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8.3 / 10

Weekend Sports SLUMBERLAND Sin verla casi venir, ¡toma!, bofetada de Slumberland. Si en 2009 al sello de Oakland le crecieron las arcas con la proyección de The Pains Of Being Pure At Heart, en esta ocasión su gran tanto de la temporada se lo apunta de la mano de Weekend. Su debut, “Sports”, es muy oscuro y muy ruidoso, algo así como encerrarse en una caverna petada de decibelios que te hacen sangrar los oídos. Estilísticamente, “Sports” funciona en varios frentes que cada vez tienden más a converger: el noise rock, el shoegazing y el post-punk. Se trata de un disco cerrado, sin salida, al límite, en el que esos tres estilos se dan la mano sellando un pacto amistoso de no agresión que no tardarán en incumplir: acaban a hostia limpia. Porque Weekend saben que para triunfar con todas las de la ley hay que llevar las cosas al extremo, y que revisar a fuego los legados de My Bloody Valentine, Sonic Youth, Joy Division y The Jesus And Mary Chain implica hacerlo con todas sus consecuencias. Si la cosa sale bien te has ganado la vida. Si no es así, la fotocopia no tardará en acabar en la papelera. Lo digo porque, ¿se han fijado en lo mal que envejece el “Primary Colours” de The Horrors? Mismamente “Sports”, disco al que recuerda de refilón, podría utilizarse en su contra. En ambos álbumes la coartada conceptual, las herramientas y hasta la ausencia de luz son las mismas; no así la entrega. Hay en Weekend algo menos empático que en The Horrors, aunque mucho más radical. Si de “Primary Colours” siempre temimos que su sangre fuera artificial, de “Sports” enseguida queda clara una cosa: está hecho de otra pasta más resistente a la física. Escuchen la incansable “Age Class”: sus recovecos tienen más peligro que los de una navaja suiza.

Más inteligentes que aquellos y más abrumadores en el songwriting que A Place To Bury Strangers, los de San Francisco han escrito un disco de cimientos tan resistentes que podría soportar cualquier terremoto. Uno de esos títulos con los que autoinmolarse como grupo: podrían morir mañana y morir tranquilos. Lo acojonante del asunto es que estamos ante su debut, un debut cocinado apenas un año después de que se formaran como grupo y del que sorprende para bien la sobriedad y la chulería con la que lo han compuesto y grabado. Pendientes aún de la prueba del directo tan decisiva en formaciones de este calado, las maneras de Weekend no pueden presentarse más apabullantes. Directo desde el primer disparo – “Coma Summer”, casi siete minutos con una pistola en la sien– y tenso hasta el último, “Sports” es todo distorsión, fuzz, feedback y ruido blanco. Al principio sólo se advierte el volumen taladrador de las altísimas guitarras, el cual duele como la peor variz de los ochenta ( “Monogah VW”). Mas si uno baja el vúmeter –prueba de fuego para ver cómo funcionan en las distancias cortas este tipo de discos de sonido impresionante– comprobará que las canciones responden igual de bien. Y lo hacen porque están concebidas como un todo que es más que la suma de sus partes y porque la estructura alrededor de la que se vehicula todo el conjunto confiere al álbum una fuerza arrolladora. En “Sports” la voz se difumina por los canales hasta perderse en la distancia, los volátiles coros asoman desde sus cavernas sólo lo justo para atacar al inconsciente antes de volver a recogerse, los desarrollos instrumentales se manejan con un brío tremendamente poderoso.

Absolutamente todo funciona al milímetro en la difícil empresa de cuadrar textura, atmósfera y melodía. Quizá todo radique en el hecho de que aquí las influencias se presentan asimiladas y no calcadas. “End Times”, por ejemplo, es su “Love Will Tear Us Apart” particular, pero digerida, regurgitada y vomitada de una forma diferente. Por eso “Sports” se alza como uno de los discos de guitarras más interesantes, bestiales y bellos del ejercicio que acaba. Su onda expansiva a base de remolinos de ruido hará las delicias de quienes no han tenido suficiente con ataques recientes como los de Titus Andronicus, Grinderman, No Age o Sleigh Bells. ¿Necesitan más virulencia sin concesiones?: razón aquí.

Cristian Rodríguez

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