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6.8 / 10

Creo que es lícito sospechar de este tipo de productos. Huele a chamusquina cuando alguien dice, de una manera tan directa, que sus preferencias musicales pasan por el house, la world music con apoyo tecnológico y la electrónica de ángulos obtusos cuando luego les escuchas en disco y compruebas que sus referentes incontestables son una mezcla de Talking Heads, The Cure y Radiohead –época “The Bends”–. No negaremos que en los álbumes de Foals hay grooves bailables, sobre todo en “Total Life Forever” (2010), y que en ese álbum se produjo un giro del art-rock con ínfulas a una especie de conexión funk similar a la de bandas como The Rapture, pero nunca pondría la mano en el fuego por defender una equivalencia entre el quinteto de Oxford –Foals, no Radiohead– y artistas que sí hacen de la erudición y el coleccionismo de discos raros su bandera –LCD Soundsystem como ejemplo paradigmático–. Reconforta saber que Edwin Congreave, el teclista de la banda, es quien se encarga de representar a Foals en sus sesiones de DJ, pero eso no les convierte (todavía) en Hot Chip. A Jimmy Smith (guitarra) y al vocalista Yannis Philippakis me los imagino en otros contextos, lejos de los clubes.

En todo caso, el giro baggy de “Total Life Forever”, que destensaba el post-punk matemático de “Antidotes”, justifica la inclusión de la banda en la serie “Tapes” de Studio !K7, que no tiene más misterio que solicitar a una banda indie con querencia por la música de baile (pero poco compromiso) una mixtape –en dos secciones, como si en vez de en CD viniera en cinta de casete–, la misma mixtape que le grabas a un amigo o una novia: ésta es la tercera entrega, tras la de The Rapture en 2008 y la de The Big Pink en 2010. En definitiva, una oportunidad para el artista escogido de mostrar el valor de su colección de discos, su criterio y, a veces –esto no es “DJ-Kicks”– enseñar sus habilidades en la mezcla. Este CD no está enlazado de una manera imponente, pero tampoco se arruga, y si no supiéramos que viene de parte de Foals –es decir, sin prejuicios de por medio– lo consideraríamos competente. De todos modos, aquí no prima la técnica, sino el criterio. “Tapes” es un tipo de recopilación vanidosa, el nombre del artista –estrella underground– es lo que justifica la compra, y la selección de temas avisa de unos Foals que, o se quieren pasar de cool, o no han sabido aprovechar todavía tanto conocimiento en álbumes de factura más arriesgada. En los primeros minutos suenan incisos breves de Nicolas Jaar, Clark y Dorian Concept, y en cuanto se supera el escollo del pop de neón –Blood Orange, JR Seaton–, todo se vuelve una orgía house en la que se flota, se sueña y se activan varios centros de placer, sobre todo a partir del vendaval garage del remix de John Talabot de “Cheaters” (Teengirl Fantasy), para ir dejando caer con mucha convicción rarezas de Maurice Fulton (remix de “Superflight”, de Château Flight), Art Department, un remix de Frankie Knuckles de un clásico de Cerrone, Sepalcure y Oni Ayhun. Al final, tras sortear un tramo de garage musculado con Julio Bashmore (“Battle For Middle You”) y Caribou (el remix de “Sun” a cargo de Midland), Foals se van a África y cierran la sesión con Konono Nº1 (“Paradiso”) y Gospel Comforters (“Yes God Is Real”).

Al final, el disco se hace satisfactorio, tras haber arrufado la nariz en la primera lectura del tracklist. Hay criterio, hay gusto y hay pulso. La pregunta es cómo se traducirá esto en influencia en el sonido futuro de Foals, porque la disparidad de criterios y sonido sigue obligando a sospechar que, ya sea como DJs o como compositores rock, en algo nos están engañando.

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