Tangram Tangram

Álbumes

Reso ResoTangram

7.8 / 10

Ruido de tabique nasal haciéndose añicos. Explosión de hemoglobina en el labio inferior. Crujido escalofriante del pómulo al abrirse violentamente. “Tangram” es una paliza de las que te dejan en coma. Una tunda. Una sarta de hostias que te obligará a respirar con una pajita y te hará mear y escupir sangre durante una semana. Reso dejó claro que le van los puños americanos y las cadenas con pinchos con los singles de adelanto “Ishimura” –horrorstep caníbal para sociópatas– y “Check 1,2”, una cobra digital alimentada con beats vigoréxicos, samples de hip hop, bombos catastróficos y unos graves con tanto poder gravitatorio que aplastarían a un ser humano como una vulgar cucaracha. Se olía que Reso iba a sacudir la escena dubstep sin sutilezas. Mientras muchos de sus colegas preferían experimentar a base de sofisticación y mestizaje, el tipo se encerraba en un panzer de electrónica luciferina y preparaba uno de los atentados terroristas más cruentos que ha vivido la escena en este 2012.

Alex Melia está destinado a liderar la nueva hornada de marines del dubstep. Estrecho colaborador y amigo de Rusko, el británico ha conseguido forjar un sonido arrollador que hace llorar sangre a Jesucristos de madera. El reguero de doce pulgadas, EPs y pólvora que el británico puso en circulación en plataformas como Pitch Black, Urban Graffiti o Civil Music –sello que edita este LP– auguraba un apocalipsis del cagarse, pero incluso estando sobre aviso me he sentido salvajemente noqueado por el mundo hostil, cibernético y post nuclear que reflejan las notas de “Tangram”.

Melia tiene un don para fabricar beats monstruosos. Nutre los bombos, metales y percusión con tantos anabolizantes que los auriculares bombean como pueden, soportando un castigo que no desearía ni a mi peor enemigo. Partiendo de esa radicalización en los ritmos, tiene por costumbre complicar las fórmulas, apostando por polirritmias enloquecidas, satánicas, alicatando sus pasajes de mayor locura con drum’n’bass al límite de la cordura. De hecho, “Nempo” es como un cruce entre el Squarepusher primigenio y Carcass. “Axion” incluso roza el breakcore, poniendo a prueba nuestra resistencia con un jungle carnívoro, enfervorecido, histérico; hinchando los graves hasta hacerlos estallar; creando un auténtico infierno de napalm en forma de beats equizoides, atmósferas demoníacas y sonidos saturados con toda la mala leche del mundo.

Momentos más… ¿calmados? Los hay, pero incluso en esos impasses para recuperar la respiración Reso consigue convertir el carbón en diamante. El dub romántico, new wave y psicodélico de “Simple Pleasures” es de otro planeta. El bass melódico, casi pop, de “Virtua Rhythm” es también un espacio donde recrearse, relajar la mandíbula, pasar dispositivas mentales. Simples encajes para compensar la bilis de un tracklist para fascistas del ruido. Y es que en este álbum hay aberraciones que se la pondrán durísima a la parroquia más dark. “Half Life” te destroza las cervicales con su particular siderurgia digital. “Creature” es una lobotomía practicada a pelo con instrumental oxidado. “Exoframe” es un bofetón en la cara de Skrillex y su señora madre. “Tabris” es como si Slayer, Justice y AraabMuzik hubieran formado un grupo. Enfermizo. Brutal. Despiadado. El black metal del dubstep.

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