Stray Age Stray Age

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Daniel Martin Moore Daniel Martin MooreStray Age

8 / 10

Daniel Martin Moore Stray Age SUB POP / POPSTOCK!

Voy a aclararlo antes de empezar. Tengo una especial debilidad por Sub Pop. Cualquier disco que editen ya despierta mi interés sólo porque lo sacan ellos. Soy un fan entregado desde hace mil años (pues casi desde el grunge) y con el añito que llevan ( Grand Archives, Fleet Foxes, Death Vessel) voy a serlo unos mil más. Acaba de unirse un nombre a la familia, Daniel Martin Moore, un jovenzuelo de Kentucky que envió una demo de cuatro canciones a las oficinas del sello, en Seattle y… premio, a grabar un disco. El resultado es este estupendo “Stray Age”, otro gran disco de debut en un año lleno de buenos discos de debut. Producido por Joe Chicarrelli (responsable, entre otras cosas, del sonido de pop luminoso y soleado de The Shins), “Stray Age” es un apacible, hermoso disco de folk íntimo, alejado de la música de raíz (aquí no hay ni banjos, ni mandolinas ni rastro de la dichosa americana) y que tiene más en común con el folk blanco británico (la emotiva sencillez de “The Old Measure”, con ese violín, que ha avivado las comparaciones con Nick Drake, la clarísima “Where We Belong”) o directamente, con la balada clásica de aires estándar (la inolvidable melodía, apoyada por el vibráfono y el piano jazzístico de “It´s You”, el ritmo optimista y contagioso de “That´ll Be the Plan”, los arreglos de cuerda de “The Hour of Sleep”, una preciosa canción de cuna que invita a una chica infeliz y desgraciada a descansar un rato). Perfecto para alejarse de la mierda de las ciudades, de las envidias, las peleas y los ruidos, “Stray Age” es una mirada tranquila, madura y sensata sobre el paso del tiempo (uno de los cortes más emocionantes del disco tiene el valiente título de “We Knows Where the Time Goes”). Una obra que, como el esquemático dibujo del amanecer de la portada, acaba llegando a una interesante reflexión final: “Lo siento, el tiempo pasa, pero yo no tengo miedo. Ni pienso tenerlo”. Pues eso, un precioso disco para no tener nada de miedo. Fernando Navarro

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