A Spare Tabby At The Cat?s Wedding A Spare Tabby At The Cat?s Wedding

Álbumes

Moon Wiring Club Moon Wiring ClubA Spare Tabby At The Cat?s Wedding

8.3 / 10

Moon Wiring Club A Spare Tabby At The Cat’s Wedding GECOPHONIC AUDIO SYSTEMS

El mundo de Ian Hodgson no es fácil de comprender y ahí quizá esté la explicación a una pregunta que muchos nos hacemos desde hace tres años: ¿por qué no se le conoce más, por qué sigue siendo un excéntrico semi-ignorado a pesar de los esfuerzos de fans ilustres y periodistas insignes por difundir su labor? Tengo la sensación de que, desde el momento en que se usa la palabra excéntrico, muchas puertas se cierran para los artistas a menos que seas una diva pop con el cabello teñido. Ian Hodgson se hace pasar por mucha gente –el Moon Wiring Club lo compone sólo él disfrazado tras la identidad del caballero que se hace llamar Doctor Lettow-Vorbeck, a pesar de que nos quiere hacer creer que también tienen carné de acceso Paris Green, el científico Almond Talbot y la actriz Pomona Fripps– y, al mismo tiempo, su música se hace pasar por muchas épocas. Así es difícil conseguir que tu mensaje llegue claro, incluso para quienes consumen electrónica de base experimental. De todos modos, no me resisto a creer que el misterio y la retórica que rodea a Moon Wiring Club rompa algún día la barrera del underground profundo y consiga que la música de Hodgson encuentre un público mayor, como hace años lo lograron Pram y hace muy poco también Mordant Music, porque ni de lejos lo suyo es tan hermético como lo del otro gran misterio de la escena hauntológica, The Focus Group.

Bien, ya lo he dicho: Moon Wiring Club es un nombre clave de esa hauntology de la que ya no se habla y tan de moda estaba el año pasado. Su técnica es la del collage y su paleta de colores la de todas las música posibles. Moon Wiring Club, de hecho, intenta crear la ilusión de que ha existido siempre y que los orígenes del proyecto se remontan hasta el siglo XVI –aunque sin intentar ser una suma shakespeariana de todo el espíritu humano, de sus flaquezas, virtudes y dramas–. Inconforme con el momento presente, Moon Wiring Club busca en el pasado épocas más nobles y atractivas: en lo conceptual, son la dinastía de los Tudor y la Reina Victoria, culmina el álbum con ese “Edwardian Romance” y salpica los títulos con referencias monárquicas y épocas de gran esplendor imperial ( “The Victorian Butter Boat”, “The Garden Was A Picture”), alusiones a espacios de felicidad y plenitud ( “The Last Arcadian”) y una regresión que en principio debería ser hacia la infancia, como en Boards Of Canada – “The Owd Wedding March” podría ser una pieza de aquel EP de los escoceses titulado “In A Beautiful Place Out In The Country”– y tantos otros nuevos cachorros de la chill-wave. Pero hay que tener en cuenta que el reino de Hodgson no es el del pop, aunque su música se deje escuchar con fluidez, en un estado entre la alerta, la hipnosis y el desconcierto. No hay nada trivial ni premeditadamente relajante en sus cortes. Hay, en cambio, un abundante manantial de referencias y una voluntad de exprimir una técnica de producción al alcance de pocos músicos que funcionan en su mismo campo, el del cut-up sampledélico.

La diferencia entre Moon Wiring Club y, por ejemplo, The Focus Group (recordemos el álbum compartido por el grupo del sello Ghost Box junto a Broadscast del año pasado) está en el nivel de esoterismo. Hodgson no se obsesiona con la library music rara, ni con los DVDs del British Film Institute, ni mucho menos con la edad de oro de los efectos de radio en la BBC. Por supuesto, hay algo de eso, pero no exclusivamente: también hay campanillas y aves, sintetizadores viejos y música para bebés. Sus piezas no son ni tétricas ni pobladas de espíritus del pasado, sino más aventureras. Si quieren una comparación literaria, mientras otros son Ballard o Stapledon, él es más Jules Verne y no sólo por la constante identificación con el mundo proto-científico y caballleresco del siglo XIX que le lleva a dar la vuelta al mundo, como Phileas Fogg, en ochenta samples. A la vez que todo eso, en el collage de “A Spare Tabby At The Cat’s Wedding” –muy Lewis Carroll ese título, si se me permite– hay surrealismo propio de los años 30, pop-art en la ilustración de la portada (responsabilidad, como en los otros tres álbumes que ya lleva publicados Moon Wiring Club, de Kynaston Mass) y la superposición de diferentes estilos, de la electroacústica al jazz, del proto-techno a la bossa nova, de la psicodelia al hip hop. No en vano, el libreto indica que todo el audio se capturó en el “Curtian drapped studio 1989-1981”.

Como el “The Way Out” de The Books, este disco es un laberinto de sonidos construido con paciencia en un estudio de grabación siguiendo las técnicas de los mejores sampleadores del hip hop, pero en lugar de breaks y acordes funk, hay clavicordios electrificados, ritmos gomosos de prog-rock, sonidos de sinte inquietante y la misma aura de ciencia-ficción kitsch que se podía encontrar en los discos que Sukia entregaron para el sello Mo’Wax. No hay ningún motivo para no entender a Moon Wiring Club. Aunque es cierto que, por muy fácil que lo ponga, en realidad siempre hay trampa: intenten comparar la versión en vinilo del álbum y la del CD que he cometado aquí. Los títulos son idénticos, la música no. Si te fascinan las realidades paralelas y alternativas, haz como yo y defiende a este pequeño genio con uñas y dientes.

Richard Ellmann

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