Tender New Signs Tender New Signs

Álbumes

Tamaryn TamarynTender New Signs

7.3 / 10

A Tamaryn se les ha colgado, desde que surgieron hace cuatro años, cualquier etiqueta acabada en “gaze”. Aunque eso del skygaze suena bastante bien para describir su sonido, siempre mirando hacia el cielo, aspirando a alzarse por encima de las nubes, su música tiene ecos del shoegaze de toda la vida, especialmente, aquel que se hizo a principios de los noventa. Comparado con todo el mundo desde Cranes hasta My Bloody Valentine pasando por Slowdive y Siouxsie Sioux (su vocalista comparte con la ex líder de The Banshees un amor nada disimulado por la oscuridad), el dúo de San Francisco empezó a llamar la atención en 2009 con algunos sencillos esparcidos por sellos como el siempre atento True Panther Sounds. Finalmente recalaron en Mexican Summer para entregar su álbum de debut, “The Waves”, en 2010, es decir, justo cuando el revival shogazer estaba más vivo que nunca. En sus nueve canciones se alejaron de ese sonido más oscuro que caracterizaba sus primeras producciones para dar con unos temas que viraban hacia la embriagadora hipnosis del dream-pop. Pasados dos años es probable que muchos se hayan olvidado de ellos por el poco ruido que hicieron, pese a esa pequeña borrachera de amor era su LP (especialmente esa “Mild Confusion” que es de lo mejor que ha dado el género en los últimos años). Un año después, Tamaryn, sin su otra mitad, el productor Rex John Shelverton (miembro de The Audience y Portraits Of Past), se unió a Dee Dee Penny de Dum Dum Girls para formar Les Demoniaques, fugaz grupo que, por el momento, sólo nos ha dejado un sencillo en la forma de versión del “Teenage Lust” de The Jesus and Mary Chain.

Su nuevo álbum, “Tender New Signs”, les muestra de nuevo en la casa que les vio crecer, Mexican Summer. Un trabajo en el que la neozelandesa (de origen) Tamaryn y Shelverton han vuelto a optar por la autoproducción, algo a menudo extraño en segundos discos. Las posibilidades que se han encontrado han sido las mismas, pero han conseguido depurar mano a mano su sonido, limpiarlo sin por ello perder su esencia. Desde el sello se ha descrito este nuevo trabajo como “un atrevido paso adelante en la estructura y la forma”. Lo de atrevido lo ponemos en tela de juicio, porque se trata de una obra en buena parte continuista; de hecho, tiene el mismo número de canciones y prácticamente la misma duración, pero lo que nadie podrá quitarles es que han ganado dotes de producción en estos últimos años. Desde la primera pieza, “I’m Gone” se nota que la mezcla aquí es muy importante. Riffs jangle de guitarra con buenas dosis de reverb y a todo volumen, una percusión sincopada que casi se arrima al krautrock y la siempre hipnótica y delicada voz de Tamaryn.

Muchos títulos de canciones hablan por si solos como es el caso de “While You’re Sleeping, I’m Dreaming”, algo así como el nombre perfecto para un número dream-pop. Aquí ganan en fuerza, crean violentos remolinos de sonido y se acercan a esa oscuridad que, en parte, habían dejado atrás hace años. También ocurre lo mismo con “Heavenly Bodies”, más suavecita, pero muy evocadora, y el ejemplo perfecto de lo que diablos pueda ser el skygaze. La secuenciación también es digna de elogio, pues cuando parece que todo va a sonar igual pasados los 15 minutos, colocan la meditabunda y ligeramente ruidosa balada “No Exits”, con un aroma “Souvlaki” de aúpa. Tras dos cortes algo más convencionales, pero con unas líneas de guitarra de matrícula (la clasicorra “Prizma” y “The Garden”, uno de los mejores ejemplos de que el LP está plagado de imágenes florales), “Tender New Signs” enfila su recta final con algunas de las piezas más sombrías que ha grabado el dúo. La percusión de “Afterlight” debe mucho a The Cure y el cierre, “Violet’s In A Pool”, es tan poderoso y hechizante como el de su debut.

Los californianos han dado con un álbum muy cohesivo, caleidoscópico y ligeramente psicodélico en el que todo fluye con mucha naturalidad, como si las nueve canciones fuesen en realidad una sola. Todo suena estupendo, aunque algo homogéneo, y las influencias están tan claras como su sonido. No ha hecho falta una profunda reinvención para lograr llamarnos la atención de nuevo. Ahora sí, deberían quedarse entre nosotros para siempre.

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