Surfing The Void Surfing The Void

Álbumes

Klaxons KlaxonsSurfing The Void

6.8 / 10

Klaxons  Surfing The Void POLYDOR-UNIVERSAL

El equivalente musical a aquello de “no juzgues un libro por su portada” debería ser precisamente el artwork de un LP. Sin embargo, en esta era de descargas a destajo, mucha gente escucha discos sin llegar a ver nunca su portada original. Así que cambiemos los términos y pensemos que, hoy por hoy, la “portada” serían los videos que se estrenan directamente en YouTube. A esto hemos llegado. Echemos un ojo a Echoes. Primera sorpresa: ahora Klaxons son cuatro y no tres. Segundo shock: sus pintas parecen proyectadas por un escaparatista de Humana adicto a aquel desfase desquiciado que protagonizaron Empire Of The Sun cuando les dio por llevar el rollo MGMT hasta un extremo demencial. Pero, ¿esto no es de hace un par o tres de temporadas? ¿Qué hacen Klaxons, que en su momento marcaron una tendencia (aunque fuera tan absurda e inexistente como el nu-rave), quedándose ancorados en lo que se llevaba hace tres años? Rectifiquemos: “juzga un libro por su portada”. O, en este caso, juzga “Surfing The Void” a partir de ese video casi obsceno en su exceso de pose, porque el regreso de Klaxons vuelve a estar plagado de referencias sci-fi a dimensiones paralelas y paradojas espacio-temporales aunque, por desgracia, bien podría equipararse a un capítulo de “Star Trek” en el que la Enterprise se ha quedado varada en uno de esos planos de realidad en los que el tiempo y el espacio parecen de broma.

La gestación de “Surfing The Void” ha sido más que accidentada: tras el coqueteo de la banda con varios productores estrella ( Tony Visconti, Focus), finalmente se metieron en el estudio con James Ford ( Simian Mobile Disco). La discográfica no tardó en llevarse las manos a la cabeza: aquellas canciones se desecharon (todas menos “ Valley Of The Calm Trees”) y se volvieron a poner manos a la obra bajo la tutela, esta vez, de Ross Robinson, conocido por su trabajo con gente como Korn, Limp Bizkit y Slipknot. ¿O es que ya hemos olvidado que aquel nu-rave no era otra cosa que un hermano bastardo (y mejor vestido) del nu-metal de radiofórmula? En paralelo a estos tejemanejes de producción, Jamie Reynolds declaraba que las referencias literarias del nuevo álbum se desplazarían desde aquellos J. G. Ballard, William Burroughs, Thomas Pynchon y Aleister Crowley que tanto influyeron sobre “Myths Of The Near Future” (UMVD, 2007) hacia nuevos autores como Simone Weil, Daniel Pinchbeck, Timothy Leary y Arthur Koestler. Cabe preguntarse entonces cómo casan esas lecturas elevadas con otra de las influencias confesas de la banda para este segundo álbum: las visiones bíblicas derivadas de la ingesta de la ayahuasca alucinógena peruana. Ahí queda eso. Siempre de puntillas sobre esa ambigua frontera en la que nunca sabremos si Klaxons se están choteando de nosotros o no.

Lo curioso es que el arranque de “Surfing the Void” deja espacio para la esperanza. “ Echoes”, pese a ese video tipo “my eyes are burning”, es un temazo que pasa de las tontadas post-adolescentes nu-raveras y lleva los acelerones de guitarras y las voces apocalípticas a un nuevo nivel de drama que ya no tiene nada que ver con el (por otra parte delicioso) teenage angst de “Magick”, sino con esa derrota nostálgica de un adulto mirando a un infinito que le engulle. “ The Same Space” es una especie de marcha militar interplanetaria que bien podría marcar el paso del ejército Klaxons hacia un sonido más sincero y menos poseur. “ Surfing The Void”, el tema que da título al disco, demuestra que es posible renovar “Atlantis To Interzone” huyendo de los clichés de su propio sonido y dándole alas por la vía de unos teclados inquietantes y unas guitarras de crepitante galactic-rock (no confundir con el sosiego del space-rock: aquí hay tensión y rayos C azotando alguna galaxia lejana). “Valley Of The Calm Trees” es el “ Golden Skans” del disco: un single en potencia en el que Klaxons liman las aristas de su sonido para practicar una electricidad guitarrera extática que va creciendo y enroscándose sobre sí misma como parsimoniosas columnas de fuego en mitad del espacio.

A partir de aquí, sin embargo, los aciertos de esas cuatro canciones se van desinflando alarmantemente: “ Venusia” suena a unos Midnight Juggernauts a los que les hubieran extirpado la mitad del cerebro, “ Twin Flames” no podría achacarse ni a las horas más bajas de Muse, “ Future Memories” cae en la sosería de la indolente fórmula pop y “ Cypherspeed” paga tributo a The Prodigy por la peor vía posible, la del exceso megalomaníaco que pretende hacerse pasar por misterioso. Las únicas canciones que despuntan en este segundo tramo del disco son esa “ Flashover” en la que vuelven a sonar con la genuinidad y lozanía de antaño y, extrañamente, una “ Extra Astronomical” que en primera escucha es rollo “my ears burn” pero que, finalmente, se revela como un acto pletórico en sus sintes orientalistas deliberadamente horteras.

El problema con “Surfing The Void” es que todo está en su sitio: los lugares comunes de la fiesta rave (o lo que entendieron Klaxons y su generación por lo que debía ser una fiesta rave) se han eliminado por completo, las guitarras encabalgadas suenan a mazacote ultrasónico, las estructuras siguen picoteando del pop en la justa medida para bajar los humos químicos del baile rock, las voces anhelan lo coreable… Todo está en su sitio y, sin embargo, hay algo que no funciona. Será que, sin el impulso juvenil, resulta que Klaxons sólo son cuatro tipos entrando en la edad adulta e intentando perpetuar el tirón de aquello que hervía en su interior. Como un Peter Pan a las seis de la mañana perdido en las múltiples salas del club Nunca Jamás: cuando llega al lavabo y, de refilón, contempla las arrugas en la comisura de sus ojos, decide que es hora de otra rayita de polvo de hadas. El problema es que el polvo de hadas sólo altera la mirada de quien lo toma. El resto sigue viendo tus arrugas.

Raül De Tena

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