Square Square

Álbumes

Redshape RedshapeSquare

6.8 / 10

Es innegable que la excitación alrededor de Redshape se ha venido reduciendo con el paso de los años. Lejos quedan los momentos, a mediados de la década pasada, en que cada uno de sus maxis era esperado con fruición. El paso del tiempo, sin embargo, también ha servido para confirmar que el recorrido de su discurso podía llegar mucho más allá de donde alcanzara la onda expansiva de la explosión neo-Detroit que asoló las cubetas hará más o menos un lustro. La prueba definitiva de que lo suyo iba más allá de la estela de maestros como Carl Craig fue el álbum “The Dance Paradox”, en el que demostraba que también podía desenvolverse en formato largo, eso es sin someterse estrictamente a los dictados del baile y ofreciendo nuevos puntos de fuga por la vía de la profundidad. Tres años después repite la jugada con “Square”, un disco aún más alejado de los parámetros clubbers que arroja unos resultados un tanto tibios.

A pesar de que su fichaje por Running Back, un sello con un target potencial bastante más diverso que el de Delsin, podía dar a entender la búsqueda de nuevas audiencias, si algo ha caracterizado la carrera de Redshape es la congruencia y la fidelidad a unos principios sonoros, en su caso, sobra decirlo, el techno de Detroit. Esta fijación se mantiene a grandes rasgos, pero dejando espacio para los matices y sin cerrar la puerta a las bifurcaciones. En este sentido llama especialmente la atención “Until We Burn”, la colaboración con The Spaceape. Más allá del hecho de incorporar un vocalista (algo hasta ahora inaudito en sus producciones), el track destaca por su acercamiento, no sabemos si consciente o accidental, al trip hop de brumas tóxicas. También llama la atención que una cuarta parte de los doce cortes del disco prescindan por completo de elementos rítmicos. Pero, a decir verdad, a pesar de aferrarse a la belleza desolada que suelen evocar sus omnipresentes pads, “Orange Clouds”, “Landing” y “Departing” no acaban de dejar una huella suficientemente profunda como para ser considerados como poco más que interludios (probablemente fueron concebidos como tales).

El grueso del disco repercute en las evoluciones downtempo que poblaban algunos momentos de “The Dance Paradox”, acentuando la influencia de la IDM británica que ya asomaba en ese disco, sobre todo en composiciones como “The Channel”, “Atlantic” o “Moods & Mice”, en las que la luminosidad y la evocación a la esperanza ganan terreno a la vertiente más sombría de su sonido. A pesar de la factura impecable en estos casos se echa algo de menos el cierto grado de dramatismo y tinieblas que caracterizaban sus producciones más gloriosas. Atmósferas sofocantes que sí aparecen en tracks como “Paper” o “Enter The Volt”, producciones de ritmos entumecidos en las que se acerca a las coordenadas de techno comatoso de Kassem Mosse o Andy Stott pero sin alcanzar los mismos niveles de enjundia emocional.

Con todo, también hay espacio para su sonido clásico. “It's In Rain” recupera la senda del techno renegrido de pads malévolos, acentuando el factor distópico con un sample vocal refiriéndose al “caos, la confusión y el pánico”, mientras que en “ Starsoup” recupera los arpegios volcánicos con el matiz de estar propulsados por un ritmos shuffle. Para poner punto y final al disco Redhsape entrega una versión más pulcra de “The Playground”, el primer track con el que nos robó el corazón ahí por 2006. Con decir que este es el momento más satisfactorio del disco sobra para entender que el hombre de la máscara de plástico ha conocido tiempo mejores. Y es aunque con sus habilidades en el estudio y su indiscutible personalidad probablemente le baste para contentar a los fans más acérrimos, “Square” parece un trabajo facturado más por inercia que por la necesidad expresiva.

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