Super Vato Super Vato

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Rebolledo RebolledoSuper Vato

8.3 / 10

CÓMEME

Llevo varios días ensimismado en este disco, intentando descifrar por qué algo tan simple y hasta paródico resulta tan y tan bueno. Imposible alcanzar conclusiones coherentes cuando es Rebolledo quien se esconde detrás del telón. Lo único que puedo decir es que el mundo de rayos láser y seborrea electrónica que ha creado el mejicano para “Super Vato” es único, es nuevo, es algo muy grande, el albor de un sonido sin émulos en la escena actual y el producto de una mente que opera en un plano dimensional ajeno al del resto de la humanidad. Soy muy fan de Rebolledo. Muchísimo. Su videoclip de “Guerrero” –uno de mis temas favoritos de los últimos años, no miento– es una referencia recurrente en mi enciclopedia mental de freakismos ilustrados. Veo al tipo y os juro que contemplo a un showman distinto, porque no sólo entretiene, no sólo tiene gracia, que ya es mucho: encima, el muy bastardo factura música electrónica de altísima calidad sin aparente esfuerzo. Música que te pide más y te atrapa mientras te preguntas “¿qué coño está pasando aquí?”.

Con la inestimable ayuda de sus colegas –medio disco en formato featuring– y desde el sello Cómeme, plataforma creada por Matías Aguayo y Gary Pimiento, el mejicano despliega en su primer LP unas credenciales que parecen haber sido validadas en un mundo de robots oxidados, Casios antiguos, mechas con gomina, comedia bizarra y cine giallo. Como apuntó un amigo que comparte conmigo la misma devoción por Rebolledo, su sonido es un punto perdido entre el ocultismo de Nitzer Ebb y el minimalismo melódico de Kompakt. Es la definición más acertada para explicar las raíces del fenómeno. Con esta base, Don Mauricio recurre a esqueletos rítmicos extremadamente simples y repetitivos, como si utilizara hasta los mismos límites de la locura, una colección de ritmos pregrabados en sintetizadores caseros de los 80. Tiene pisada EBM, seguramente el nexo conector que da sentido al tracklist, pero sobre esa capa de electrónica parca y oscura nuestro vato predilecto añade pasajes vocales delirantes en castellano, efectos pop de serie Z, homenajes a John Carpenter y ese sentido del humor mutante con el que lleva dos años alegrándonos la vida desde los dominios de Cómeme.

“Super Vato” es un hallazgo. Suena retro, pero es rabiosamente moderno; parece EBM reducido a su mínima expresión, pero algunos lo llamarán minimal; es siniestro, pero absolutamente divertido. Y aunque todo el álbum es acojonante, los tracks producidos por Rebolledo en solitario son las joyas más valiosas. El ritmo obsesivo, maquinal y machacante de “Canivalón” se ajusta como una media de lycra a unos teclados de película gore y un falsete extra cool. “Aire Caliente” se muestra como un gargajo industrial de electrónica goth, con el tipo pletórico soltando sus delirios marca de la casa. “Steady Gear Rebo Machine” es Front 242 mezclado con los Daft Punk de “Homework”. “Corvette Ninja” es una puta genialidad: breakbeat de electro chunguísimo, ochentero hasta las trancas, grasiento y, encima, con el motor de un bólido de fondo, rugiendo como una perra.

La segunda parte del álbum es la más cercana a la ortodoxia dancefloor.

Rebolledo se rodea de los sospechosos habituales más sospechosos y más habituales de su camarilla marciana. La impronta del mejicano resulta evidente en “La Pena”. El ritmo de Casiotone estropeado, el tufo giallo y los claps horteras son puro Rebolledo, pero la letra recitada – “las chicas en la pista, con bailes de sirena, sí vale la pena”– es Matías Aguayo sin adulterar. El chileno también le acompaña en el tour de force de microhouse vampírico que es “Super Vatos” –brutal ese órgano a lo “Phantom Of The Opera”–. Se suma al despiporre Superpitcher, compañero del mejicano en Pachanga Boys, a través del hit “Me At The TOPAZdeluxe”, el momento más Kompakt del LP. Rachel Wolff también toca hueso en “Positivísimo”, corte fascinante de synth-pop trotón y melodía obsesiva que se pega a tu médula como un parásito alienígena. Rodrigo Cano y el nuevo fichaje de Cómeme, el ruso Philipp Gorbachev, completan el árbol familiar de colaboraciones y ponen la rúbrica a un disco inconmensurable, una de las cimas electrónicas del 2011. El texto que acabáis de leer lo ha escrito un crítico, pero lo firma un devoto. Rebolledo es Dios.

Óscar Broc

Canivalón by cómeme

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