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7.9 / 10

ROBOTS DON’T SLEEP - PROJECT MOONCIRCLE

Cuando todo el pescado está vendido, cuando sabes que ahí fuera hay cientos de Lazarillos de Tormes dispuestos a robarle el queso y el vino a cualquier ciego que se preste a escuchar sus canciones, tienes que elegir con mucho cuidado e inteligencia los sonidos y las atmósferas que vas a crear. No querrás que te tomen por un pillo ventajista que se aprovecha del momento y las debilidades de los otros. El nuevo hip hop instrumental –llámale wonky, llámale new beat, llámale Art Vandelay, me la trae al pairo– es un pollo indecentemente relleno al que las costuras comienzan a fallarle. Empieza a ser imposible contener toda la chicha que, de un tiempo a esta parte, ha ido acumulándose en las entrañas de un movimiento que comenzó siendo delicatessen y cada vez se parece más a un cubilete de Kentucky Fried Chicken rebosante de alitas y muslos. Digo esto porque me congratula comprobar que ahí fuera todavía hay cerebros capaces de ofrecer, con los ingredientes por todos conocidos, nuevas piruetas de interés para la grada. Mucho mérito tiene eso.

Robert Koch no se ha apuntado a ningún carro. Ha intentado tunearlo a su manera, revolviendo con cadencia y dinámica propias una viscosa masa de glitches, freak beats, IDM y dubstep. Tablas no le faltan al berlinés. Podemos rastrear su huella en el trío Jahcoozi, disfrutar de su sello Robots Don’t Sleep y lamer sin empacharnos su LP de debut “Death Star Droid” y sus varios EPs. El estilo es impepinable. Con lo fácil que es ahora asociar nombres y destapar influencias, nos encontramos con un segundo disco, un disco difícil, que sortea con autoconfianza las comparaciones y se muestra como una república independiente del beatmaking, sin afiliaciones californianas ni nada por el estilo. Koch se ha apropiado con toda justicia del término barefoot –etiqueta mareante que sirve para describir los nuevas mutaciones bass– y ha dado vida a una dimensión paralela de groove cibernético que distorsiona los sentidos.

El peso del dubstep es notorio en los cortes más nocturnos y humeantes. “Powerstrip 66”, con sus sintetizadores intermitentes, bajos cetáceos, ecos y distorsiones hormonadas, le debe mucho a las huestes de Croydon. También las reverberaciones y atmósferas fantasmagóricas de “Water And Solutions” evocan la frialdad lacerante de los sonidos urbanos (y fumados) de los projects londinenses. Es un hecho: cuando hay que facturar beats espectrales de sudor frío, Koch es un maestro infalible: sus sórdidos relatos escritos en sangre en el Ableton son una carta ganadora en un cancionero sin apenas desperfectos.

En esta tesitura de metalurgia wonky, Koch se rodea de un extravagante universo a medio camino entre la ciencia ficción, la cosmología, la banda sonora y las películas de terror. Eso sí, sin gore. Sin intestinos. Todo lo que hace denota una elegancia y una finura en la producción que muchos querrían poseer. Ahí está la psicodelia emo-minimal de “Patience”, la pisada industrial de “Late Introduction”, la inquietante “Night On Mars” –hip hop, violines desencajados y rayos láser–, los efectos hipnóticos con samples vocales en “Threats” –la cumbre del disco, a mi modo de ver–. Y el alemán también puede sacar músculo sin miedo a que la gente se ría de sus bíceps: el tipo da auténtico pavor en “Break The Silence”, una barbaridad que podría catalogarse como hardcore dubstep metal; si lo escucháis con auriculares sujetaos el esternón porque el corazón os podría salir disparado por la boca. Eso sí, no todo es música celestial. El Robot pierde impacto cuando introduce voces, lo podemos comprobar en “Atari You” –sobresaliente base dillaísta, con toques goth, pero cansinos versos y gorgoritos–, “Verbal Bruises” –apesta a Portishead– y “Brujeria”, con voz femenina estilo chill-out Café Del Mar. En este monolito de beats amorfos, digitalismo androide y wonkismo infeccioso, la abstracción total es la única forma de tocar hueso. Las voces, para la ópera. Salvo estas tres pequeñas lagunas, “Songs For Trees And Cyborgs” se levanta ante nuestras miradas con un aura aplastante, una fuerza capaz de doblegarnos el espinazo como papel de fumar y dejarnos profundas muescas en el oído con partituras de silueta dentada. Música de fin de siglo para comienzos de siglo.

Óscar Broc

PMC067 - Robot Koch vs Graciela Maria - Brujeria (Songs For Trees And Cyborgs, 2010) by Project Mooncircle

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