Sweet Heart Sweet Light Sweet Heart Sweet Light Top

Álbumes

Spiritualized SpiritualizedSweet Heart Sweet Light

8.3 / 10

Siete discos en veinte años de carrera: Jason Pierce se ha tomado las cosas con mucha calma a lo largo de este tiempo en el que ha funcionado exclusivamente en solitario tras alejarse de Pete Kember y los cuelgues paralizantes de Spacemen 3. Las razones de esta pausa ya las conocemos –algunas de raíz química, cómo su cuerpo ha estado paralizado durante largos periodos de tiempo que a él le parecerían segundos, pero a nosotros eternidades–, y todas han sido explicadas generosamente en entrevistas que más parecían confesiones o diarios de un adicto, como aquel que escribiera Jean Cocteau, “Opio”: la enfermedad, la dependencia de la droga, la depresión, la inseguridad que originaba un estilo de vida marginal y esclavo de la aguja. La adicción a la heroína marcó la abundancia de drones y el estatismo parcial de “Lazer Guided Melodies” (1992) y (sobre todo) “Pure Phase” (1995); fue la lucha por la desintoxicación y sus recaídas la que le dio el brillo entre el caos y la claridad, la euforia y el hundimiento, al apoteósico “Ladies And Gentlemen We Are Floating In Space” (1997) –obra maestra de la que “Let It Come Down” (2001), con su léxico críptico que enmascaraba síndromes de abstinencia, puede considerarse un apéndice–, y finalmente fue la liberación de esas cadenas, la sangre limpia y el ánimo recuperado, los que permitieron la pátina optimista de Songs In A&E (2008). Con Jason Pierce desenganchado del caballo, su música ya parece otra: irradia luz plena y oculta sus sombras, se organiza de manera lógica, y eso tiene efectos beneficiosos en sus canciones. Son los que se contemplan en este “Sweet Heart Sweet Light” que es, básicamente, como un “Ladies And Gentlemen…” sin graves problemas emocionales.

Explica Pierce que antes de entrar a grabar su nuevo álbum estuvo tocando, íntegro y en directo, “Ladies And Gentlemen…” en diferentes festivales, y que la recuperación de aquel momento –su cumbre, posiblemente la gran cumbre del rock de los 90s junto a “Screamadelica”, otro disco compuesto bajo la influencia de la droga, el éxtasis en este caso– le animó a volver sobre sus pasos e intentar un nuevo álbum que no fuera otro más, simple rutina, sino una verdadera obra maestra. Este Jason Pierce rehecho, este Pierce con mayor control sobre su mente, su cuerpo y su futuro, quería aprovechar su estado más sereno –aunque bajo medicación; la portada del disco, una onomatopeya de confusión dentro de uno de los hexágonos que se utilizan para representar símbolos químicos, indica que el cuerpo de Pierce no está del todo limpio y que la droga sigue teniendo una importancia capital en su música; al fin y al cabo, un yonqui limpio sigue siendo un yonqui toda la vida– y así intentar escalar una nueva cima. No es que fuera difícil, sino completamente imposible, pero el intento no ha sido en vano.

“Sweet Heart Sweet Light” está limpio de toda la mierda –y de todo el caos– que había en muchos de los discos anteriores de Spiritualized. Es, de lejos, el más equilibrado y reluciente de su carrera, y no ha perdido ninguno de sus rasgos de identidad. Carece de la inspiración irrepetible de “Ladies And Gentlemen…” –ningún otro disco suyo tendrá una intro tan tierna ni un final tan apabullante, ni un interior tan macizo–, pero no falta nada: las estructuras de blues y la elevación espiritual del góspel, el rock intenso y las baladas bañadas en ternura, su voz que es casi como un susurro y la falta de maldad que hace de su música, cuando está en su mejor momento, una demostración de amor puro. Cuanto más se entra en la escucha de “Sweet Heart Sweet Light”, más hondo cala. No por su capacidad de tomar riesgos, sino por el afecto real que irradian temas como “So Long You Pretty Thing”, la última, un medio tiempo convencional con piano y orquesta que crece progresivamente hasta alcanzar un crescendo espectacular que pone los pelos de punta. En otro contexto, se diría que es un disco tramposo, que juega a manipular las emociones, pero éste es un disco que es gestiona verdaderas emociones y esa ha sido siempre la tendencia habitual en Jason Pierce.

Para ser una respuesta a “Ladies And Gentlemen…” le faltaría algo más de mala sangre, la confusión que aportaban aquellos momentos de jazz descontrolado, las espirales de ruido y locura que se desencadenaban tras un momento de espiritualidad íntima. Éste es un disco domesticado en el que Pierce, simplemente, se gusta rememorando los fantasmas del blues –ya desde “Hey Jane”, en la que se respiran aires sureños y mucha guitarra enchufada– y adornándolos con zarpazos de rock clásico, coros monstruosos, vientos, cuerdas y teclados sensibles como los de “Freedom”, que no se sabe si es un homenaje a John Lennon o a la canción clásica “A Whiter Shade Of Pale”. “I Am What I Am” es una versión de Dr. John y “Little Girl” una balada que podría venir con la firma de cualquier banda hard rock: parece que no hay riesgo, cada vez hay menos ‘space’ en el rock de Spiritualized, pero en momentos como “Get What You Deserve” –donde aparecen fugazmente las sinfonías de ruido e hipnosis de los comienzos de los 90s– y en canciones de cuna como “Too Late” recordamos por qué fueron especiales y por qué, todavía, son capaces de ponernos al borde de la lágrima. No tanto como antes, no con tanta continuidad, pero he aquí la verdad: superado el bache de la desintoxicación, “Sweet Heart Sweet Light” se posiciona, con todo su optimismo y toda su bondad, como la continuación que mereció “Let It Come Down”. Una continuación que estábamos esperando y que zanja definitivamente el tema.

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