Sunburst Sunburst

Álbumes

John Daly John DalySunburst

7 / 10

Irlanda es un país pequeño y de tradición rural que, aún así, acoge en su seno de naturaleza matriarcal a la mayor cantidad de premios Nobel de literatura por metro cuadrado del planeta. Las buenas artes literarias se le atribuyen al clima endemoniado del país que, como dice el tópico, empuja a la reclusión, bien para practicar algún arte o a beber como un cosaco –irlandés, pero cosaco a fin de cuentas–, por lo general en una taberna de mala muerte (y peor música): la excusa oficial para todo lo bueno y todo lo malo que puede ofrecer el país más verde. A las almas sensibles siempre les quedará acomodo en la primera opción. En cuanto a música electrónica se refiere, tres cuartos de lo mismo: sus primeras espadas son relativamente escasos pero siempre encontrarás a algún representante de cada escena que se te ocurra capaz de sacar la cabeza por el contexto internacional.

Parece que los productores de electrónica en Irlanda funcionan de manera autónoma e independiente, como por generación espontánea. Recorres el país de norte a sur en menos de tres horas y media en coche, pero la densidad de población y de eventos musicales más o menos interesantes (no muchos para ser una capital europea) se concentra estrictamente en Dublín. Punto. Por ello, tengo la teoría de que si eres irlandés y destacas en una disciplina musical es posible que tengas muchos números para destacar en el panorama internacional. En estos momentos, por ejemplo, el que se lleva la palma en materia de regeneración boogie, funk, disco y house –lo que vendría a ser el continuum jack de la música de baile de los últimos 30 o 40 años– sería el dublinés Krystal Klear, que desde Manchester se está camelando a luminarias y prescriptores como Hudson Mohawke o Mary Anne Hobbs. Krystal Klear es de los muchos irlandeses que decidieron acabar con su ostracismo cultural para viajar por el mundo y conocer otros planetas como la Red Bull Music Academy –estuvo en la pasada edición de Madrid–, para darle un acelerón a su networking y ensanchar la discografía de All City Records con un nuevo doce pulgadas, “We're Wrong”.

En unas coordenadas parecidas, pero más centrado en el los patrones del 4x4 típicos del tech-house clasicote, la figura del país del trébol es John Daly, bastante menos snob y descarado que su compatriota antes citado, que además sigue viviendo en Galway, ciudad turística y universitaria y por ende muy juvenil, en la que tampoco es que pasen muchas cosas destacadas que digamos. Si algo pasa en Galway seguramente deba suceder en el estudio del propio Daly que destaca por su ritmo de publicación, con cuatro álbumes en menos de cuatro años: dos en el sello suizo Plak Records, “Full Circle” (2008) y “First Water” (2011); “Sea & Sky” (2009) en el sello de François Kevorkian, Wave Music, y “Confinement” (2010) en Modisti, hasta la fecha su obra más experimental y alejada del tono general de su discografía. El quinto se titula “Sunburst” y llega a través del subsello de Compost, el label suizo Drumpoet Community, con la elegancia en sus formas y el clasicismo en su fondo, como supuestos puntos de apoyo que entroncan con las premisas compositivas del propio John Daly que, por otro lado, cuenta con dos sellos en cartera, Feel Music y One Track Records.

El joven barbudo irlandés aprovecha la red de distribución y el tirón promocional de Compost para decantarse por Drumpoet Community que, además de ser un sello de electrónica sin grandes estridencias en sus lanzamientos, diría que está encarado a un público un poco más joven pero tan convencional en su planteamiento como el sello madre: se ajusta como un guante a las producciones de un Daly que nunca sorprenderá excesivamente –todas sus producciones parecen compuestas con un metrónomo, todos los elementos muy bien puestos, sonido limpio y nítido–, pero que por eso mismo cumple siempre con las expectativas depositadas en él. De hecho, cuando está a punto de sacar LP los medios especializados siempre avisan de la vuelta del regenerador del sonido clásico (¡cómo si se hubiera ido alguna vez del mercado ese ritmo de producción!). Lo suyo es “techno de cámara” que no molesta a la oreja pero que tampoco está en la primera línea de fuego de los productores de la escena. Un tipo de gustos clásicos y muy emocionales, con los últimamente muy reivindicados Prefab Sprout en puesto privilegiado de su imaginario privado. Fue uno de los dinamizadores del clubbing de aquella ciudad del sur de la isla, aunque de hecho empezó pinchando música lounge en su Cork natal a finales de la década de los 90s, con temas dulzones para bambolearse como el “Self Control” de Laura Brannigan, que está en su top ten de ayer, hoy y de siempre.

Daly sería una buena elección para aquellos que aún no se han adentrado aún ni en el techno ni en el house (que supongo que debe haberlos). Una buena opción para adentrarse en el sonido clásico pero hecho ahora y sin necesidad de tirar de la santísima Trinidad; claro ejemplo es “Deep Heat”, tal vez el tema más inspirado de todos y que resume además desde el título el concepto detrás de este nuevo álbum y de la carrera de Daly: el calor de lo sintético. Dejarse mecer en esos colchones sónicos de temas como “Daybreak”, que te transportan a un futuro que en realidad ya es pasado. “I Got Bells” es otra golosina cósmica para amantes del AOT (Adult Orientated Techno), que en este caso juega con los pocos coros vocales que presenta este “Sunburst”, que al estar reñido con la ‘anomalía’, con el imprevisto, igual deja un poco indiferente al público versado en el tema. Techno de carácter muy irlandés, a fin de cuentas: conoces a la perfección sus manías, sabes de sus clichés, pero aún así te niegas a abandonarlo. Quién sabe si algún día John se decidirá a marchar de Galway.

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