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8.1 / 10

RASTER-NOTON

Como ya ha quedado dicho en más de una vez, y en más de un lugar, “Death Of A Typographer” (2008) fue el álbum que cambió el rumbo de Raster-Noton y espantó las dudas sobre la viabilidad de hacer música próxima al techno –que no techno per se– en el contexto ultra-digital y ferozmente geométrico del sello alemán. Ahí, Olaf Bender, que además se colgaba los galones de co-fundador de la plataforma, transformaba sus herramientas de software en un martillo neumático y una taladradora de broca gorda para ir perforando los oídos del personal con beats rígidos y líneas de sinte con una longitud de onda casi plana, afiladas como espadas toledanas. Antes, la dinámica en Raster-Noton era la del glitch y la abstracción pura; con la reconversión de Byetone –que no era tampoco cien por cien original; en ese álbum resonaba la memoria de los primeros Panasonic, antes de que la marca de electrodomésticos les obligara a quitarse una A del nombre– también había un caramelo para los clubes (ah, “Plastic Star”…). Como se vio después, Alva Noto, Kanding Ray, Frank Bretschneider y otros nombres ilustres del sello siguieron los pasos de “Death Of A Typographer” y se atrevieron con un techno oblicuo y pilón que aquí, como gente cafre que somos, agradecemos sinceramente.

“Symeta”, por tanto, no llega como una sorpresa. La sorpresa hubiera sido que Olaf Bender, ahora, se pasara a un ambient gélido o a un puzzle digital entre bostezos. Pero tras editar el disco anterior y llevarlo en directo a festivales y clubes, diseñando la puesta en escena como un festín para los ojos mediante el bombardeo de números en una pantalla y figuras 3D en blanco, negro y gris, y diseñando el sonido como una jam ampliada de techno zumbante y crujiente, “Symeta” necesariamente se nutre de ese aprendizaje derivado de la re-localización de su música. Son sólo siete cortes, pero lo suficientemente largos para alcanzar entre todos más de 40 minutos –la duración estandard de un live set con ordenador portátil– y lo suficientemente dúctiles como para ir (casi) todos unidos entre sí, dando forma a una experiencia que se puede dividir en temas, pero que en realidad constituyen un conjunto indivisible, que debe escucharse del tirón, entre subidas y bajadas del ritmo cardiaco.

Byetone no pretende renovarse ni retarse; se confirma con expandirse y ofrece, de manera honesta, la continuación esperada de “Death Of A Typographer”; “Symeta” es una extensión reforzada de la idea –incluso el grafismo de portada es similar; funcionan como hermanos siameses– en la que, de una manera todavía más obvia incluso, entran beats electro de una textura robótica y dura como la que se facturaba en Detroit ( “T-E-L-E-G-R-A-M-M”), entre los nuevos Model 500 y los antiguos Drexciya, quizá sin tener constancia de la historia, pero con pleno dominio del pulso: esas síncopas ayudan a que todo “Symeta” discurra por el buen camino, ofreciendo una alternativa rápida a “Topas”, que es una entrada en faena quizá demasiado mimética con respecto a lo que ya sabíamos de su visión del techno (ah, “Plastic Star”, otra vez).

Pasado ese momento, y tras la bajada de pitch en “Neuschnee”, un techno lento hundido en capas frías de ambient, Byetone consigue el equilibrio entre todos sus recursos que hace que el acelerador se ponga ya sí a cien y empiecen a bullir las ideas que cuajan, en “Helix”, el mejor momento del disco: otro beat electro furioso, hirviente, aguijoneado por lo que parecen riffs sintéticos muy rudos y muy gruesos, así como por oleadas de vapor caliente sacadas de la mejor tradición de Pan Sonic –del primer al tercer álbum, por acotar–. En el tramo final asoman “Black Peace” –otro ejercicio de electro industrial con un bajo que parece incluso glam (es decir, que más que electro es un techno 3/4, como ese sonido schaffel del sello Kompakt de hace unos diez años, pero con más ruido alrededor) y “Golden Energy”, una inesperada conclusión a lomos de un beat downtempo, casi trip hop, pero que, sólo faltaría, rápidamente acaba engullido en un maëlstromm de rugidos y sintes arremolinados, trepanantes (y hasta una transmisión de radio en alemán que suena el anuncio del fin del mundo), y que demuestran que Byetone aplica flexibilidad a sus producciones para acercarlas al techno lúdico, pero sin negociar jamás el substrato experimental que le separa a él, artista serio, de los que sólo quieren hacer música de baile de usar y tirar. Segundo combate con Bender, segundo KO (éste, al cuarto asalto).

Javier Blánquez

Byetone - SyMeta - Black Peace (raster-noton) by pdis_inpartmaint

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