Sugaring Season Sugaring Season

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Beth Orton Beth OrtonSugaring Season

7.7 / 10

Beth Orton se sintió perdida durante muchos años y este “Sugaring Season”, que rompe un silencio de más de un lustro, ha sido el resultado de reencontrarse. “Comfort Of Strangers” (2006) marcó un punto de inflexión: a partir de aquel álbum, Beth ha sido madre –dos veces–, se ha separado, ha pasado por una depresión, ha ido al psicólogo, se ha vuelto a enamorar, ha cambiado la ciudad por el campo y la calma por la turbulencia. Básicamente, el peso de la vida y los problemas de la convivencia, la responsabilidad de los hijos y la rutina –que a la vez es una exigencia– pudieron con ella. Durante todo este proceso, los hijos han crecido –y se los puede llevar de gira–, Sam Amidon ha entrado en su vida como compañero y músico, ha cambiado de sello –ahora firma para Anti-, por quienes fichara en 2010– y ha encontrado experiencias que contar en forma de canción y así sentir que aún tiene mucho decir. No debe extrañar que el título del disco sea “Sugaring Season”, que se refiere al momento del año en el que las frutas maduran y alcanzan ese punto dulce que las hace comestibles. Ella era un árbol muerto que ha florecido, se ha vuelto a mostrar bello y ha dado frutos deliciosos.

Dentro de la carrera de Beth Orton, “Sugaring Season” corresponde a la segunda etapa, la iniciada con “Confort Of Strangers”, la más abiertamente acústica, sin ninguna producción electrónica –como antes las había, firmadas por William Orbit, Andrew Weatherall o Ben Watt– y resplandecientes de cuerdas, armonías corales y guitarras campesinas. Aquel álbum anterior decepcionó un poco a los fans de sus tres anteriores títulos, piezas claves del folk inglés con trasfondo chill-out como “Trailer Park” (1996), “Central Reservation” (1999) y “Daybreaker” (2002), no por la falta de calidad de las canciones, sino por la manera de adornarlas. Y aunque ella ha manifestado cierta nostalgia de sus días clubbers –días que, por otra parte, con hijos a su cargo, están definitivamente cerrados– y que no le importaría volver a trabajar con adornos electrónicos, “Sugaring Season” debía ser necesariamente un trabajo reconciliador, calmado y optimista, sin espacio para los alardes.

Grabado en Portland con Tucker Martine (My Morning Jacket, The Decemberists), este disco cuenta con colaboraciones notables como las de Sam Amidon o Marc Ribot, y completa su compromiso retro con tres covers –sólo incluidas en la edición deluxe– de temas originales de Jonathan Richman ( “That Summer Feeling”) y Goffin & King ( “I Wasn’t Born To Follow”, “Goin’ Back”); en conjunto, es un bálsamo de pop-folk que envuelve como una sábana caliente, fino y suave. De hecho, se reconoce a la Beth Orton de su mejor momento –posiblemente, “Stolen Car”, la primera canción de “Central Reservation”, a la que recuerdan piezas nuevas como “Poison Tree” o “Magpie”–, sólo que con el compromiso férreo de no recargar las estructuras con adornos innecesarios ni perseguir la hipermodernidad.

Si siempre le interesó el folk inglés de los años 70, de Pentangle a Vashti Bunyan, “Sugaring Season” reafirma la fascinación. No en vano, fue un encuentro epifánico con Bert Jansch antes de que éste muriera hace (casi) exactamente un año, el 5 de octubre de 2011, lo que le devolvió a Beth Orton la autoestima y el carácter perdido, lo que le alentó a olvidarse de sus tentaciones de dejar la música y volver a componer. Algo tan sencillo como reconocer el poder emocional de una canción y querer volver a hacerlo: y a tenor de canciones espléndidas como “Last Leaves Of Autumn”, que alcanzan una pureza extrema con una economía máxima de medios –piano, violín, su voz grabada con una nitidez extraordinaria, casi a punto de romperse–, podemos hablar abiertamente de una Beth Orton recuperada para la causa, marcando el que posiblemente es su tercer mejor disco de todos y protagonizando una feliz reaparición. El boom del folk de la década pasada se olvidó de ella, y ahora que el folk se ha ido ella regresa, con su esplendor intacto, dándonos otro de esos discos ideales para un domingo por la mañana, tanto si acabas de despertar como si aún no has ido a dormir, bañado en la débil luz de otoño.

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