Stuck On Nothing Stuck On Nothing

Álbumes

Free Energy Free EnergyStuck On Nothing

7.1 / 10

Free Energy  Stuck On Nothing DFA

A veces, la ley de Murphy se tuerce y afortunadamente la tostada no cae del lado de la mantequilla. Free Energy lo saben bien. Por probar suerte, empezaron a mandar demos a James Murphy y resulta que el máster de DFA, familiarizado con Hockey Night (banda de la que provienen el cantante y el guitarrista), les respondió completamente decidido a producirles su álbum de debut. Los de Filadelfia se frotaron bien las manos y junto a él dieron forma a un disco con el que están más contentos que unas castañuelas. Dicen que en el último SXSW sonreían hasta a las papeleras; quizás también porque el webzine mundial de referencia indie les ha recibido con todos sus parabienes... El caso es que al amparo de un sello impensable en un principio, los chavales están que se salen. Y eso que su apuesta, a priori ganadora, tampoco es para tirar cohetes: una revisitación del cock rock más revenido de los setenta a manos de lo que parecen unos skaters escapados de un videoclip de la MTV. En otras palabras, un pastiche de rock a base de plagios del mejor glam, solos de guitarras chulescos y presupuestos cercanos al punk melódico. Un guilty pleasure sólo apto para nerds incorregibles, vaya.

Editado también en cassette, la principal inquietud de “Stuck On Nothing” es la de sonar old school por los cuatro costados. Murphy se encarga de ello con una producción crujiente, repleta de cencerros y trucos invisibles que ya ha puesto en marcha en más de una ocasión. Pero ni con esas Free Energy consiguen alzarse como el nuevo colmo del coolness made in DFA. Ni mucho menos. Más bien lo contrario. A muchos oídos europeos la propuesta les va a sonar a anacronismo puro. Rascarán algún seguidor que otro, pero no es complicado predecir que por estos lares les costará digerirlos a quienes tengan un paladar demasiado fino. Así que (consejo preventivo) no se acerquen a este disco si no se han enterado, por ejemplo, de la última polvareda que Motion City Soundtrack han levantado entre la crítica americana, o si algún trabajo de referentes que podríamos tachar de similares como Bay City Rollers no aparece entre los favoritos de su fonoteca.

Por otra parte, hay que entender que todos esos comentarios formarían parte de un análisis demasiado contextual y teórico. Adoptando otra mirada, admitiremos que en conjunto las canciones están bastante bien escritas y mejor grabadas. Digamos que sus puntos fuertes disimulan sus faltas y, por eso, apartando prejuicios y dejándonos llevar sólo por lo más superficial de la escucha, nos resultará complicado esquivar algún que otro arrebato de esa energía tan lozana y buenrrollista. Por eso, en cuanto salta “Free Energy” (el tema) dan ganas de cogerse el patín y lanzarse a las calles dispuesto a sentirse parte de un videoclip o de los títulos de crédito de cualquier serie americana muy chunga. Las guitarras, bien empuñadas cerca del paquete, recogen el esquema que Tom Petty legó a The Strokes, cuyas aspiraciones retro no andan muy lejos en algunas de estas canciones. Enseguida, en “Dream City”, aparece el otro gran fantasma del disco: T. Rex. Su figura posee por igual “All I Know”, el mejor y más vintage de los temas, bamboleándose entre palmas y un interludio de slide guitars mientras el cantante Paul Sprangers se derrite “trying to get around in love with the electric sound”.

Virando un poco más hacia nuestro presente, “Bad Stuff” incide más que ninguna en otro peaje a abonar: el lustre de los inevitables Pavement (Hockey Night nació por amor al grupo de Stephen Malkmus). Asimismo, la digresiva “Light Love” lo hace en el legado de unos Weezer también bastante presentes en espíritu. En cambio, en la empalagosa segunda cara del álbum (que está concebido, por si aún no lo hemos dicho, como un vinilo a la antigua), empiezan a verse las costuras: “Young Hearts” cuenta con unos risibles coros amateur, “Hope Child” convoca a todas las influencias del proyecto un mejunje demasiado demodé y a la estirada “Wild Wind” le cuesta seriamente levantar el tipo. Confundido entre tanto salto de los setenta a los noventa, “Stuck On Nothing” acaba haciéndose demasiado empalagoso y difícilmente emplazable en ningún sitio en concreto. De esa forma, uno de los lanzamientos más morbosos del mes acaba convertido del mismo modo en el más extravagante de la temporada, con todo la malo y lo bueno que eso pueda suponer. Pero en lo formal, Free Energy no logran esconder los puntos débiles de un estilo en perpetua desenvoltura que (todavía en 2010) continúa dando la sensación de que tiene que seguir creciendo. Sospechoso.

Cristian Rodríguez

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar