Strange Mercy Strange Mercy

Álbumes

St. Vincent St. VincentStrange Mercy

8.3 / 10

4AD

La carrera de Annie Clark es una de las más imparables y ascendentes que ha habido en la historia del indie norteamericano de los últimos años. Antes de empezar su aventura como solista con el alias St. Vincent, se fogueó en bandas de prestigio, The Polyphonic Spree y Sufjan Stevens. Así, de corista pasó a ser un nuevo icono, chica sobradamente talentosa e irresistiblemente encantadora. Su primer álbum, “Marry Me”, sirvió para demostrar todo esto, con una colección de canciones bellas y hechizantes. La continuación, “Actor”, mejoró lo ofrecido, pero añadió unas dosis cáusticas que recibieron críticas unánimemente positivas. Este tercer disco, “Strange Mercy”, pretendía “redefinir la idea del héroe de la guitarra, empleando el instrumento tal como un artista detallista manejaría su pincel”. Algo que no sonó en su momento a bravuconada. Clark ya ha demostrado en el pasado que su habilidad con la guitarra es prodigiosa, ya sea en sus actuaciones en solitario o con banda. De hecho, recientemente versionó en directo a Big Black y Tom Waits. Toda una declaración de intenciones.

“Strange Mercy” comienza de manera magistral con “Chloe In The Afternoon”, una canción con todos los ingredientes de St. Vincent: arreglos exquisitos, riffs de guitarra inolvidables, la dulce y a la vez desesperada voz de Clark, unos siniestros coros y unos teclados que aportan al tema un aroma electrónico que parecen hacer un guiño al “The Age Of Adz” de su antiguo compañero de batallas Sufjan Stevens. Un gusto por los sintetizadores que se acentúa en la sorprendente disco–funk “Hysterical Strength”. Otra de sus señas de identidad sigue intacta aquí y a lo largo de buena parte del álbum. Cuando piensas que en “Neutered Fruit” no va a pasar nada, que la canción va a discurrir plana, sin altibajos, sin cambios de ritmo, aparecen los coros celestiales, los redobles de percusión y la agresiva guitarra y te das cuenta de que Annie lo ha vuelto a hacer. Es al indie lo que Alfred Hitchcock al cine, la reina del suspense. Porque queda claro que lo que hace de esta chica un genio moderno es su insólita habilidad para hacer de sus composiciones algo impredecible. Lo suyo es un juego constante de mutaciones, contrastes y crescendos.

Pero no todo es grandilocuente aquí. Más o menos a la altura de la mitad del álbum se hallan las canciones más flojas y previsibles. Quizá por no explorar su lado más visceral e inclinarse por la estructura clásica de canción pop de su debut, encontrándose los ejemplos más evidentes en “Champagne Year” y “Dilettante". Pero hasta en la introspectiva “Strange Mercy” hay sustancia. Aquí la guitarra no muerde, acaricia mientras Clark entona una de las letras más potentes del disco: “If I ever meet the dirty policeman who roughed you up”. Líricamente, otros de sus grandes momentos se encuentran en “Cheerleader”, en la que reflexiona sobre su pasado y confiesa: “I’ve had good times with some bad guys” y “I-I-I-I I don’t wanna be a cheerleader no more”. También brilla el cierre, “Year Of The Tiger”, con ese pegadizo coro “Oh, America, can I owe you one?”.

Así como pensábamos que con “Actor Out Of Work” y “Marrow” St. Vincent había tocado techo, estábamos completamente equivocados. Para este disco se ha dejado dos maravillosas obras maestras. “Cruel” se sostiene por una base disco y se adorna con esas melodías Disney tan características y unos coros vintage que parecen sacados por momentos de un musical de los años 50 que están en constante diálogo con esa guitarra pincel que acaba dibujando un cuadro de Chagall. Por su parte, “Surgeon” es una auténtica virguería, un ejercicio de estilo pasmoso en el que Annie Clark demuestra su maestría a la guitarra y que acaba en un frenético clímax de ruido y distorsión que algunos podrían considerar impropio de una coqueta dama como ella. Pero de nuevo insistimos, “Strange Mercy” es el juego de los contrastes.

Álvaro García Montoliu

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