Go Tell Fire To The Mountain Go Tell Fire To The Mountain

Álbumes

Wu Lyf Wu LyfGo Tell Fire To The Mountain

5.9 / 10

Wu Lyf  Go Tell Fire To The Mountain LYF RECORDINGS

Supongo que es por esto por lo que todo el mundo va siempre con un smart phone, para no terminar con cientos de trocitos de papel en los bolsillos, todos y cada uno de ellos profusamente decorados con un garabateo indescifrable y jeroglíficos escritos a boli. El simple hecho de pensar que todos esos mensajes eran lo suficientemente importantes como para escribirlos en su momento y no olvidarlos es lo más frustrante de todo, sobre todo cuando te das cuenta de que no tienes ni idea de lo que significan.

Por ejemplo, imaginad la confusión al desenrollar el ticket del café de hace unos días y encontrar las enigmáticas palabras “wu lyf” escritas con letra de médico en el reverso y no entender de qué va la cosa. ¿Es la comanda de un establecimiento de comida para llevar? ¿Una especie de mantra chamánico? ¿Un pueblo en Gales? Me tiré varios minutos estudiándolo. Normalmente, estas cosas en mis bolsillos suelen estar relacionadas con la música, y aún así el misterio no dejaba de persistir; sonaba tanto a un nuevo proyecto post-dubstep como a un cantante folk chino. Seguro que era algo que había escuchado, que me había gustado y que quería recordar, o algo que alguien había escuchado, le había gustado y quería torturarme con ello.

Cuando al final decidí tomar la vía rápida y escribir las palabras en Google, la respuesta se me presentó inmediatamente. Era eso último. Quizá fuera la decepción al descubrir que la respuesta al acertijo correspondía a cuatro tipo de Manchester, pues hasta el último momento deseaba que fuera algo mágico. Pero no, era la más pura mediocridad.

En cualquier caso, mi cita a ciegas al encuentro del mundo de Wu Lyf no contaba con más información de la que pueda manejar el resto de la gente. La banda (o, mejor dicho, su manager Warren Bramley, el fundador de una agencia de publicidad que había llegado a aprender mucho de su tiempo pasado trabajando con Tony Wilson, de Factory) había decidido que la mejor manera de atraer la atención sobre ellos era ignorando a todo el mundo. Así, durante un año no dieron ni una sola entrevista, rechazaron todas las peticiones de prensa y limitaron los inputs a una solitaria foto promocional en la que sus caras aparecían oscurecidas por bufandas y humo. No tocaron en ningún concierto fuera de Manchester. Nadie conocía sus nombres. Y al negar hasta la más mínima partícula de información, se aseguraron de que todo el mundo estuviera ansioso por conocer más.

Lo cual me parece correcto, ya que la música nunca hubiera podido esperar unos resultados similares por sí misma. Mucho se ha hablado sobre la circunstancia de que “Go Tell Fire To The Mountain” se grabó en una iglesia abandonada, y la acústica, ciertamente, añade una grandiosidad atmosférica –el disco está empapado en reverb–. Pero eso significa también que todos los cortes suenan muy parecidos.

Esto se acentúa aún más por el hecho de que la mayoría de las canciones están construidas a partir de acordes sencillos de órganos, suspendidos en el aire, junto con guitarras tintineantes que disparan infinitos contrapuntos de melodía que vagan por el espectro sonoro y que no parecen alcanzar nunca ningún destino. Y luego tienes la voz del cantante Ellery Roberts. Henchida de amor y rabia, apasionada, exaltada, tan llena de todo que puede resultar repelente, también. Las letras, muy recargadas de imaginería bíblica y desafecto por la vida moderna, acaban siendo prácticamente inútiles y superfluas porque todo lo que dice lo entona con la voz de Carmen Lomana después de dos chupitos de orujo. Puede sonar poderoso, pero tiene la versatilidad de un menhir.

A veces funciona. “A Sad Puppy Dog” se beneficia de un cierto autocontrol y una declamación más lenta que consigue que letras como “you know my brother's in jail / My father said son / Oh son I can't afford his bail” suenen entrañables. Por supuesto, tienes que leer las letras para darte cuenta de que son sensibles, aunque aquí hay una gracia especial en la manera en que la canción se difumina entre amables oleadas de sonido de órgano. “We Bros” mantiene un tempo similar pero añade un optimismo brillante que resulta en una especie de himno eufórico a la manera de Arcade Fire (aunque no hay que obviar que resulta controvertido que una canción acerca de la esclavitud del capitalismo pueda sonar tan jocosa, y más cuando es casi imposible entender la letra).

Al final, tristemente, y al cabo de diez canciones, todo esto cansa. Pasa algo parecido con los aspaventosos Glasvegas: Wu Lyf son como un amplificador con el volumen encallado en el 8, o como una tostadora con un único programa. No es ningún problema si siempre te han gustado las tostadas un poco hechas, imagino. Pero si prefieres un poco de variedad emocional lo más seguro es que sientas irritación (y aquí ya no hablamos de tostadas, evidentemente. Nunca me he comido una tostada emocional). Y si me resulta decepcionante que “Go Tell Fire To The Mountain” no alcance el nivel que prometía un trozo de papel en mi bolsillo trasero, también puedo imaginar que haya mucha gente que también considere que ésta no es la obra maestra rompedora y vital que la prensa musical interpretaba que tenía que ser. La culpa, de todos modos, no es de Wu Lyf. Lo que ellos han hecho ha sido editar trocitos de su material, han sido los medios los que empezaron a decir que esos trozos quizá provenían de la Sábana Santa de Turín.

Kier Wiater Carnihan

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar