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Álbumes

Blue Daisy Blue DaisySunday Gift

7.6 / 10

BLACK ACRE

En los dos últimos años, Kwesi Darko ha trazado una órbita claramente marcada por la deformación de los ecos del bass, el house y el dubstep. Con los nódulos de dichos géneros extirpados de su bulbo raquídeo, el británico ahonda con furia en su vertiente más experimental y decide buscar más allá de los Cárpatos del Post para reinventar, a base de exorcismos drónicos, lo que otrora se llamó trip hop. Ojo, no es trip hop. Ni dubstep. Ni bass. Es una masa informe de ruido blanco, bajos grabados en Mordor, melodías angulosas, temblores de tierra y beats paquidérmicos. El debut de Blue Daisy se despega de la ortodoxia de las mencionadas etiquetas para alzar un monstruo de arquitectura intimidante y pulsaciones pastosas que suena a todo y más. No es un bautismo de fuego, es un bautismo de lava.

Apenas hay restos de sus devaneos más “bailables”. Tan sólo en “Spinning Channels” se vale de las remanencias 4/4 para dar su particular visión del asunto: el resultado es un house “dubstepizado” de sauna finlandesa, con el regulador de temperatura al máximo y las dulzonas bocanadas de aire de la voz de Anneka a modo de refresco. El resto del álbum se ciñe a un sonido de textura viscosa que avanza al ritmo de una babosa mutante. Las capas de ruido, los bombos de guerra, los breaks de funk narcotizados (y saturados) y los graves con triple colcha acaparan el protagonismo en los mejores momentos del disco.

“Shadow Assassins” es como descubrir que el hombre detrás de Depth Charge no era J. Saul Kane, sino Anders Behring Breivik. En “Psyche Inquiry” deja los cimientos de la casa hechos fosfatina a base dubstep-rap-metal, con guitarras infernales de fondo, los pareados apocalípticos de Hey!Zeus y una batería atronadora. “Raindance” es illbient 2.0; descarnado, repetitivo, amoratado, con doble capa de densidad y un dial de radio poseído por el mismísimo demonio: electrónica goth elevada a la máxima potencia.

Pero no todo es como meterse en la discoteca de “Irreversible”. Hay también segmentos melódicos que parecen reinventar el trip hop y el dub vía post-dubstep. “Only For You”, con la voz de Stac; “Firewall”, con Anneka, y “Fallin’”, con los lamentos de Heidi Vogel, convierten el legado del Necronomicón bristoliano en una dulce psicofonía de drone lisérgico que pide a gritos auriculares tochos y hachís en cremita. Y es que este cuento de terror gótico se escribe entre muros de sonido de un grosor infranqueable. La química es letal, un compuesto atenazador que ataca directamente a los receptores neuronales y abotarga por completo los sentidos del que está al otro lado. Imaginad una pitón monstruosa digiriendo un impala en una ciénaga bombardeada con napalm: eso es “The Sunday Gift”.

Óscar Broc

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