Stare Stare

Álbumes

Ólafur Arnalds & Nils Frahm Ólafur Arnalds & Nils FrahmStare

7.2 / 10

Más allá de su repercusión y de las cifras de ventas que hayan logrado las diferentes tiendas del planeta, el Record Store Day ya ha valido la pena aunque sólo sea por la publicación de “Stare”, un EP de cuatro canciones escrito e interpretado por el compositor islandés Ólafur Arnalds y el pianista alemán Nils Frahm, dos de los busques insignia de la escena neoclásica europea de la que tanto hemos hablado y seguiremos hablando en esta casa. Curiosamente, para sorpresa mayúscula de todos los que hemos seguido de cerca sus respectivas trayectorias, esta aventura esporádica –y se diría que casi improvisada– poco tiene que ver con esa militancia neoclásica de la que hablaba, y supone un revelador e inesperado cambio de tercio expresivo y estilístico del que conviene alegrarse y congratularse.

Si en algún momento hemos tenido miedo a la posibilidad de que los discursos de ambos creadores acabaran encerrados en su propia telaraña y sufrieran el virus del estancamiento o la repetición de esquemas, “Stare” llega para quitarnos todos los pánicos posibles: tanto Arnalds como Frahm demuestran en esta media hora larga sus ganas de evolucionar, crecer y experimentar con nuevas ideas y sonidos. Ni el piano de Frahm es protagonista ni tenemos noticia de las pequeñas piezas de cámara de Arnalds, más bien todo lo contrario. Como si ambos formaran un ensemble electrónico de nuevo cuño, al margen de backgrounds y trayectorias, los dos músicos se adentran en el ámbito del ambient cósmico e incluso del techno de baja intensidad para partir de cero.

“a1” y “b1”, apertura y cierre del EP, por ejemplo, invocan el espíritu de Tangerine Dream y Steve Reich, pero con ese sentido de la intimidad y la introspección que caracteriza el discurso de ambos. Tienen deje cósmico, pero de puertas adentro, lejos de la gran épica y las megaconstrucciones. Aunque es en el remix de Max Cooper de “a2” donde todo se sale de madre, en el buen sentido, pues aquí ambos firman una canción heredera directa de Nathan Fake y el sonido Border Community, con bombo, noise envolvente y melodías shoegaze. La pieza original de la que sale esta remezcla es la más convencional del cuarteto, pero incluso así difiere radicalmente de lo que es habitual en sus discursos: un mantra ambient a lo William Basinski en el que no queda ni rastro de sus armas de ataque.

Lo mejor de “Stare” ya no es el cambio de tercio promovido por sus dos responsables. Ni tan siquiera la sutileza emocional o la elegancia formal de las cuatro piezas que lo componen. Lo mejor no es lo que vemos o escuchamos, sino lo que intuimos y sentimos que puede llegar en un futuro no muy lejano si estos dos personajes deciden continuar con esta alianza en un proyecto más meditado y elaborado que acabe materializado en un disco. Esto es un esbozo, un aperitivo, una primera toma de contacto, pero no podía ser más esperanzadora y prometedora.

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