Synthesist / Re-Synthesist Synthesist / Re-Synthesist

Álbumes

Harald Grosskopf Harald GrosskopfSynthesist / Re-Synthesist

8.3 / 10

Harald Grosskopf  Synthesist / Re-Synthesist RVNG INTL.

La historia del krautrock y la rama cósmica de aquella pretérita y dinámica música electrónica alemana de los años 70 está llena de actores secundarios. Harald Grosskopf es uno de ellos: participó de percusionista en álbumes de Ash Ra Tempel, The Cosmic Jokers y en algunas de las piezas clave de la discografía de Klaus Schulze –por ejemplo, el extraordinario “Moondawn”–, y aunque su currículum es extenso y tienen ribetes de oro en los márgenes, su influencia y su huella no fue más allá de ahí. Es, como otros músicos que crecieron a la sombra de Schulze –Robert Schroeder, verbigracia– un dato que debe figurar en las notas de los historiadores, pero no un creador de cabecera en cualquier discoteca bien surtida y especializada en tecnología musical. Y, sin embargo, “Synthesist” –editado originalmente en 1980 en el sello Sky, el mismo que propiciara el planchado de discos importantes de Michael Rother o Cluster–, que estaba olvidado y sólo en posesión de los más obsesivos coleccionistas de krautrock, ha aguantado bien el paso del tiempo escuchado 31 años después: aunque fiel al libro de estilo de lo kosmische de entonces –no tanto el del tándem Froese-Franke, sino el de Ashra en la época “Blackouts”–, carece de la tontería romántica de mucha de aquella “new age music” y también de la imaginería espacial: “Synthesist” hace honor a su título y es (era) un disco de sintetizador autoconsciente de la herramienta de trabajo y en el que Harald Grosskopf parecía querer hacer electrónica pura, sin programa paisajístico: exprimir las máquinas en busca de texturas nuevas; no parece ser un disco para escapar del mundo, sino para perderse en sus interiores.

La fiebre kraut actual –una fiebre que hacía años que no remitía y que se ha hecho más intensa con el transcurso de las temporadas– es la que posibilita reediciones como ésta, tan bien cuidadas al tacto (la carpeta es de cartón blando, plateada, con unas liner notes interior de tamaño 12” con abundantes fotos) como al oído: el mastering no es del todo limpio y el vinilo suena como si fuera la edición de 1980 recién adquirida –algo que, por cierto, será difícil: existen pocas copias y se cotizan al precio de una paletilla de jabubo–. Dentro, efervescen los secuenciadores, los loops de cinta magnética, la percusión electrónica y los vuelos de los dedos por las teclas del sintetizador, y aunque no entraría posiblemente en ningún canon asentado del krautrock, “Synthesist” tiene valor; hay muchos discos de aquella época que no superarían un control riguroso de calidad y éste lo pasaría holgadamente.

Lo mejor de la reedición de Rvng Intl., bastión disco-punk con maneras hipster en el corazón de Nueva York, es el CD que viene adosado al vinilo, “Re-Synthesist”, y que ayuda a poner el material original en contexto y en valor, pues en el susodicho se empaquetan remezclas de la nueva camada de cachorrillos synth. Es una manera golosa de comparar una etapa con su revival arrojando luz sobre algunas diferencias importantes: ahora se cuenta con mejores técnicas de mastering –suena tan limpio que se podría arrojar comida encima y comerla ahí–, pero antes se tenían mejores sintetizadores y más intuición para sacar de ellos lo inesperado. Bronze, por ejemplo, parece que se arrodille ante “So Weit, So Gut” en vez de remezclarlo. Pero es el único caso: CFCF, Arp y JD Twitch potencian la dimensión ambiental de los originales de Grosskopf y renuncian a los arpegios –aunque no tanto como Oneohtrix Point Never, que se marca la lectura más esotérica del lote–, mientras que otros, como Blondes o Stellar Om Source, además de mucha amplitud galáctica, deciden también afilar los bombos. La cara oculta de la escena synth unida, tres décadas después, a lo mejor de su réplica actual: purítisimo –como se diría en alemán– zeitgeist.

Javier Blánquez

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