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Álbumes

Mordant Music Mordant MusicSyMptoMs

9.1 / 10

Mordant Music  SyMptoMs MORDANT MUSIC

Aunque su currículum manifiesta que están activos desde 2002 –y con un primer álbum ya grabado en 2005, aquel siniestro “The Tower” que podría parecer música contratada por el ministerio de turismo de Mordor para la campaña de verano–, Mordant Music permanecen todavía como uno de los pocos y grandes secretos de la música electrónica no revelados aún a la masa. Si Burial, Shackleton –quien, por cierto, publicó su primer 7” en este sello/colectivo con base en Londres– e incluso el más escurridizo The Caretaker ya han traspasado los distintos niveles de evolución y conocimiento popular, siendo el primero un fenómeno de masas, el segundo un extendido fenómeno de culto y el tercero un boom inminente si se abren varios oídos por ahí fuera–, Mordant Music todavía son un misterio. Les falta ese puntito, ese empuje que podría estar en que les trajera a actuar el Sónar, o que Mary Anne Hobbs les pinchara más en su programa, o que el resto de periodistas anglosajones que tienen la sartén por el mango le hicieran caso de una puñetera vez a Simon Reynolds. O igual es un servidor, que vive en una burbuja y no se entera de que, más allá de la torre de marfil, Mordant Music ya son menú de degustación auditiva diaria en las mejores familias de aficionados a la electrónica de riesgo. Pero no parece ser eso lo que está ocurriendo. Lo cierto es que, cuatro álbumes y siete años después, Admiral Greyscale y Baron Mordant son todavía dos sombras minúsculas y huidizas a lo lejos a las que nadie ha ido a perseguir.

Por eso, esténse quietos un momento y atiendan. Si quien lee estas líneas es adicto al dubstep, al ambient, al noise, a la IDM y a la deconstrucción del techno –y no se queda en la fórmula, grandiosa pero más asumida, de unos Pendle Coven y sus satélites–, Mordant Music le interesa. Le interesa por haber sido uno de los primeros laboratorios de sonido experimental en lanzarse a la piscina, entonces más vacía que llena, del dubstep a la vez que se mantenían fuertes en las barricadas de la microindustria discográfica de minorías para la library music, el revival de la improvisación analógica y los ribetes de pop industrial. Mientras por una parte estaban intoxicando la atmósfera con las dos partes de “The Tower” –que daban escalofríos y no creaban muy buen feeling de noche, con las luces ya apagadas y las gafas en la mesita de noche–, a la vez estaban escupiendo drones y música de películas de terror en “Carrion Squared” (2007) y trabajando en el mejunje del post-rave de “Dead Air” (2006), sin viajar nunca a ningún otro sello, siempre cómodos en su propio refugio autogestionado. Cada paso de Mordant Music ha sido adelante, afilando su singularidad, creando un universo compensado y turbador, para sibaritas del mal rollo y exigentes de la IDM, sin tontear jamás con el mainstream de su gremio –o sea, sellos como Planet Mu, que ya ven qué mierda de mainstream: así de escurridizos son–. Y todo esto, hasta llegar a este “SyMptoMs”, que en la escala Mordant Music es, definitivamente, EL ÁLBUM.

¿Por qué? Vayamos poco a poco, que la tela que cortar no se acaba. Por un lado, éste es el primer trabajo en el que Admiral Greyscale –o sea, Gary Mills– se ha retirado de la producción y le ha dejado todo el espacio a Baron Mordant, el otro, es decir, Ian Hicks. Hicks es un veterano: cuando la prehistoria, se hacía llamar Deadstock, compartió sello con Orbital en los días dorados de la cyberdelia ( Internal) y publicó un álbum, Deadstock (1996) que permanece aún como un tesoro sin desenterrar, una colección de paisajes crepusculares atizados por breaks y programaciones de electrónica en espiral que suponía una alternativa al ambient de chill out, o a las escapadas a la ionosfera, del grueso de la producción de la época. Hicks era terrenal, humano, intranquilo, y esa manera de hacer –ahora localizable en “Another Uncompleted Dome” o “Seeing Death Thru Eric Gates”, por ejemplo– se la ha transportado consigo con los años, y se la acabará llevando a la tumba. Pero no es la única, y ahí está la singularidad –y grandeza– de MM: aunque su línea creativa sea asimética –nunca irregular–, pues saltan de las texturas a los baches y del minimalismo a lo que ellos llaman “horizontal dancing”, todo suena a ellas, pues se mantiene un tono ceniciento, de sueño con mal despertar, de bruma que confunde realidad y pensamiento. La conexión de MM con la hauntology es absoluta: desde la más completa modernidad, se ponen a hablar con en el pasado, y en la música se esconden fantasmas del mismo modo en que en el armario de los implicados en la trama Gürtel se ocultan esqueletos. Y “SyMptoMs” es eso: una colección de síntomas, toda la gramática de MM reunida en un álbum rico y desasosegante.

“Where Can You Scream?” y “Hey, Volte-Face!”: el rastro de Current 93, aquel pionero del industrial metido a cantautor acústico a base de folk funerario, es tan evidente como que la nariz de Zlatan Ibrahimovic es una berenjena. “SyMptoMs” tiene algo de disco folk, de hecho, con varias piezas en las que el barón canta compungido y con la voz grave, pero ese aplomo cenizo, que también recuerda al “Blemish” de David Sylvian y al disco ambient de Aphex Twin en Warp en cuanto a la producción, es sólo una parte del puzzle. Es la integral lo que cuenta: los minutos de deconstrucción techno, o bailando sobre un club dinamitado, de “Terms & Conditions” –con su abrupto final con dos minutos de drone de postre, tan parecido al “Tri-Repetae” de Autechre, que dan ganas de llorar–, el skweee de ultratumba de “Pissing In Sinks”, el remolino rítmico y de percusión tribal y clavicordio tocado con un muñón en “Belgian Blues”, la cold wave de “In Truth Is Wine”, la música de sintetizador setentas de “(0) Comments”, los arpegios falsamente inocentes de “You Are A Door”, el electro consumido por un cáncer –o lo que queda de Kraftwerk tras una sesión de quimio– de “Keep Out”… “SyMptoMs” es desasosegante y moderno a la vez que revisionista y arcaico, y ese es el gran milagro de Mordant Music: cómo conjuran con una ouija los difuntos del pasado, no para hacerles mover vasitos de agua, sino para que se reencarnen y trabajen las ideas de hoy con las herramientas de ayer. El resultado es el más completo hasta el momento. Este disco es el que debería colocar al sello de Londres, y a los dos cadáveres exquisitos que lo pueblan, como uno de los grandes de la electrónica de ayer, hoy y quien sabe si de siempre. Por ahora, “SyMptoMs” entra de cabeza entre lo mejor de 2009. Ríndete ya.

Javier Blánquez

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