Temporary Pleasure Temporary Pleasure

Álbumes

Simian Mobile Disco Simian Mobile DiscoTemporary Pleasure

5.8 / 10

Simian Mobile Disco WICHITA / COOP SPAIN

Las frases ‘me gustan Simian Mobile Disco’ y ‘no me gusta la música de baile’ han ido unidas más de una vez. También su contraria, que implica estar a favor de la electrónica pero en contra de este dúo que suele llevarse algún que otro insulto por su vulgarización –es decir, por llevarla al pueblo– de la música de máquinas. Ahora mismo no está muy claro si estas dos conductas son lógicas, pero sí es cierto que se ajustan a la realidad: las masas adoran a SMD, gustan entre las filas del pop, mientras que el purismo electrónico les desearía una maldición gitana como la que sufre la protagonista de la película “Arrástrame Al Infierno”. Toda la culpa la tiene la escena new rave, como es sabido: neón para indies que, en manos de bandas como Klaxons, New Young Pony Club, la fosforescente M.I.A. y la discoteca móvil de los monos fue la comidilla hedonista del verano (de 2007). Oportunistas como son, James Ford y James Shaw decidieron que era el momento de aprovechar su tiempo en sí mismo y no en otros –me refiero a las producciones para Arctic Monkeys, Mystery Jets, Duels, grupos así– y ponerse a picar piedra en los temas que finalmente dieron forma a “Attack Decay Sustain Release” (Wichita, 2007), donde había electro, house, eurobeat y demás reclamos para sudar generosas gotas en el club.

Entre aquel LP y éste han pasado dos años –valga la perogrullada–, pero también ha pasado la moda del new rave, y eso obliga a acercar la lupa con una inclinación diferente. Con “Attack Decay Sustain Release” había un sentido de la oportunidad que reforzaba todas las flaquezas del disco. Da igual que en el fondo fuera una grosería barata con hits –como lo era el primero de Justice, sin que por eso tenga eso que significar que eran discos sin valor–, en el epicentro de la movida new rave, donde abundaban los diseños de American Apparel en los festivales y esas gorras dos tallas más pequeña que la cabeza, el disco tenía un valor cultural superior a su contenido, así que la música, en el fondo, importaba poco. Si alguien es capaz de recordar algo que no sea “I Believe”, “Hustler” o “It’s the beat”, por favor, que lo diga.

“Temporary Pleasure” llega en otro momento, y llega con otra actitud. Simian han podido comprobar dónde y con quién rinde mejor su trabajo, y se han dado cuenta de que hay una legión de puristas a los que nunca van a convencer, por mucho que se empeñen. Y también que hay otro sector de público, más liviano en sus gustos y más permeable en sus convicciones, a los que es fácil llegar y penetrar en sus vidas. Gente que pide una electrónica de comprensión sencilla –un techno blando y un house que tira de fórmula– y en la que no falten voces, y que les recuerde que a pesar del brillo del metal inoxidable lo que late ahí debajo es un corazón pop. Por eso, lo nuevo de SMD en rara ocasión tira ya a lo rave –el primer instante no llega hasta el sexto corte de diez en total, “Synthesize”, que tiene golpeteo de teclados hardcore– y casi siempre se acoraza detrás de colaboraciones de gente a la que sería fácil cruzársela en Benicàssim en pleno mes de julio: Gruff Rhys de Super Furry Animals canta en “Cream Dream”, la bovina líder de Gossip, Beth Ditto, lo hace en “Cruel Intentions”, están por ahí las dos niñas sin tetas de Telepathe ( “Pinball”), la voz de Hot Chip, Alexis Taylor, en “Bad Blood”, Chris Keating de Yeasayer en “Audacy Of Huge” e incluso el soulman Jamie Lidell. El talonario iba bastante suelto, por lo que parece.

Así, el disco es en realidad una excusa para llamar a gente y para que canten, auspiciados por una marca consolidada, Simian Mobile Disco, de la que se espera que ponga orden y lógica entre tanta profusión de invitados. Y como ya nos demostraron Basement Jaxx hace tiempo, cuando empezaron a preocuparse más por qué estrellonas traían –en eso se parecen a algunos programas de televisión– que por la calidad de lo que estaban haciendo, esa es una buena manera de meter la pata sin que parezca que estás cometiendo un error. Sólo hay diez temas en este “Temporary Pleasure”, pero los minutos pasan lentos porque no hay ni una sola idea nueva. Tenemos un electrohouse ensuciado por ruidos y efectos feos, siempre cortado por el mismo patrón, y un montón de gente que no se ha implicado en el disco ni lo más mínimo, que viene un día al estudio, graba una voz, cobra y se va. Se dirá que es lo mismo que pasa en las películas con los actores y que luego todo depende del mérito del director. Y sí, es cierto: esto sería una superproducción, o una cinta de presupuesto alto con Brangelina, por ejemplo, de protagonistas, pero dirigida por un patán a sueldo de un estudio que sólo piensa en acabar el trabajo rápido. Como esas películas que dan el pego, las disfrutas ni bien ni mal, y a los cinco minutos ya has olvidado porque el estómago te pide comer. Pues eso: he escuchado este disco del tirón una vez y al rato tenía que ponerlo de nuevo para repasar qué me estaba perdiendo, y así varias veces más. Y no me estaba perdiendo nada.

Juan Pablo Forner

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