en esa parte, en la entrega descarada a un patrón más R&B, en la que Drake extrae más petróleo del disco y de su propio duende. Precisamente los momentos más sólidos y fascinantes de “Thank Me Later” son aquellos en que el canadiense aparca los formalismos comerciales y se deja llevar por un latido más personal, rotundo y dinámico. “Over”, el mejor zarpazo del lote, “Light Up” y “Fancy” pueden llegar a justificar la compra del álbum y a su vez son contundentes motivos para creer que nuestro hombre algún día puede brindarnos ese disco que muchos estamos convencidos de que puede llegar a grabar algún día. Y comen aparte “Show Me A Good Time” y “Find Your Love”, ambas producidas por Kanye West, que ya nos está avisando de un regreso que se intuye épico, y que deberían ejercer de brújula para el rapper cuando pretenda explotar su faceta más pop sin rebajarse a clichés y tópicos de música negra de centro comercial. ¿Quién necesita coros AOR de Alicia Keys, como en “Fireworks”, o remedos kitsch de Sade, en el caso de “Karaoke”, cuando una buena producción, sencilla y resolutiva, te soluciona a la perfección esas intenciones? Con el examen corregido, la valoración está clara: necesita mejorar.

David Broc

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