Spiderwebbed Spiderwebbed

Álbumes

Stumbleine StumbleineSpiderwebbed

7.3 / 10

¿Hasta qué punto la influencia de Burial puede llegar a ser una parodia en sí misma? En estos últimos tres años han surgido tantas propuestas deudoras de su sonido que es lícito plantearse si la utilización de samples de voces femeninas melancólicas y fantasmagóricas o texturas ambient nocturnas ya es un gag del que acabaremos cansándonos. El caso es que, de momento, no se ha producido este hartazgo, y el magnetismo adictivo y esclavo que desprende su música parece contaminar también la de aquellos artistas que, sin mucho disimulo, toman prestadas algunas de sus ideas fundacionales para orquestar sus propuestas. Un buen ejemplo de ello es Stumbleine, proyecto en solitario de un misterioso músico y productor británico, aunque se sabe que también formó parte de Swarms –tres miembros, ya podemos jugar al Cluedo­–, que a pesar de pautar y explicitar sin rubor alguno sus deudas con “Untrue” consigue hacernos olvidar el excesivo apego de sus canciones a las del productor londinense y sumergirnos en su mundo de sonidos evocadoramente melancólicos.

Stumbleine es como si Burial rebajara el pitch de sus ritmos, cambiara los breaks por beats hip hop e incluyera pasión shoegaze a sus recursos ambientales. Por ahí se habla de chillstep para definir su música, pero como andamos saturados de etiquetas fugaces con pocas posibilidades de perdurar más allá de la calentura del momento, casi mejor encajar las canciones de este proyecto en un punto de encuentro entre Burial y la escena chillwave, aquí sin cantante ni base rítmica instrumental, pero con efectos emocionales y estéticos muy parecidos, y quedarnos donde estamos. Dubstep más bien poco; en todo caso esto es una versión domesticada y sensible, con algunos momentos en los que incluso se podría llegar a flirtear peligrosamente con una concepción casi chill out, que no es el caso. Pero incluso con todos estos atenuantes, sigue habiendo algo en sus entrañas que le distingue de otros copiones con buen papel cebolla pero poco olfato para dar con melodías y atmósferas que merezcan la pena.

“Spiderwebbed” es el esperado debut largo del artista de Bristol después de un par de EPs que han tenido buena acogida y unos cuantos remixes que se han encargado de poner en el mapa su sonido. Y como se trata de la puesta de largo y, en cierto modo, de la carta de presentación oficial es este un álbum de consenso en que se exponen todas las claves sonoras y estéticas que definen su personalidad: el tempo tranquilo, las explosiones de melodía ruidosa, los samples de R&B quebrados, acelerados o ralentizados y las licencias pop. La versión del “Fade Into You” de Mazzy Star es una muestra indicativa del ámbito en que se mueve su propuesta: entre el folk, el shoegaze, el pop-ambient y el post-dubstep. A diferencia de sus anteriores EPs, donde quizás la patente Burial era más explícita y constante, en “Spiderwebbed” Stumbleine opta por alejarse ligeramente de ese registro para orquestar una aventura de calado más pop. La presencia de hasta tres colaboraciones vocales –Coma en “The Beat My Heart Skips”, de inspiración noventera; Steffaloo, en la ya citada “Fade Into You”, casi idéntica a la original; y Birds Of Passage en “Catherine Wheel”– acentúa esta sensación de alejamiento deliberado del abuso de samples de voz y, de rebote, le transfiere un aire más ortodoxo al conjunto.

En líneas generales, este es un debut sólido y convincente en el limitado terreno en el que maniobra. Anda falto de originalidad e ideas propias, y es probable que en el marco de los numerosos lanzamientos que aterrizan estos días con la etiqueta chillwave en el código de barras a más de uno le pueda pasar desapercibido. Pero en “Spiderwebbed” encontramos suficientes momentos de aturdidora belleza formal y emocional –mis favoritos, “Honeycomb”, “Capulet”, “The Corner Of Her Eye”, “Kaleidoscope” o “Cherry Blossom”– como para ver en Stumbleine algo más que una fotocopia de pop ensoñador y melancólico. Toda la espontaneidad e imprevisibilidad que le falta al discurso queda bien suplida y compensada por un particular y recomendable sexto sentido para dar con melodías memorables que dejan huella.

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