Stage Whisper Stage Whisper

Álbumes

Charlotte Gainsbourg Charlotte GainsbourgStage Whisper

6.3 / 10

BECAUSE MUSIC

Uno de los problemas con que lidia la carrera de Charlotte Gainsbourg es el de la distancia. En primer lugar, la distancia existente entre ella y su icónica pareja de padres: aunque la hijísima ha venido haciendo todo lo posible por evitar cobijarse bajo su sombra, se le sigue comparando con ambos a menudo, le guste o no. Después está la distancia que media entre su carrera musical y la cinematográfica, dos caminos artísticos casi contrapuestos de cuyas diferencias y similitudes Charlotte sólo asegura haberse apercibido recientemente, durante el rodaje de la interesante pero fallida “Melancholia” de Lars Von Trier. Por último cabe señalar también otro recorrido, temporal en este caso y decisivo al abordar el análisis estético de sus discos. Se trata del existente entre pasado y futuro, de esa dicotomía entre lo vintage y lo avanzado que gobierna sus álbumes y que tan bien han definido desde Pitchfork como paleofuturista. Salvando dichos trechos como puede, su carrera ha ido emergiendo poco a poco como la de una cantante a la que le cuesta ser cantautora, como la de una voz que necesita escudarse en los nombres de otros: queda claro que no hubiera podido firmar ninguno de sus discos sin las nóminas de colaboradores de renombre que adornan sus tracklists, pero también que son ellos quienes la han impedido brillar por sí misma. Y esta sería, pues, una cuarta distancia, la más importante a superar por Charlotte si quiere que su tímida personalidad hable con voz propia de una vez por todas.

“Stage Whisper” es su último lanzamiento discográfico y el nuevo intento por superar todos esos hándicaps. El repertorio lo forman 19 cortes, once de los cuales pertenecen a tomas en directo de su gira veraniega de 2010. Quizá por tratarse de prácticamente sus primeras apariciones en directo, ponen de manifiesto que aunque la chica lo da todo, su arte pierde magia y pegada sobre los escenarios. Le cuesta pintar con nuevos colores los temas del fabuloso “IRM” y los del relamido “5:55”. Parece tener miedo a moverles aunque sea mínimamente de su sitio ( “Trick Pony”, “In the End”) y algunos como “Heaven Can Wait” suenan casi a parodia de sí mismos. La guinda del pastel la pone una versión de la sacra “Just Like A Woman” en plan nana caprichosa. Por lo que respecta a los restantes ocho cortes de estudio, poco que decir. Todos inéditos hasta ahora, la mayoría pertenecen a descartes de las sesiones de grabación de “IRM” y, a pesar del carácter ecléctico de aquel álbum, se entiende al instante por qué no cupieron en su metraje: suenan planos y deudores de un embrujo mayor. Hay pequeñas ideas en “White Telephone”, “Out Of Touch”, “Anna” o la gélida “Got To Let Go”, pero no son más que eso, detalles que tienen que hacer frente al hecho de no ser grandes canciones. Esta vez el plantel de invitados indies incluye a Conor ‘Villagers’ O’Brien, Noah And The Whale, Connan Mockasin y, cómo no, su fiel escudero Beck, quien le regala la goldfrappiana “Terrible Angels” y la templada “Paradisco”; medianías que le alejan de aquel lugar al que parecía destinada a llegar y que, tras dos años sin tener noticias musicales de ella, nos hacen pensar que todavía le queda más camino por recorrer del que nos pensábamos.

Cristian Rodríguez

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar