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Demdike Stare Demdike StareSymbiosis

7 / 10

Demdike Stare  Symbiosis MODERN LOVE

Una de dos con Miles Whittaker: o no lo tiene nunca claro, o quiere estar en demasiados frentes a la vez. Dicho de otra forma: podemos estar ante el típico productor que aquel culo que ve lo desea, o quizá sea uno de esos extraños casos renacentistas, que de vez en cuando se dan, en los que el sujeto tiene una habilidad casi divina para destacar en todas las artes. Muy posiblemente sea una mezcla de ambas cosas: el talento se le presupone a este veterano de la escena electrónica de Manchester, pero a la vez da la impresión de que se cansa pronto de las cosas, que allí por donde soplan los vientos de la moda él quiere estar presente, aportando su visión singular. El suyo es un caso paradigmático en ciertos auteurs de la escena IDM: como Luke Vibert con géneros de baile –acid, techno, drum’n’bass–, Whittaker siente la necesidad de parasitar escenas en beneficio propio, como si su ego, o su certeza de poseer una sensibilidad especial, le empujara a decir la última palabra. Y Demdike Stare, el proyecto que comparte con Sean Canty, tiene un poco de eso: ahora que se lleva la library music en ciertos círculos snobs de la música post-techno, y ahora que se manejan apellidos como “hauntology” con la misma facilidad con la que antes se ponían adjetivos como “mutant” antes de las cosas, el genio sin diploma ha vuelto a decir la suya. Otro bandazo en su carrera, otro paso para ser reconocido como el hombre ubícuo del momento.

A Miles Whittaker lo conocemos como 50% de Pendle Coven, epígonos del intelligent techno inglés, nacidos a mediados de esta década a las afueras del sello Skam, como una versión algo pop de Autechre: beats geométricos y melodías esbozadas, esa estética ya tan demodé de la IDM indecisa entre el club y el dormitorio. Y como Pendle Coven, Whittaker ha sido agente importante en la fragua de un revival intelligent concentrado sobre todo en el sello Modern Love, el que le ha financiado (casi) todas sus escapadas a los márgenes. Una, MLZ, es la que nace después de que el revival techno-dub –Quantec, Echospace, Bvdub– se pusiera de moda entre la intelligentsia que poco a poco abandonaba los clubes y abominaba del electrohouse, buscando en la reedición de los ecos del sello Chain Reaction un refugio para la pureza de un techno al que se observaba prostituido. Otra, Millie & Andrea, junto con Andy Stott, seguía el mismo patrón pero con un deslizamiento hacia el dubstep, para sacar tajada de los hallazgos de Martyn o Appleblim. Y luego estaría Daughter Of The Industrial Revolution, un proyecto compartido con su socio en Pendle Coven (Gary Howell) y un par de amigos más en el que practica drones, ambient ponzoñoso y demás maniobras en el lado más experimental de las texturas.

Demdike Stare parte de aquí, sin ir más lejos, y de la envidia sana –imaginamos– que le entra cuando escucha material de The Caretaker, Mordant Music o del sello del momento para esa minoría selecta, algo gafapasta y más enterada que la media, que es Ghost Box: amagos de música para película de serie B, electrónica analógica y granular, inmersión en el ambient industrial y en el dub aislacionista, un cóctel de hauntology –es decir, ficción sónica, qué hubiera pasado si el futuro hubiera sido otro, cómo se habría materializado la música actual si Chuck Berry nunca hubiera nacido, al más puro estilo de los cómics Marvel de la serie What If…–, library music y el recuerdo de los discos de Coil. Viendo los bandazos que va dando Whittaker por el espectro hipster de la electrónica en busca de una fórmula que le legitime ante los líderes de opinión de la blogosfera, uno no sabe si creerse este “Symbiosis”: parece un disco hecho con prisas para molar, para jactarse de cultura antes que para compartir una experiencia sónica. En los títulos hay muchas pistas estratégicamente situadas: “Suspicious Drone” –para atraer la atención de los aficionados a todo lo que parezca mínimamente espacial–, “Haxan” –citando la película danesa de los años veinte que versaba sobre la historia de la brujería, y que tanto gusta a los gourmets del mal rollo–, o ese “Ghostly Hardware” final que indica que este es un disco de espectros infiltrados entre los sintetizadores, un diálogo con ouija entre el presente y el pasado de las corrientes electroacústicas.

O sea, Demdike Stare no es trigo limpio. Se le percibe un oportunismo desconcertante, y sin embargo, el contenido está a la altura de lo que pretende, dando muestras de buena digestión de esta estética siniestra en once piezas –previamente editadas en dos vinilos– que son un paseo inofensivo, seguro tras un escudo, por enclaves desolados y sórdidos, como visitar el Parque Jurásico en jeep –antes de que la electricidad se vaya al garete y el tiranosaurio comience a sembrar el pánico–. Por supuesto, recomendamos antes un disco de Mordant Music que este “Symbiosis”. O sugerimos comprar material de The Focus Group, o cualquier reedición de bandas sonoras de terror de los setenta, antes que deslumbrarse por esta falsificación. Pero más allá de eso, y sabiendo que es un ejercicio de estilo bien resuelto, cabe darle una nota justa a Demdike Stare: la del disco que se deja escuchar más allá de sus turbias motivaciones y su torpe oportunismo. O sea, un siete y la propina. La próxima sableada, ¿qué será, Miles?

Juan Pablo Forner

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