Ten Kens Ten Kens

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Ten Kens Ten KensTen Kens

7 / 10

FAT CAT / PIAS

Ten Kens llegan desde el vibrante subsuelo de Toronto exhibiendo su gusto por las guitarras crudas, rigurosas y tensas como cercas eléctricas, bien cargadas de fuzz y espumadas por obra y gracia de un reverb cavernoso y húmedo casi constante que en los mejores momentos del álbum parece estar a punto de ser capaz de aspirar a la propia canción hacia un centro gravitacional incierto. El devocionario de Ten Kens es el del art-rock más visceral y expansivo, un rock lisérgico y torcido de múltiples sombras y semblantes que apoya sus vuelos en ritmos de talante propulsivo y en estructuras más o menos caprichosas que casi siempre optan por la resolución atípica, por dar un último giro, por buscar una nueva salida; música con aristas romas, poco pulidas, que se debate bipolar entre la inmediatez del college rock y los devaneos progresivos, entre la emocionalidad a flor de piel y la oscuridad más críptica, entre el puntillismo estructural y las formas libres, entre la introspección autista y alucinada y la épica que a veces acompaña sus formidables explosiones de ruido. La primera mitad del álbum gana por KO y haciendo sangre a la segunda. “Bearfight” empieza engañando en terrenos cercanos a unos Pixies más ágiles y gasificados para luego convertirse en algo más nebuloso, urgente y dramático que podría hacer pasar a Ten Kens por White Denim o por la versión noise de unos Arcade Fire más austeros levantando la mirada al cielo bajo los efectos de una buena dosis de cristal del bueno. “Downcome Home” es death-country descoyuntado y vociferante, que se permite un falso estribillo armónico para volver tras un final de pega transfigurado en una suerte de rockabilly desbocado y trashy rematado por una una línea de guitarra gimiente inmensa. Algo gótico y ceremonial hay en el fondo de “Refined”, con las voces a pares enterradas en planos lejanos, desdoblándose a ambos lados del campo estéreo, pasando del indie-rock anguloso al stoner polvoriento por vía de unos pasajes lisérgicos en los que reinan los gritos desesperados. “Y'all Come Back Now” se atreve a enseñar la cara más asequible de la banda, sonando arrastrada, pero con un punto juguetón y muy pop. “Spanish Fly” coloca a a Ten Kens en algún lugar cercano a los Liars del primer disco o a los Black Eyes menos free, aunque la guitarra protagonista parezca querer sonar exótica por la vía del rock flamenco. “The Alternate Bikers” empieza jugando a ser rock'n'roll de los cincuenta, surf y cine negro, para acabar acercando posturas tanto al post-rock de guitarras flotantes como al post-punk rebozado de ecos de The Pop Group.

A partir de ahí comienza la cuesta abajo, y aunque el disco aún nos regale sorpresas y más de un momento apreciable (el regusto a Black Sabbathvía Black Mountain en ciertas partes de la más psicodélica “The Whore of revelation”, la épica de Godspeed You! Black Emperor apareciendo en el último tramo de "Your Kids Will Know”, el final enfermo de “I Really Hope To Get you Retired”) ninguna de las demás canciones reúne méritos suficientes como para hacerle sombra a la más brillante primera mitad de un notable álbum de debut que empieza prometiendo más de lo que luego es capaz de ofrecer.

Luis M. Rguez

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