Strange Pleasures Strange Pleasures

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Still Corners Still CornersStrange Pleasures

7.9 / 10

Con el boom de grupos adscritos al dream-pop se hace más necesario que nunca separar el grano de la paja y, en el caso de Still Corners, hay mucho grano. Con “Creatures Of An Hour” el dúo británico dejó el listón bien alto, y con grupos como Beach House a la cabeza, el dream-pop no sólo vive un buen momento, sino que sus fans tienen mucho donde elegir. De ahí que repetir la jugada sólo fuera posible si había verdadero talento: el azar puede dar un acierto; dos seguidos, se complica más. Pero con “Strange Pleausures” no sólo han logrado alcanzar el nivel de su primer LP, sino que se afianzan y dan más relevancia a los teclados, en un paso que los acerca más a los The xx de “Coexist” o a los Chromatics de “Kill For Love” y los aleja un poco más cualquier asociación con el shoegaze. Still Corners comenzaron a componer las canciones de este álbum cuando aún estaban de gira, lo que explica que algunos de los temas de “Strange Pleasures” resulten algo continuistas y funcionen de puente con las de “Creatures Of An Hour”.

Greg Hughes explicaba en una entrevista que para este álbum ha empleado sintetizadores de 1986 y 1991, y sin duda su impronta se deja ver a lo largo de un álbum que si bien suena contemporáneo, no deja de tener guiños nostálgicos. En canciones como “Beatcity” y “ Berlin Lovers” se acercan incluso al synth pop y abrazan ritmos algo más bailables. “Midnight Drive” apuesta también por el synth-pop elegante y algo frío en la línea de la las canciones de la banda sonora de “Drive” (la elección del título parece casi una declaración de intenciones); y “Future Age” parece la traslación musical de esa reivindicación del retrofuturismo a la que asistimos de un tiempo a esta parte y a la que no le faltan sintetizadores que hacen guiños a la música electrónica de los 80 Sin embargo, la tónica general del álbum es la de un pop atmosférico, pausado, cercano al ambient, en el que apenas hay espacio para los sobresaltos y que, sin embargo, logra llamar la atención y superar con creces ese mal de muchos grupos de dream-pop o synth-pop que es el quedar para música de fondo o el de confundir etéreo con melifluo. No es el caso de Still Corners, que logran traspasar la fina línea que separa intrascendente de lo delicado con un álbum más que notable.

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