I Speak Because I Can I Speak Because I Can

Álbumes

Laura Marling Laura MarlingI Speak Because I Can

6.8 / 10

Laura Marling  I Speak Because I Can VIRGIN

¡Con sólo veinte años y lo que ya ha conseguido la chica! Que no es poco, porque codearte con otros artistas de tu misma quinta para lograr así darle brillo a tu incipiente carrera ( Adam Green, The Rakes y Mistery Jets, por ejemplo), y liarte con el cantante de tu banda (hablamos de Charlie Fink, de Noah and the Whale), abandonándolo después (y al grupo también, claro) al chamuscarse el flechazo y dando pie así a una biografía propia de solapa de best-seller en la que hay amoríos, relaciones maduras y la foto de una chica guapa, pues bastante mérito tiene la cosa, hay que admitirlo. Así que aunque la música de Laura Marling sea una mezcla entre Mumford And Sons y un Springsteen reducido (del estilo del “The Ghost Of Tom Joad”), con toques (salvando mucho las distancias) de Andrew Bird, algo tiene en la caja fuerte: es efectiva. Tira de género como un gordo de la nevera.

Antes de nada hay que apuntar que, además, Marling pretende hablar sobre algo (léase “feminismo light”) mediante una colección de textos sobre el desamor, la desazón existencial, la tristeza azul del cielo y otras metáforas igualmente manidas que todos hemos escuchado con anterioridad. El mismo título, “I Speak Because I Can”, es toda una declaración de intenciones, y durante la escucha podremos apreciar otros mensajes (algunos subliminales, otros no tanto, como “ There Is A Mind Under This Hat”) que irán por los mismos derroteros. Afortunadamente, Ethan Johns es el productor (y responsable también de trabajos de Crowded House, Emmylou Harris, Rufus Wainwright, The Jayhwaks y otros tantos conocidos) y le da al disco aquel aire a limpieza, a desierto sin bolas rodantes de paja ni cactus a la vista, aquel aire a country alternativo televisivo. Y hay que decir que funciona. Los temas que representan este sonido semiorquestal que busca el temblor en la comisura y el lloriqueo fácil se distinguen con extrema facilidad. “ Blackberry Stone” es una canción del oeste más melodramático roto por un violín que hace de cortina y una guitarra rítmica que trota a paso medio (durante todo el disco). El melodrama también se palpa en “ Rambling Man”. La letra no tiene desperdicio (es muy pornográfica): “ it’s hard to accept yourself as someone you don’t desire / As someone you don’t want to be”. Se puede poner de fondo mientras se ve el final de un episodio de Anatomía De Grey. “ What He Wrote” es otro puñetazo al corazón, inspirado en antiguas cartas de amor en tiempos de guerra. El recurso de los coros aquí ejerce de voz en la retaguardia que le confiere al tema el aspecto fantasmal que, no obstante, la voz de Marling es incapaz de transmitir. Los ecos de Nick Drake (sin arrastre de consonantes) en “ Made By Maid” podrían ser una influencia interesante en la que profundizar de cara al futuro, pero está claro que todo se queda en la efectiva, pero mainstream, carta de presentación “ Devil’s Spoke”.

El principal interés de “ I Speak Because I Can” se reduce al mix de todos estos elementos (coros, orquesta, guitarras al trote), algo que se logra en la intensa “ Alpha Shadows” (que parece que no tiene abuela y se da una importancia casi épica en la parte final), “ Goodbye England (Covered In Snow)”, primer single que podría haber firmado Tori Amos, que consiste en una nueva apología de la lírica romancera new age y el estudio de aquellas tristezas que no se sabe de dónde vienen ni a dónde van, y la redonda y más madura del conjunto, “ Hope In The Air”. Por su parte, “ Darkness Descends” será la única canción semibailable del disco que encontraremos (ahora Marlango parece que intentan simular esto), enfatizando así el remanso de paz que son los temas restantes.

Laura Marling afirma estar influenciada por ilustres nombres como Dylan, Neil Young, Will Oldham o Joni Mitchell. De momento es más como aquellos que hemos mencionado más arriba, aunque todo es evolucionar, madurar, y el primer disco de la inglesa, aquel regular “ Alas I Cannot Swim”, ha dejado paso a una mancha de tristeza cuyos objetivos vuelan mucho más alto. Es cuestión de ver si lo hacen como palomas de la paz o como águilas imperiales.

Jordi Guinart

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