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Álbumes

Caribou CaribouSwim

9.1 / 10

CARIBOU  Swim

CITY SLANG / COOP SPAIN – NUEVOS MEDIOS

En cierto pasaje de su última película, Shutter Island, Martin Scorsese fulmina el punto de vista del espectador, haciendo imposible la comprensión de la arquitectura interna del pabellón de alta seguridad donde se encierran a los presos de mayor peligro en la isla-manicomio que da título al film. Cinematográficamente hablando, esto es algo que ya hicieron antes los expresionista alemanes y, si nos ponemos en plan psicologista, David Lynch; pero, ¿es posible hacer tal cosa en un plano musical? Si hay algo que los músicos detestan particularmente es el ahínco con el que los periodistas compartimentamos sus creaciones en mil y un cajones genéricos. Así que, puestos a desintegrar las agarraderas de nuestra percepción musical, ¿por qué no hacerlo con los géneros? Algo parecido ha debido pensar Dan Snaith a la hora de aparcar el pop psicodélico de su anterior “Andorra” (City Slang, 2007) y moldear su tercer álbum bajo el nombre de Caribou: una isla sonora rodeada de aguas turbias pero refrescantes en la que habitan perturbadas canciones dispuestas a dinamitar lo genérico para instalarse en lo trascendental.

Aquí no vale hablar de intelligent dance music ni de electro-pop trancero ni de minimal-psych-dance ni de post-synth cubista ni de acid rave de bajón. “Swim” huye de lo absoluto y lanza sus canciones contra los muros que separan los géneros como si de bulldozers ultrasónicos se tratara. De hecho, si hay una intencionalidad que atraviesa el álbum como un hilo de plata cosido a la epidermis de todas y cada una de las canciones es más un concepto que un género: en palabras del propio Snaith, su intención era componer “ música que fuera líquida y fluyera adelante y atrás... Música dance que sonara como si estuviera hecha de agua, más que de lo metálico típico en el resto de música dance”. Así que, ¿ha inaugurado Caribou la era de la Water Dance Music? WDM no suena nada mal, la verdad...

Lo que está claro es que las canciones de “Swim” están compuestas siguiendo un parámetro de oleaje: un ir y venir incesante que sigue el ritmo impuesto por la naturaleza en una milimétrica pauta que puede resultar incluso más exacta que las matemáticas (y, creedme, Snaith sabe de pautas matemáticas: es profesor en la materia). Un movimiento de repetición sonora que, en vez de jugar al desgaste, prefiere ir ampliando el campo de batalla con cada nueva acometida. Tomemos como ejemplo la hipnótica “ Bowls”: partiendo de unas campanas que atacan una línea melódica casi atávica (de forma muy similar, curiosamente, a la del “ Our Bells” que acompañaba al lanzamiento del single “ Love Cry” del último Four Tet), la canción pronto explora esa misma línea desde diferentes puntos de vista que van desde la sutilidad de unos graves casi imperceptibles (pero capaces de removerte las entrañas) hasta unos teclados colgados en los 80. Y, aunque alguien pudiera pensar que tal acumulación de capas acústicas paralelas ha de desgastar la atención de quien escucha, lo cierto es que al final la fascinación es inevitable al toparse ante el primitivismo hipnótico de esta música electrónica que brota de elementos orgánicos, cálidos. Vivos.

Todo lo dicho podría conducir a la idea errónea de que “Swim” es un ejercicio de intelectualización musical. Pero, de nuevo, hay que advertir contra el error: las nueve canciones del álbum son de todo menos cerebrales. “ Odessa” es un single pluscuamperfecto en el que la bossa-pop baleárica y analógica de Kings Of Convenience entra en una dimensión paralela en el que la psicodelia se ve atada de manos con un lazo rojo de música disco mutante: es muy fácil pensar en Arthur Russell, posiblemente una influencia crucial en este disco por su afán de encontrar un punto de encuentro entre lo vanguardista y lo hedonista, lo cerebral y lo epidérmico. No sólo eso: Snaith paga tributo a su colega Four Tet abriendo “ Sun” con una de esas percusiones brumosas tan propias del autor de “Rounds” (Domino, 2003) aunque, antes de que te des cuenta, la canción se ha escurrido hacia la peligrosa alcantarilla del minimal-trance a lo James Holden que busca rozar lo trascendental (y, a poco que te dejes, lo consigue).

Found Out” supone la imprevisible visita de Caribou a la electrónica más oscura del este europeo, con uno de los ritmos de percusión y bombo más demoledores de la temporada (culpa, en gran parte, de Jeremy Greenspan ( Junior Boys), que también mete mano en la producción de otras dos canciones del álbum). “ Leave House” reinventa el scratch por la vía de lo literal convirtiendo el “rasgar sobre un papel” en la columna vertebral de este viaje chamánico hacia la médula del sonido funk de los LCD Soundsystem primigenios, añadiendo a los cencerros y ritmos sincopados un plus en forma de viento andino. “ Jamelia”, por su parte, cierra el álbum con una sinfonía de agua sintética en la que la voz de Luke LaLonde ( Born Ruffians) ratifica lo que ya hemos comprobado tema tras tema: que “Swim” es capaz de alcanzar altas cotas de emotividad a través de tácticas laterales que abordan sin pudor las aristas de sonidos altamente esquivos pero nunca ásperos.

Todo parece posible escuchando esta obra mayor: cada canción es un campo sembrado de posibilidades que Snaith cultiva con esmero y dedicación. De hecho, Caribou bien podría componer nueve discos diferentes haciendo germinar las posibilidades de cada canción por separado. Pero no se trata de eso: serían nueve álbums homogéneos con orografías definidas y visibles. Y si hay algo por lo que fascina “Swim”, al igual que el mencionado pasaje de “Shutter Island”, es por la imposibilidad de aprehender racionalmente su propuesta geográfica. La única posibilidad es la rendición: dejarse llevar por el agua de la locura y convertirse en un perturbado más que palpa las paredes de las composiciones buscando una explicación que nunca llegará. Mientras tanto, se impone disfrutar de esta dulce psicopatía sonora. Como dicen los abuelos: bendita locura.

Raül De Tena

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