Test Dream Test Dream

Álbumes

Consequence ConsequenceTest Dream

7.6 / 10

EXIT RECORDS

Hay mil signos ahí fuera que avisan del retorno, puramente nostálgico, del drum’n’bass para 2012, empezando por la sesión que Raime entregaron para FACT y concluyendo por el hashtag #junglememories que arrasó en Twitter el pasado diciembre, impulsado por productores y ravers retirados a los que se les humedecía el lacrimal recordando el más alto momento al que jamás llegó la escena de baile en Gran Bretaña. Al fin y al cabo han pasado 20 años desde la entrada del hardcore en su fase oscura, y va siendo hora de que se activen los centros de la memoria colectiva que acaben, de aquí a un tiempo, con reediciones deluxe de las obras magnas de Goldie, 4 Hero y Roni Size. Aún así, si en algún momento regresa la fiebre por el drum’n’bass vintage sería conveniente no olvidar que en esta última década de agotamiento, repetición, testosterona y hastío han surgido voces personales, pequeñas y aisladas pero fuertes, que han intentado mantener vivo el género, con sus constantes vivas incluso en su momento más duro. La idea se puede resumir en una sola palabra, Autonomic, la serie de podcasts –más tarde trasladada a noches de club en Fabric y a un sello discográfico– alrededor de plataformas como Exit Records y Nonplus+, y por tanto a figuras como dBridge e Instra:Mental: una superación de los rasgos distintivos del drum’n’bass mediante la reducción de la velocidad, un aumento de las metáforas sci-fi y la alianza con patrones rítmicos con mayor vigor, ya fueran el dubstep o el electro.

El fichaje de Consequence en 2009 por Exit Records fue, posiblemente, la mejor noticia para el drum’n’bass aquel año, aunque llegó tan in extremis –en diciembre, como este “Test Dream”, tarde para entrar en muchas listas-resumen– que su repercusión se vio paralizada, pero sin por ello restarle capacidad para haberse consolidado como uno de los acontecimientos recientes más relevantes para el género. Consequence, que es lo mismo que decir Cameron McLaren, proviene de Nueva Zelanda –posiblemente sea fácil imaginar un jungle diferente desde las antípodas, lejos del bullicio de Londres–, pero su música tiene un origen menos terrenal y aún más exótico. Producido con pausa y con espacio, su sonido –ya en “Live For Never” (Exit Records, 2009), pero aún más en “Test Dream”– parece llegar de un futuro inmediato y quizá del espacio exterior, como una recreación downtempo del paisaje de neón y sombras de escenarios como el de “Blade Runner”. Los beats de Consequence son los del jungle cuando se ha desenredado todo el ovillo polirrítmico: nítidos y sin complicaciones, aunque cubiertos de una niebla misteriosa que, en cierto modo, recuerda a las visitas nocturnas y desoladas de Burial: hay una tristeza de fondo en sus piezas, un réquiem por madrugadas a punto de desaparecer, de derrota tras un clubbing en fase decadente. En su primer LP, el apego de Consequence por el lenguaje del drum’n’bass todavía era perceptible en cataratas de breaks de tonos metalizados que recordaban a los mejores momentos de Photek. En “Test Dream”, en cambio, y salvando estocadas como las de “Oden” o “Soul Sees Spirit”, que parecen recuperar el espíritu techstep del sello No U Turn –el primero de los dos cortes, sin ir más lejos, recuerda a Ed Rush–, es la atmósfera la que se impone al pisoteo de los ritmos, y todo el álbum está cubierto de esa pátina cinematográfica y crepuscular.

“Of Uncertainty” es el momento más Burial de todo el disco, pero no el único rasgo familiar que se localiza aquí: “Cant Say”, que es el comienzo, tiene algo de Autechre en la época “Incunabula” / “Amber”: esa tristeza, esa extrañeza en el futuro, que muchas veces se ha advertido en la música electrónica como un indicio de humanidad y que Consequence ha sabido depurar y rescatar. Durante su primer tramo, hasta llegar a la primera erupción jungle en forma de la citada “Soul Sees Spirit”, “Test Dream” es un disco que pasea bajo luces fluorescentes y sobre calles mojadas, un decorado noir en el que se mezclan lo familiar y lo alienígena –como en la arquitectura de la “Dark City” de Alex Proyas–, que atrapa en su atmósfera húmeda, espesa, irreal: hay referencias a lo onírico ( “Untitled Dream”), a la soledad ( “Before I Go”), a lo líquido e inasible ( “Just Water”), títulos que no son casuales y que describen la textura volátil de un álbum que tiene reservado un lugar cerca de sus pares –otros productores de drum’n’bass ingrávido y desintegrado como ASC o el jefe dBridge– y también, en espíritu –que no en forma–, próximo a Kuedo, otro de esos artistas que, en tiempos de incertidumbre, no tiene miedo en prolongar su mirada hacia un futuro hipotético.

Javier Blánquez

Consequence - Oden

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