A Space Without Corner A Space Without Corner

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SuperBravo SuperBravoA Space Without Corner

8 / 10

LES DISQUES BIEN

La conocí en un antro de París. Llevaba los labios de un rojo subido y el pelo salvaje. Se le había roto un tacón pero no parecía importarle al subirse a aquel escenario de techo bajo. Desde el momento en que comenzó a cantar me inquietó su aire de femme fatale sola a la guitarra, disparando dardos envenenados y torciendo sonrisas. Recuerdo que “Cars”, el single más claro de este recién estrenado debut, se me quedó grabado al instante, y que el recuerdo difuso del resto de temas continuó ronroneando en mi cabeza, como un tiovivo, durante las próximas semanas. Sólo más tarde me enteré de que aquella pequeña obsesión de nombre SuperBravo era el recién estrenado juguete de Armelle Pioline, líder junto a su ex-pareja Dominique Dépret aka Mocke de los parisinos Holden (protegidos de Uwe Schmidt: Señor Coconut, Lisa Carbon Trio). El caso es que me guardé a buen recaudo el bombástico nombre con que Armelle había bautizado al nuevo proyecto.

Cuando volví a España ella debió quedarse en Francia, dando conciertos por la rivera del Canal de Saint Martin y perturbando corazones. Tuvo que ser entonces cuando empezó a grabar este flamante disco. Un disco del que hasta ahora sólo se habían podido testar en un 7” autoeditado “Cars” y “Dewdrop”, dos ejemplos perfectos de las dos caras de Armelle plasmadas en el álbum: la acaramelada y la atrevida. “A Space Without Corner” sabe así, contrastado, sugerente, un poco como uno de esos chocolates picantes aderezados con chili. Su producción es tan sedosa como crujiente y está influida en palabras de nuestra protagonista por otro inolvidable debut francés: “La Fossette” de Dominique A (1992). Precisamente, es ese deje doméstico que despide, ese aroma a cuatro pistas, el que permite que por algunas rendijas se cuelen elementos que lo ensucian todo levemente, con una violencia implícita, consiguiendo que las canciones suenen pícaras, perturbadoras.

Y aunque el tono general del álbum es esponjoso y poco abrupto (ahí están para demostrarlo temas como la preciosa “Motherland”, con un título muy Patti Smith, o “Dined And Wined”, un muy bien traído cover de Syd Barrett), no es difícil imaginar a Armelle tan enamorada de Violeta Parra como del indie eléctrico más iconoclasta de los noventa. Cortes como la juguetona “One Of It” o la inmejorable apertura con “Different Sound”, hablan de una voluntad por intentar sonar diferente que es la que la permite, un poco como ocurre en Charlotte Gainsbourg, caer de forma diferente en el saco de las cantautoras actuales. Clásica pero curiosa, tan reflexiva como entregada a la acción, así es como se personifica Armelle en SuperBravo. Como una alternativa a medio camino entre las divas underground y las mainstream, entre Hermine y Carla Bruni. Y demostrando, de paso, bastantes más aptitudes que otras efímeras diosas de jeans ceñidos tipo Lana del Rey.

Cristian Rodríguez

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