Syzygy Syzygy

Álbumes

Lucrecia Dalt Lucrecia DaltSyzygy

7.5 / 10

“Congost” (Pruna Recordings, 2010), debut notable, ya fue un aviso muy serio del talento de una nueva autora y una nueva voz, la de Lucrecia Pérez, colombiana que por entonces vivía en Barcelona (ahora lo hace en Berlín) y que firmaba como The Sound of Lucrecia. Ahí había ya un buen puñado de canciones nadando en texturas gaseosas y flotando en ambientes evocadores, a medio camino entre la electrónica de dormitorio, el trip-hop con alma pop y el rock de guitarras desnudo de artificio (en “Medellín” se acercaba por momentos a la PJ Harvey de los primeros años). Su siguiente disco, “Commotus” (HEM, 2012) era ya otra cosa bien distinta: más punzante y focalizado, abundaba en la lentitud y los ambientes oscuros de algunas de las piezas de su predecesor y despojaba las canciones de arreglos para dejarlas discurrir sobre estructuras más parcas. El cambio suponía pasar de una cama con las sábanas revueltas y cierta luz entrando por la ventana a una habitación más lúgubre y vacía, con un somier antiguo como único mueble visible.

Siguiendo con la metáfora, “Syzygy”, su nuevo y más importante paso, podría ser ya directamente el lecho de un faquir: radical y acongojante por momentos, sigue la estela de “Commotus”, a la vez que da una nueva vuelta de tuerca a su propuesta, condensada en pocos elementos: pellizcos tímbricos (los agudos tienen aquí una enorme importancia; escuchen si no “Edgewise” o el final de “Inframince”), ruido ( “Murmur”), constantes repiqueteos sintéticos ( “Glosolalia”, “Soliloquios”), voces insinuadas y el uso de la repetición como arma para la hipnosis ( “Levedad”, “Volavérunt”).

Además de un corpus sonoro de personalidad muy acentuada, éste es también un álbum de significados múltiples ya desde su mismo título: “Syzygy” puede referirse a la combinación métrica de dos versos, la unión de dos conceptos opuestos (según definición de Carl Jung), la relación entre generadores de un módulo en el campo de las matemáticas, o la línea que une tres cuerpos celestes en el espacio. Los títulos de las canciones también tienen su miga: “Glosolalia”, por ejemplo, es la pronunciación de sonidos parecidos al lenguaje mientras se está en un estado de éxtasis (como los que Lucrecia canta en esta misma canción sobre un colchón ambiental y un sonido en constante repetición); “Inframince” fue un concepto inventado por Marcel Duchamp para medir las posibilidades que ofrece el arte de abrir una sutil vía de comunicación entre uno mismo y los demás; y “Vitti” remite a la actriz italiana Monica Vitti, protagonista de las películas más destacadas de Michelangelo Antonioni ( “El Eclipse”, “La Aventura”, “La Noche”, “El Desierto Rojo”), que, según la web de su sello, es una de las influencias clave en la gestación del disco (también se habla en ese texto de los ensayos de Italo Calvino y Walter Benjamin y de los filmes de Ingmar Bergman). Un último apunte en ese aspecto: el video-trailer de presentación de “Syzygy” contiene un texto, presuntamente escrito por la propia Lucrecia, en el que se relacionan todas las palabras que dan título a sus canciones, y contiene, además, una frase a modo de eslogan que habla del disco como “un estado de oscilación eterno que brota de la arena y levita como un espejismo” (“a state of eternal oscillation that effervesces from the sand and levitates like a mirage”).

Tal cúmulo de referencias y significados ayudan a entender mejor lo que se escucha en “Syzygy”, aunque también podrían, con razón, asustar a más de un candidato o candidata a entrar en su mundo. Pero, aunque el disco –ya se ha dicho– es áspero y requiere de unos oídos exigentes y mínimamente curtidos, su subtexto no se inmiscuye demasiado en el entramado compositivo, y las canciones (los sonidos) se suceden con fluidez, sin que las ideas conceptuales entorpezcan su desarrollo natural. No en vano estamos –y eso es quizás lo más importante de todo– ante un disco muy personal, en el que Lucrecia va un poco más allá en la investigación de su propio talento compositivo y en el que encuentra un tono (el susurro, el misterio) y unos recursos expresivos que probablemente llevaba buscando desde la época de “Congost”, aunque quizás por el camino haya perdido parte de la frescura y la inmediatez de ese primer álbum. Todo no puede ser.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar