Subway II Subway II

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Subway SubwaySubway II

7.1 / 10

Subway  Subway II SOUL JAZZ / K INDUSTRIA Ponga un productor de psicodelia cósmica en su sello: éste parece ser el eslogan recurrente de los últimos tiempos. Porque es lo que mueve el negocio en ese pliegue que se abre a lo comercial y a lo más o menos minoritario, lo más cotizado en este mercado persa en el que se ha convertido la industria discográfica en plena era de la web 2.0. Y es que parece que (definitivamente) la etiqueta cósmica vende lo suficiente a un público entregado a lo de ayer –lo de hoy tampoco está mal, ni mucho menos, pero se parece tanto a lo de anteayer ¿verdad?–. Al principio, el revival nos hacía gracia porque ya se sabe que, en tiempos de crisis, lo más barato es hacer mover el cerebelo, que para eso está lo cósmico entendido como música que abre espacios extrasensoriales –aunque la etiqueta venga del veterano, y aún en activo, Daniele Baldelli y su pasión por mezclar lo afrofunk con todo lo que se le pusiera de por medio en aquellos tiempos dorados del club italiano del mismo nombre, el mítico Cosmic ubicado en Lago de Garda–.

Ahora, a toda esta nueva ola de amantes de la movida setentera con grupos como Neu! o Harmonia en el punto de mira, hay que pedirle clase y calidad. El filtro es más elevado. Todos los sellos se apresuran a tener su propio productor de desarrollos largos y espaciales, y Soul Jazz no podía ser menos. Ellos, que han revisado las escenas por explotar y ya explotadas, no podían quedarse sin su parte del pastel galáctico. Y su cuota de hipnosis viene de la mano de Subway, la pareja formada por Michael Kirkman y Alan James, que llevan produciendo desde hace ocho años –debutaron en maxi en Nuphonic hace la tira, y en álbum hace cuatro con “Empty Head”, para el sello Sunday Best de Rob Da Bank–, pero seguro que matarían por que sus producciones tuvieran treinta temporadas más. Para salvar este desfase cronológico se han tenido que dejar una buena pasta en eBay y otras tiendas virtuales para armarse con un equipo de sintes con el que conseguir un sonido lo más retro-cool posible, a saber: una Roland Jupiter 6, una batería analógica Univox SR55, un Korg MS20, una Roland MKS80 y el imprescindible Moog Prodigy. El resultado es un nuevo ejercicio de estilo en el que la pareja se anima con las jams intuitivas, aunque a veces con voluntad de empacarlo todo de manera preciosista y con algún alarde para la pista de baile –pongo por caso ese tema titulado “Jupiter” que bien podría entrar en el warm up de un Prins Thomas, por ejemplo–.

Lo más curioso es que estos londineses se formaron en lo que me imagino que deben ser las antípodas del sonido cosmic, el mucho más terrenal y testosterónico hardcore de la escena rave de mediados de los 90. Parece ser que después de la fiesta, en pleno bajón de éxtasis, vieron el final del tunel y uno de ellos se fue escorando hacia el house y el disco, y el otro hacia la parte más esotérica de Detroit con Carl Craig y Ron Trent como superhéroes de cabecera. Una vez sacaron su primer álbum, pasó lo de siempre: que uno empieza a tirar del hilo y acaba atrapado por el pasado, es decir por el sonido kosmische que precedió al techno tal y como lo conocemos hoy en día. Veremos a ver si ese echar la vista atrás no les ha llevado hacia un callejón sin salida estilístico, ahora que los múltiples recovecos de su era, la de los 90, están resurgiendo con fuerza.

David Puente

* Escucha el álbum aquí

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