La Superbe La Superbe

Álbumes

Benjamin Biolay Benjamin BiolayLa Superbe

7.8 / 10

Benjamin Biolay  La Superbe

NAÏVE

El día en que pase a mejor vida, Benjamin Biolay difícilmente podrá descansar en paz en el cementerio de Montparnasse, ni ocurrirá que sus numerosos admiradores le incentiven un tabaquismo de ultratumba como ocurre con al exquisito cadáver de Serge Gainsbourg. Considerado uno de los más importantes estandartes de la llamada “nueva chanson francesa”, Biolay ha sido uno de los pocos artistas capaces de encontrar un hueco de fans en nuestro país, con permiso de Dominique A, Yann Tiersen y ese braguetazo andante del Elíseo que amenizaba los anuncios de cafés solubles. Si bien su creatividad sólo se ha visto truncada una vez desde que nos presentó aquel “Rose Kennedy” (2001) hace ocho años –hablamos de aquella banda sonora, “Clara Et Moi” (2004), junto a su ex Chiara Mastroianni, que no acabó de calar hondo entre los amantes del spoken word y el savoir affaire gainsbourgiano–, Biolay sí supo dar una vuelta de tuerca a su imaginario personal a partir de “À L’Origine” (2005), a base de tormentos amorosos y unas ansías eclécticas de experimentar y exprimir sus capacidades en pro de la belleza melódica.

Superar su “Trash Yéyé” (2007) se antojaba una misión prácticamente imposible, pero desde que arrastra como puede su divorcio y ha quemado en la hoguera toda su videoteca del maestro Fellini (ver en acción a su difunto suegro, Marcello Mastroianni, no debe ser precisamente de su agrado), su figura de hombre atormentado que camina con la cabeza cabizbaja por las boutiques de la Rue Saint-Honoré le sienta como anillo al dedo a Biolay. De las más de cincuenta canciones que ha facturado durante los últimos dos años después de abandonar Virgin, Biolay nos ofrece ahora en “La Superbe” un mastodóntico trabajo de 23 temas. Bien es cierto que este doble CD debe autorrecetarse en pequeñas dosis si no queremos acabar reivindicando nuestra identidad nacional con una baguette bajo el brazo, pero aquí radica precisamente la grandeza de su último álbum, por ser capaz de ofrecernos en cada una de sus escuchas una nueva joya en la que creer con los ojos cerrados.

Aunque la carga autobiográfica se mantiene inalterada en buena parte de los temas, Biolay no ha querido dotar a su retoño de ninguna coartada conceptual. Todo gira alrededor de la pérdida, ya sea amorosa, de la juventud o de nuestras raíces (como en el caso de “Buenos Aires”, donde realiza la travesía inversa de Julio Cortázar). Y aunque sigue fiel a su eclecticismo estilístico, no todas las jugadas le salen redondas (nadie le ha pedido que ejerza de rapero chil-out en “Miss Catastrophe”), pero sí sale victorioso de su particular batalla personal gracias a esos temas de aire más pop con los que parece estar anhelando lucir melena en el NME. “L’Espoir Fait Vivre” resulta un infalible divertimento ye-yé, y con “Prenons Le Large” firma un tema que bien podría ser un descarte de la última etapa de Bono y compañía. Aunque donde sigue moviéndose como pez en el agua es en esos medios tiempos pseudo-recitados en los que, sin necesidad ninguna de orquestaciones barroquistas (el mayor hándicap de su lineal primer single, “La Superbe”), consigue calar hondo en nuestro subconsciente a base de costumbristas relatos universales. He aquí “Tout Ça Me Tourmente” o “Ton Héritage”, una de sus mejores composiciones, en la que nos cuenta los quebraderos de cabeza que le producen las dichosas herencias personales.

“Tu Es Mon Amour”, con ese regusto latino heredero de aquel “Dans La Merco Benz” –de su anterior álbum–; los tejidos de cariz más jazzístico a lo Chet Baker en “La Toxicomanie”(donde el jovenzuelo Rubén Simeo ejerce de trompetista invitado) o ese deje a lo “Penny Lane” de los Beatles en “Night Shop” refuerzan la condición de Biolay como una de las personalidades más relevantes e influyentes de nuestro país vecino. Arriesgando hasta límites insospechados y manteniendo el nivel en este tour de force de cerca de dos horas de duración, el cantautor vuelve con un magnífico acompañante para serenarnos hasta que el calorro estival vuelva a hacer de las suyas y el vino caliente haya pasado a mejor vida.

Sergio del Amo

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