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Delorean DeloreanSubiza

8 / 10

Delorean  Subiza

MUSHROOM PILLOW

Me juego un brazo a que “Subiza” no será del agrado de todo el mundo, y con más motivo para aquellos que siguen rememorando al cuarteto vasco como una banda heredera del post-punk en sus dos primeros largos para el sello BCore. Pero si algo dejaron entrever explícitamente Delorean en “Into The Plateau” (BCore, 2006), fueron sus ansias por adentrarse sin miramientos en los recodos electrónicos, desmarcándose de aquellos referentes –como The Cure, sin ir más lejos– que les persiguieron durante años. Poco o nada hay que añadir sobre la repercusión que el EP “Ayrton Senna” tuvo hace apenas un año, maxi en buena parte culpable de que estos barceloneses de adopción cruzaran el charco junto a Miike Snow o jj –sin obviar su participación en el anárquico festival SXSW de Austin–, recibieran un sinfín de alabanzas –lo de Justin Timberlake sí que ha sido para mear y no echar gota– y ampliaran las arcas internacionales del sello True Panther –encargado de lanzar el álbum fuera de nuestras fronteras bajo el auspicio de Matador–. Las canciones de aquel EP no fueron un hype inesperado –al menos, en nuestro país–, sino la consecuencia directa de esos cimientos que tan bien han sabido explotar en sus incendiarios directos, en los que el idealismo técnico se veía recompensado con las facilidades que daban a su público para zapatillear a base de bien.

“Subiza” se empezó a grabar antes de que el sorprendente boom mediático de “Ayrton Senna” se apoderara de la blogosfera, de modo que el cuarteto ya tenía los deberes hechos antes de los aplausos. Me parece curioso el hecho de que ni “Deli” o “Seasun” se incluyan en el álbum. Aunque si algo hay que destacar de este “Subiza” respecto con el aclamado EP es la gran labor de postproducción que hay detrás. Ninguno de los temas baja de las sesenta pistas, convirtiendo cada uno de los cortes es un rompecabezas sonoro gestado a partir de voces sampleadas y bases que le deben –y mucho– al house y a los balearic beats que, a mediados de los años ochenta explotaron como un elixir hedonista en el ácido hervidero hippie de Ibiza –como muestra de este revival siempre nos quedará “It’s All Ours”, que un servidor se ve obligado a reproducir instantáneamente después de deleitarse con el “Odd Blood” de Yeasayer–. Asimismo, su labor como remezcladores –para Franz Ferdinand, The Mystery Jets o The XX, por citar sólo unos ejemplos– ha sido el mejor campo de pruebas para este LP, construido principalmente con cuatro ordenadores y posteriormente grabado en el estudio navarro de Hans Krugüer para, más tarde, ser mezclado en Nueva York por Chris Coady –TV On The Radio, Telepathe–. Por cierto: no confundir Subiza –localidad navarra en la que se localiza el citado estudio de grabación, de ahí su título– con Ibiza: absolutamente nada que ver.

Delorean pueden mirar cara a cara a bandas como Memory Tapes o a los suecos The Tough Alliance y Air France, dando su particular punto de vista sobre el pop hedonista y psicodélico aderezado con un mantra tropicalista palpable en prácticamente todos los cortes. “Simple Graces” seguramente hará las delicias de Cut Copy con ese sample vocal naïf y esos teclados tan sumamente noventas, aunque la influencia de unos Animal Collective con ganas de lanzarse a la pista de baile –y los oídos con menos entrenamiento en el audio intrincado– puede hallarse sin demasiado esfuerzo en la sobresaliente “Warmer Places”. Las guitarras se han visto diluidas –a excepción de “Grow”–, y sin embargo uno no lo echa de menos gracias a temas como “Stay Close” o “Real Love”, que son como rayos de sol sintetizado con sabor eurodance –de los mejores cortes que la banda ha firmado a lo largo de su carrera–, dignos de postularse como segundo single del disco. La otra canción candidata sería “Endless Sunset”.

Las deficiencias técnicas de sus anteriores largos han sido solventadas. Delorean han encontrado definitivamente el sonido con el que pueden hacerse, más que dignamente, un hueco más allá de los Pirineos como un referente de ese pop electrónico multipistas y tribal –e incluso marcial por momentos– que Nueva York ha sabido exportar tan bien a lo largo de la pasada década. Los medios especializados les han encumbrado mundialmente sin pedir nada a cambio. Y es que el mérito de todo este asunto recae en estos cuatro músicos que, durante toda una carrera, han anhelado que medio mundo bailara al son de sus temas. Esa meta se vislumbra cada día más cercana.

Sergio del Amo

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