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Morrissey MorrisseySwords

5.6 / 10

Morrissey  Swords UNIVERSAL

A Morrissey le gustaría que se supiera que no ha sido consultado al respecto de los próximos boxed sets del artista […]. De nuevo, pide a la gente que no se moleste en comprar estos LPs y CDs”. Sopesando estas palabras que Mozz dejó caer en la web que utiliza normalmente como plataforma de expresión (y que no se refieren a este recopilatorio sino a los precedentes, pero que permiten intuir cierta apatía del divo al respecto de estas maniobras compilatorias), ¿cómo encarar “Swords”? Aceptemos lo irrefutable: ya no estamos en los 90. En aquella década, la inocencia (y la inexistencia de Internet como fabulador de devastadores tsunamis informativos) nos permitía considerar “ Sci-Fi Lullabies” (Nude, 1997) , por poner un ejemplo, como el no va más de bandas del tipo de Suede. Pero aquel tiempo pasó. Y a día de hoy, decir que conoces las caras B de una banda no es cool (el epítome de lo molón es decir que te gusta la maqueta, pero que el largo de debut es una basura). Será que, salvo en contadas ocasiones –y pienso en el excepcional “Around The Well” (Sub Pop, 2009) de Iron & Wine–, estos cortes se han revelado como lo que siempre fueron: material que no ha pasado el control de calidad mínimo para entrar en el álbum definitivo.

Dos más dos: sumemos lo dicho al hecho de que “Swords” es un recopilatorio (repudiado por su padre) que contiene 18 caras B extraídas de los tres últimos álbumes de Morrissey: “You Are The Quarry” (Attack, 2004), “Ringleader Of The Tormentors” (Attack, 2006) y “ Years Of Refusal” (Attack, 2009). Por si alguien ha estado recluido en una cueva en los últimos seis años, hay que puntualizar que estos tres discos han supuesto algo así como el revival de Travolta vía Tarantino: la recuperación de una figura que pasó una temporada a la sombra a golpe de ritmo de metralleta (ya sea en forma de baile con Uma Thurman o de single de esos que dejan sin respiración, como “ Irish Blood, English Heart”). Pero Mozz no necesitaba padrinos en su comeback (o, más bien, su ego nunca hubiera permitido que otro nombre sonara al lado del suyo), así que el único asociacionismo que se permitió fue recurrir a varios productores estrella para que dieran cera y pulieran cera en sus composiciones. ¿Qué esto te suena a diva de la canción folklórica? No voy a hacer bromas a este respecto. La cuestión es que en “Swords” se acreditan tres productores: Tony Visconti (y su megalómana parafília hacia el sonido clásico italiano), Gustavo Santaolalla (ganador de un Oscar por la banda sonora de Brokeback Mountain) y Jerry Finn (principal “culpable” del viejo-nuevo sonido del artista y trístemente difunto tras la grabación de “Years Of Refusal”).

Y aquí llega lo preocupante. Porque todo suena monótono y sin matices por mucho que en los tres discos mencionados se intuían sutiles y estimulantes variantes al “sonido Morrissey” dependiendo del productor: desde la bastardización de las guitarras duras como instrumento para la odisea popera y divística de “You Are The Quarry” a las derivas de grandilocuencia iluminada por el suave resplandor de una pop-opera en “Ringleader Of The Tormentors” y el punto y seguido, por ahora, de la exploración fronteriza y algo sureña que se permite en “Years Of Refusal”. Claro que existen esos momentos brillantes que se le presuponen a una figura como Mozz. La atención se mantiene durante el trío de arranque: “ Good Looking Man About Town” (recogiendo el testigo del exotismo de Visconti), “ Don’t Make Fun Of Daddy’s Voice” (que vuelve a explorar los intersticios entre el pop y el rock sin amaneramientos) e “ If You Don’t Like Me, Don’t Look At Me” (una de las mejores del recopilatorio, con su momento drama-queen dispuesto a fulminar sensibilidades). A partir de aquí, sin embargo, se hace difícil distinguir una canción de la que sigue. La única excepción es el corazón de “Swords”, formado por tres composiciones que se erigen como extravaganza del artista y futuro guilty pleasure de fans (y no fans): “ Sweetie-Pie” (un experimento brumoso que prueba que Morrissey sabe practicar “otros sonidos” tanto o más interesantes que el suyo… pero que no le da la gana), “ Christian Dior” (efectivo baladón que expresa su afectación sin miedo a que le acusen de ser un macho que se aplica rimmel) y “ Shame Is The Name” (con los coros de Chrissie Hynde recordando lo bien que le sienta a su voz una réplica femenina). Después, de nuevo… un mar de grises del que, desde mi condición de fan del antiguo cantante de The Smiths, me obligo a destacar “ Children In Pieces” y “ I Knew I Was Next”.

Pero, justo al llegar a este punto, me paro a pensar en qué opinará alguien que no sea fan de Morrissey… y me estremezco. “Swords” es un miasma desenfocado en el que resulta imposible recomendar un baño a no ser que se vaya vestido con un bañador que lleve estampada la cara de Mozz. Si no tienes en tu armario semejante prenda, eso significa que no eres lo fan suficiente y que, por lo tanto, sólo vas a ser capaz de ver grises y más grises, gris en el cielo y gris en el agua, gris en las letras y gris en la música. Aquí se reproducen los aciertos y los errores de su última producción, pero los primeros están minimizados y los segundos potenciados. En contrapartida, es de recibo recordar que los fans del artista son (somos) legión. Así que, finalmente, el propio Morrissey proporciona la clave para entender “Swords” en la tercera canción del recopiltario: “ if you don’t like me, then don’t look at me”. O, para ser fieles al caso, no le escuches. Sométete al “Morrissey-mómetro” y, después, decide bajo tu cuenta y riesgo.

Raül De Tena

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