Steam Days Steam Days

Álbumes

Nathan Fake Nathan FakeSteam Days

6.5 / 10

La carrera de Nathan Fake siempre ha estado más marcada por sus singles que por sus álbumes. “Drowning In A Sea Of Love” ( Border Community, 2006) y “Hard Islands” (Border Community, 2009) no son malos discos, pero su poder de seducción y su relevancia en el conglomerado electrónico está lejos de las cotas de lanzamientos como “Outhouse”, “The Sky Was Pink” o incluso “Dinamo”. Con “Steam Days” Fake parece querer poner remedio a eso dando forma a un disco que aglutina su visión musical de forma mucho más enfocada y centrada. Así pues, no es de extrañar que los 11 cortes del álbum suenen a emulsión de los bucólicos paisajes tejidos con sintetizadores efervescentes de su debut y los descarnados tracks de ritmos ariscos de su segundo largo.

Otra de las constataciones que nos ha traído el paso de los años es que, más allá de los picos de popularidad y de verse señalado como “chico prodigio”, la perspectiva de Fake se ha mantenido inamovible a lo largo de sus casi diez años de carrera. Y aunque quizá “Hard Islands” fuera un alto en el camino, aquí vuelve a asomar el techno de aires pastorales y corazón nostálgico, que bebe indisimuladamente de la IDM británica noventera, con los catálogos de Warp y Skam a la cabeza, barnizado por sus magistrales aptitudes técnicas como productor. Aunque esta integridad pueda ser admirable, lo cierto es que inevitablemente coarta el efecto sorpresa y acaba por pervertir las bondades del trabajo.

Y aquí es donde surge la paradoja; aunque es fácil afirmar que “Steam Days” es el disco más conseguido de Fake, quizá también sea el más inocuo que ha publicado hasta el momento. Y es que es inevitable arquear una ceja escuchando tracks como “Sad Vember”, que podría haber sido incluida sin problemas en “Drowning In A Sea Of Love”, o “Warble Epics”, que suena a actualización musculosa de “The Sky Was Pink”. Del mismo modo, la progresión de acordes de “Iceni Strings” y su pitch-bending sonará demasiado familiar para cualquier fan que se precie. Cortes como “Paean”, “Cascade Airways” o “Harnster”, por su parte, sí introducen pasos adelante, sobre todo en terrenos rítmicos, y avanzan a través de sugerentes evoluciones melódicas con trasfondo psicodélico, pero sin embargo adolecen de una cierta evolución cíclica que se pierde en la densidad sin acabar de alcanzar ningún pico emocional. “Old Light”, en cambio, acierta manteniendo la simplicidad y abrazando la nostalgia IDM de un modo altamente evocador. En este contexto, pues, no sorprende que las cimas del disco sean algunas de sus composiciones más aventureras, con “Rue” y “Neketona” a la cabeza. La primera es una exploración ambiental de tintes cósmicos alimentada por capas de sintetizadores que rezuman calor analógico mientras que la segunda es un intenso corte de techno que tiene la particularidad de mostrarse tan intricado como certero. Lo mejor del caso es que nos recuerdan que el de Norfolk no ha perdido la capacidad de helarnos el alma y hacernos bailar, respectivamente.

Nathan Fake nunca hará un mal disco, sus aptitudes técnicas y su sensibilidad melódica no se lo permitirían. “Steam Days” no lo es, ni mucho menos, pero sin embargo sí pone de manifiesto la necesidad de intentar profundizar en otros caminos más allá del estilo en el que tantas tardes de gloria nos ha dado. Y es que a pesar de que el álbum funcione perfectamente como elogio de la nostalgia y de las turbulencias emocionales, tampoco aporta nada significativamente novedoso a la ya conocida paleta (e inevitablemente ya algo descolorida) del productor.

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