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Drake DrakeTake Care

8.3 / 10

YOUNG MONEY ENTERTAINMENT / UNIVERSAL MOTOWN

Cuando lo tienes todo parece difícil que puedas escribir y componer con dolor sobre los conflictos emocionales de tu vida. Básicamente, uno tiene la sensación de que cuando eres la gran estrella de la música popular negra del momento, cuando miles y miles de mujeres quieren llevarte al huerto, cuando vendes una cantidad considerable de discos, ganas premios, participas en calidad de estrella invitada en algunos de los álbumes más publicitados de las últimas temporadas y cuando el mismo día que se filtra tu nuevo lanzamiento en internet no se habla de otra cosa, es complicado pensar que haya espacio y verdad para la reflexión y exposición de estados anímicos variables, relaciones truncadas, desasosiego existencial y quebraderos de cabeza reales más allá de saber a qué fiesta te han invitado hoy o a cuánto dinero gastaste la pasada noche. Pero Drake lleva ya dos años demostrando al público que en su mundo interior nada es lo que parece y que en la cima del éxito hay luces pero también muchas sombras.

Si “Thank Me Later”, su primer disco tras la publicación del EP “So Far So Gone”, ya dejaba al descubierto una personalidad ambivalente, con altos y bajos emocionales, pero perdía capacidad de enganche y convicción ante la explotación constante de un único patrón argumental, la bipolaridad del éxito, en “Take Care” se intensifica la cara más taciturna y reflexiva del canadiense y las letras concentran casi todo su interés en el enmarañado universo de las relaciones personales y sentimentales. Y aunque hay autobombo y nuevos excesos de egocentrismo, lo cierto es que no hay tanta intención de regocijo personal y profesional como lo había en su predecesor y mucha más profundidad de campo. Es este un Drake nocturno y meditabundo al que le obsesiona el amor que ya se fue – “Shot For Me”, otra canción centrada en una ex novia–, la soledad del frenesí – “Marvin’s Room”–, la falta de implicación emocional – “Doing It Wrong”, con Stevie Wonder, donde repite “we live in a generation of not being in love, and not being together”– o la sinceridad de sus palabras –en “Lord Knows” arremete contra los haters sin piedad, con líneas como “I know that showin’ emotion don’t ever mean I’m a pussy / know that I don’t make music for niggas who don’t get pussy / so those are the ones I count on to diss me or overlook me”. Y también es un Drake que captura mejor la esencia de lo que siente y quiere expresar. A eso ayuda, de manera decisiva, la producción del disco, espectacular cambio de rumbo hacia nuevas posiciones que, por suerte, toma distancia con respecto a su irregular predecesor.

“Thank Me Later” mostraba una dirección musical más dispersa, demasiado obsesionada con la idea de consenso, y fragmentaba en exceso el recorrido entre aquellos momentos de exaltación eufórica y los episodios más introspectivos y sombríos. Ese eclecticismo mal aplicado acababa contaminando parte de su camino y le restaba convicción a la propuesta, ensalzando con mucha fogosidad cuatro o cinco hits incontestables – “Over”, “Find Your Love”, “Fancy” o “Light Up”– pero dejando de lado muchos minutos de relleno que el paso de los días ha acabado olvidando con facilidad. “Take Care” corrige ese problema con un concienzudo y elaborado trabajo de producción que busca más unidad estética y emocional y, también, muy importante, más cohesión con el contenido lírico de las canciones. En ese sentido, la selección de los productores no es casual ni caprichosa, ni tampoco el hecho de que su beatmaker de confianza, Noah “40” Shebib, supervise o participe en casi todas las canciones, sino más bien toda una declaración de intenciones del artista para sentar las bases de un sonido renovado, sutil, de irresistible melancolía noctámbula y urbana, que pueda capturar con la máxima fidelidad posible la intensificación emocional de sus nuevas rimas.

La presencia de The Weeknd en “Crew Love”, filtrada hace ya unos cuantos días, presagiaba el cambio. Y una parte de “Take Care” viene a confirmar que el autor de “House Of Balloons” es una influencia más que puntual, se diría que incluso fundamental, en la configuración general de este disco. Ya no sólo desde un punto de vista sonoro, y ahí quedan “Shot For Me”, “Marvin’s Room / Buried Alive”, “Cameras / Good Ones Go” o, claro, las dos colaboraciones con Abel Tesfaye, “Crew Love” o “The Ride”, esta última sólo incluida en la versión deluxe, para dar fe de ello, también desde la óptica conceptual de reformular las leyes del R&B y el rap comercial con un sonido minimalista y austero con buen gusto melódico. En “Take Care” hay signos admirables de movimiento y desmarque con respecto a los cánones sonoros que reinan en las listas norteamericanas. La aportación de Jamie XX en “Take Care”, la mejor colaboración en la que ha participado Rihanna este año, demuestra olfato, criterio, buen gusto y atrevimiento: su particular canción de club, una respuesta embriagadora e hipnótica al house davidguettiano que coloniza el rap mainstream actual. Y “Marvin’s Room / Buried Alive”, pieza de ocho minutos dividida en dos, busca inspiración en los discursos de James Blake –primer segmento– y Burial –segundo tramo, con un enorme Kendrick Lamar– y le detalla a Kid Cudi cómo tenía que haber sonado su fallido “Man On The Moon II: The Legend Of Mr. Ragger”. La sombra de James Blake, por cierto, reaparece en “Cameras / Good Ones”, otro ejercicio a la contra, siete minutos anticlimáticos, sombríos, con un estribillo de voces soul fantasmagóricas, impropios para un disco al que se le presuponen ventas millonarias y repercusión global.

A todo esto sumémosle “Lord Knows”, una de las mejores canciones de 2011, con un beat de Just Blaze que hubiera encajado a la perfección en “The Blueprint” o en el inminente debut de Jay Electronica, y redondeamos un soberbio ejercicio de producción que muchos enemigos de Drake pasarán por alto a las primeras de cambio sin tan siquiera haberle prestado mínima atención. Dentro de su ligereza, accesibilidad y fervor melódico, “Take Care” es una fascinante anomalía en el contexto de la música popular, como lo fue hace unos años “808s & Heartbreak”, un movimiento inteligente, valiente y ambicioso en un contexto de absoluta entrega emocional que rejuvenece y nutre de argumentos interesantes los valores del pop negro actual.

David Broc

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