Tesco Tesco

Álbumes

Wishmountain WishmountainTesco

7.3 / 10

Palitos de surimi. Chips gourmet. Bebidas energéticas. Banderillas en vinagre. Toallitas húmedas para el culo. Pack de latas de Coca-Cola. Joder, que no se me olvide la leche, que luego mi novia se cabrea. Hey, hola, amigos, me habéis pillado haciendo la lista de la compra, que tengo que ir al supermercado. El supermercado, sí, ese parque temático de las calorías, esa Isla Fantasía del envasado. Templo para consumistas redomados y adictos a la bollería industrial. Reclinatorio para yayas en busca de ofertas, amas de casa glotonas y solteros que buscan pizzas congeladas. Cuántas veces me habré perdido a conciencia en la sección de conservas, dejándome acariciar los carrillos por latas de bonito del norte, navajas, caballa, almejas chilenas. Qué placer saltar al vacío y caer sobre las estanterías de patatas fritas: el abrazo mullido de una bolsa de Lay’s al punto de sal; los colores calmosos de los Fritos barbacoa; los crujidos embriagadores de los Bocabits cediendo ante nuestro peso cual colchón viscoelástico.

Sé perfectamente que semejante devoción por estos establecimientos es producto de una desviación insondable, a nadie le parece enternecedor que le cuentes tu atracción casi erótica por las grandes superficies, y mucho menos a Herbert. Parece que al británico no le gusta demasiado lo de coger el carrito y volar en libertad entre botes de legumbres y columnas de pañales. Me encantaría pensar que al bueno de Matthew le gustan los supermercados tanto como a mí, pero teniendo en cuenta el background político y protestatario del tipo, dudo que se la ponga dura comprar fruta de plástico, pan de molde cancerígeno y pechugas de pollo que te hacen crecer las tetillas.

Tanto debe odiar Herbert lo que sus ojos ven en estos campos de exterminio que ha recuperado su alias más antiguo, Wishmountain –14 años desde su última referencia–, ha cogido sus apartitos y se ha adentrado en las profundidades de Tesco –el Caprabo británico– para llenar su zurrón de sonidos pertenecientes a los productos más vendidos de la cadena. Son los únicos ladrillos con los que edifica el álbum: un bote de café, unas latas, una bolsa de chips… Después del magistral “One Pig”, álbum perteneciente a la celebrada serie “One” y construido a base de gruñidos y chillidos porcinos, chocamos de nuevo con otro desafío, aunque esta vez el resultado es mucho más musical y afín a la pista de baile.

“Tesco” es un disco de alto octanaje en materia compositiva. Es sorprendente la capacidad de Herbert para crear mundos a partir de sonidos microscópicos aparentemente estériles. Construir tracks con fundamento y extraer musicalidad de pedorretas, golpes de cajas, sonidos maquinales, chirridos, burbujeos y otros cuerpos extraños tiene mucho mérito. Herbert junta sus particulares piezas de Lego para facturar electrónica crujiente, bizarra y en algunos momentos hasta bailable. Así, en “Nescafe” da forma a una pieza obsesiva e inquietante de microhouse gutural. En “Lucozade” se saca de la chistera una suite tribal con reverberaciones chamánicas. “Walkers” es quizás el segmento más pistero y oscuro: parece techno dub minimalista grabado en un bunker nazi. “Andrex” es otra cima: interferencias, dronismo, golpeos industriales y mucho arte en el encaje de los componentes. Y en “Kingsmill Hovis And Warburton” da a luz una cumbia industrial que parece un mano a mano entre Autechre y Otto Von Schirach. Una vez más, el freakismo adquiere cuerpo y solidez en manos de este ilusionista del sampling, un manipulador de alimentos capaz de hacer magia con un bote de café, dos latas de Coca-cola y un carrito de la compra. Por cierto, ¿alguien va a pagar con un billete de 50?

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