Ten$ion Ten$ion

Álbumes

Die Antwoord Die AntwoordTen$ion

6.4 / 10

Un día, Die Antwoord se subieron a un escenario con Aphex Twin –fue en el London Electronic Dance Festival de 2010– y pareció como si de ahí pudiera surgir algo nuevo que llevara a la pareja sudafricana del mero hype nacido de su impacto viral, su aspecto grotesco y un par de singles efectivos, a comenzar a desarrollar una carrera consistente, que no tuviera que apoyarse en un chiste o una imagen gore para resultar llamativa. La conjunción era coherente: en Die Antwoord se podían rastrear ciertas influencias de la música rave británica y alemana de principios de los 90s –la parte dreamy de Yo-Landi Vi$$er en “Enter The Ninja” recordaba a ese rave para kindergarten que popularizara Marusha a partir del himno happy hardcore “Over The Rainbow”–, pero el peso de esa música en el proyecto quedaba diluido en sus aspectos formales más llamativos, básicamente la parodia del gangsta-rap que se desprendía de su manera de vestir, masticar las palabras y producir las bases. Hay que recordar que Die Antwoord no es un producto de las calles, sino de las aulas de la facultad de Bellas Artes de Ciudad del Cabo, a modo de representación teatral / parodia / exploitation del look criminal del hip hop en los guetos sudafricanos; pero a partir de aquello –básicamente, un chiste muy en serio– la banda fue creciendo en ideas y convenciéndose de que había espacio para ellos. Yo-Landi podía pasar como una sex-symbol basurera para esa juventud que se corta el pelo como si fuera un cenicero, y Ninja parecía recién liberado de una prisión de máxima seguridad en Siberia; la base, en definitiva, parecía sólida y al dúo se le presentaba margen para ir más allá de la broma.

Hay que recordar que Die Antwoord no es un producto de las calles, sino de las aulas de la facultad de Bellas Artes de Ciudad del Cabo

Por supuesto, un chiste repetido por segunda vez pierde toda la gracia, e incluso puede desencadenar la reacción contraria: irritar, dar pena, lo que sea. Lo que no provoca es la risa, y “Ten$ion”, en la pequeña historia de Die Antwoord, suena a broma reiterada por segunda vez con una ligera variación. La variación está en esos momentos en los que, sin renunciar a las vocales rapeadas y a las bases rítmicas de alto voltaje, se olvidan de las convenciones del rap y –tal como se podía desprender de su acercamiento a Aphex Twin, hombre al que sabemos que le gusta el ruido marrullero, el acid de alto octanaje y el hardcore estruendoso– se adornan en fraseados más cortantes y bases francamente duras, a veces bordeando los 180 bpms. Pero “Ten$ion” es un disco que funciona en esos dos sentidos a la vez y no se acaba de decantar por ninguna: cuando Die Antwoord prosiguen su parodia del hip hop resultan sencillamente irrelevantes, innecesarios e irritantes en su redundancia, pero cuando se europeízan resultan ser otra cosa mucho más atractiva.

En esa primera dirección, la continuista, están canciones como “Hey Sexy” –que parece que empieza como el “Sound Of Da Police” de KRS-One para acabar por perder toda emoción entre bases flojas y letras insustanciales– y “So What?”, que suena como el típico corte malo en un disco de Eminem. Habría que añadir los skits –que en un diccionario multimedia aparecería como aplicación al lado de la palabra “relleno”, salvo “Uncle Jimmy”, que parece la crónica documentada de la visita de un putero verde a un burdel de chinos–, el interludio instrumental “DJ Hi-Tek Rulez”, el cartoon-rap de “Fok Julle Naaiers” y la primera parte de “Never Le Nkemise”: es en esos momento en los que el interés por Die Antwoord se resiente y el dúo se devalúa. Pero hay cosas interesantes en el otro extremo, y ahí es donde “Ten$ion” deja la puerta abierta a una reconversión esperanzadora, a la reinvención del chiste. Primero, con el single “I Fink U Freeky”, sustentado sobre riffs y stabs maquinales que, más que en Joey Beltram, parecen inspirados por una escucha abusiva de 2 Unlimited, y que a su manera es la inesperada reinvención del eurobeat de la escuela holandesa –no habría que descartar la influencia cultural que los Países Bajos siguen teniendo entre la comunidad blanca de Sudáfrica como origen de estos matices tan significativos–. Segundo, “Baby’s On Fire”, otro pasatiempo rave que parece poner en común un braindance alocado con el rap comercial a lo Flo.Rida y riffs que parecen robados de aquel himno proto-gabber, el “Anasthasia” de T-99, una línea que prosiguen en “U Make A Ninja Wanna Fuck” –con sample inicial que parece sacado de la sintonía original de “Doctor Who”– y la segunda toma de “Never Le Nkemise”, sustentada a partir de riffs épicos que pudieran pinchar Tiësto o servirían para planificar la reunión de Alice Deejay.

El problema es que este rédito, en el conjunto del álbum, es escaso. La broma taleguera y clown-rap –que se prolonga también en “Fatty Boom Boom”, que parece una imitación cruel de M.I.A.– consume minutos que pudieran haberse empleado en explotar la línea rave; en otras palabras, como si el peso de Yo-Landi –la niña skinhead adicta al polvo de ángel que amanece en todas las raves, se mete en peleas, maneja la navaja con salero y le canta el chumino a sardina podrida– hubiera perdido su particular pulso con Ninja –el perdonavidas con un porcentaje bajísimo de grasa corporal en todo su cuerpo–. No queda del todo claro quién lleva los pantalones en esta pareja –él parece dominar más que ella–, pero por el bien de Die Antwoord, el tercer álbum debería ser un chiste nuevo, o al menos dejar que sean la mujer, el éxtasis y la ketamina las que le resten protagonismo a la testosterona y el músculo. Porque unos Die Antwoord eurobeat, convertidos en la versión postmoderna y sarcástica de 2 Brothers On The 4th Floor o Lasgo –joder, si ya tienen algo de Aqua, pero en carcelario– sería una de las ideas más geniales de la historia de la humanidad tras la invención de la percha y el grifo.

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