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8 / 10

La Buena Vida SoidemersolSIESTA / NUEVOS MEDIOS

La reedición de este icono del pop en castellano –que agotó hace tiempo las nueve mil copias prensadas tras su publicación a finales de 1997– es una grata noticia para fans recién llegados. También para los manirrotos que se arriesgaran a prestarlo sin garantías de vuelta o para los seguidores más cerriles del grupo donostiarra, que quizá sucumban a los encantos de un lanzamiento que, sólo por existir, ya resulta atractivo.

Grabado en Londres y mezclado en Madrid durante el verano de 1996, el tercer largo de La Buena Vida supuso la primera aproximación al mundo adulto por parte del quinteto, culminada tiempo después con el deslumbrante "Hallellujah!" (2001). Además, cortó por lo sano con la breve sedición bailable de "Magnesia" (1995), magnífico EP por el que ya aparecían líneas de expresión ajenas a la sonrisa.

Concebido para voz y orquesta, "Soidemersol" terminó contando con la participación instrumental de todo el grupo. Además, se registraron un par de altas que determinaron el resultado final. El cotizadísimo Joserra Semperena –busquen su rastro en discos de Quique González, Mikel Erentxun o Fito & Fitipaldis– ayudó con los arreglos esbozados por los guipuzcoanos, que no leían ni escribían música, mientras que el francés Louis Philippe dirigió a los dieciocho músicos británicos que, sin saberlo, estaban entrando en la historia del pop español.

Frágiles e hipersensibles, estas doce composiciones hurgan en heridas de pérdida y desencanto, pero se mantienen firmes ante las trampas de la sobreactuación. El rigor, la templanza y el derroche creativo de todos los músicos implicados se tradujeron en algunos de los mejores momentos –"Buenas cosas mal dispuestas", "Verano", "Matinée", "Desde hoy en adelante"– brindados por un grupo fascinante e irrepetible.

Puede que algunos esperaran una reedición más allá de lo facsimilar –no se incluyen fotos, textos, clips o descartes; la única novedad es la presentación en digipack–, pero "Soidemersol" sigue siendo un disco imbatible. El beatífico silencio del público madrileño –casi siempre ruidoso y charlatán– durante su recreación en el pasado Primavera Club es la mejor prueba de ello.

César Luquero.

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