Soft Will Soft Will

Álbumes

Smith Westerns Smith WesternsSoft Will

7 / 10

Al igual que Foxygen, el caso de Smith Westerns se puede despachar en dos líneas o en doscientas cincuenta y seis. Hablamos de críos que, todavía en edad de ir al instituto, publican discos que miran al periodo 1965-1975 (más o menos: “Sgt. Pepper”, proto-punk, garage, glam) con la misma naturalidad con la que otros asaltan épocas más recientes de la historia de la música. Es la ventaja de crecer musicalmente con internet, en la era de la sobreinformación, y que, sospecho, es entendida mayoritariamente como el reverso perverso del coleccionismo, que era la vía por la que antes se reverenciaba a los clásicos: en un momento estás nadando en una piscina de discos de Bowie y dos clicks más allá encuentras un sello dispuesto a publicar lo que has grabado con un par de colegas en la cocina de casa. Que estas referencias tan “serias” (todos de pie, ¡vamos!) pasen de un mero barniz ya es cuestión de la habilidad de cada uno. La pregunta, al menos una de las que cabe formular ante este fenómeno que no es nuevo pero que en los últimos meses ha dado muestra de hiperactividad, es: ¿Quiere alguien que tiene acceso a casi toda la música publicada durante más de medio siglo escuchar a unos esmerados copistas o prefiere acudir directamente a la fuente original? Es decir: ¿A partir de qué punto la copia comienza a ser original? ¿Tenemos tiempo para esto? Solo las canciones pueden medir la tolerancia de cada uno al cliché, y lo menos que se le puede pedir a estas es que nos sorprendan. Porque si encima creemos que no hay capacidad para la sorpresa en el pop de 2013, especialmente en aquel que saquea los nombres más sagrados del fetichista y se vale para ello de las mismas herramientas que hace 50 años, apaguen y salgan huyendo de aquí ya. Como la crítica musical también abusa de clichés a la hora de tratar música con clichés, aquí van unos cuantos lugares comunes, aunque no tengo del todo claro si sirven para defender o enterrar el trabajo del grupo de Chicago. Yo por si acaso intento lo primero.

1) “Soft Will”, tercer álbum de Smith Westerns, es eso que entendemos por “un disco de canciones”, más preocupado en agarrar al oyente con ganchos concretos que con un sonido original. Le da igual acudir a los medios tiempos (que resuelven especialmente bien, como es el caso de “White Oath”) y a las baladas sonrojantemente optimistas ( “Best Friend”, “Cheer Up”). Y esto es así teniendo en cuenta que los dos primeros discos del grupo, “Smith Westerns” (2009) y “Dye It Blonde” (2011) sonaban tan ásperos y placenteros como pasarte una lima por el oído para mitigar un picor interno. El primero venía marcado de fábrica por unas texturas y un ambiente sucios, por el garageo, la baja fidelidad y el bellísimo zumbido de lo casero, lo que permitió emparentarlo con el rock’n’roll y el punk en su condición de música poco cocinada y plenamente disfrutable. El segundo logró superar la timidez que desprendía su debut, y aportó brillo a la mezcla, así como algo del vapor y la sensación de espejismo propios de un sueño o de un colocón, que es a lo que se dedican todos los jóvenes cuando nadie les ve. En ambos casos, siempre con olfato melódico y la fuerza del power pop. “Soft Will” limpia de electricidad estática y de ruido unas composiciones en las antípodas de la experimentación, pone el foco en la limitada pero eficaz voz de Cullen Omori, en las guitarras sin filtros y en los coros victoriosos post-acné, añade complejidad compositiva a su receta (piano, arreglos de sintetizador; incluso se permite incluir un tema instrumental, “XXIII”) y, por usar el cliché definitivo y mortal, suena más profesional, una ambición de lo más natural en unos chavales que están creciendo en todos los sentidos. Produce, de nuevo, el omnipresente Chris Coady (Yeah Yeah Yeahs, TV on the Radio, Grizzly Bear, Beach House, Foals, Delorean).

2) Si a algo suena “Soft Will”, al igual que sus antecesores, es a la épica apagada del verano que se acaba (¿o es la juventud la que se acaba?), en un intento por capturar lo fugaz y lo vivido entre destellos de euforia y toneladas de entusiasmo desatado. La nostalgia, real o imaginaria por una época que no se ha vivido, es un problema común en el viejoven mundo del indie-rock y es resuelto. En Smith Westerns esta nostalgia casa a la perfección con el ímpetu adolescente que desprenden sus mejores temas ( “Be My Girl” e “Imagine, Pt. 3”, por poner dos ejemplos de sus primeros trabajos, a los que ahora podemos añadir “3 A. M. Spiritual”). También es utilizada por el grupo para potenciar el sentimiento de despedida en aquellas canciones que parecen destinadas a cerrar una de esas mixtapes grabadas para los amigos con los que estuviste en la playa, como es “Varsity” y como lo fue en su día la agridulce “Smile”.

3) “Soft Will” se explica por sí solo, como todo disco que aspire a cierta trascendencia más allá de lo coyuntural, pero ayuda mucho acudir a los dos primeros trabajos para entender este punto concreto en el que el grupo ha decidido superar todo aquello que le aplaudimos en el pasado y soltarse de la mano de sus mayores. Que Smith Westerns han crecido desde la buena acogida de “Dye It Blonde” es un hecho, como lo demuestran sus giras con Arctic Monkeys y Wilco o su presencia en los medios. Que han subido un par de escalones de golpe, también.

Con “Soft Will” algunos han incluido en sus name-dropping a los primeros Oasis y The Verve, que a su vez también fueron saludados en su día como prometedores revivalistas. Mi aportación: temas nuevos como “Idol”, “Glossed”, “Fool Proof” y “Only Natural” bien podrían encajar en la sensibilidad de gente como The Shins (musicalmente, a nivel de letras que hablan de vulnerabilidad están todavía un abismo más abajo), que son un grupo al que nadie en su sano juicio pondría en duda a estas alturas a pesar de viajar por caminos mil veces transitados y de trabajar para conseguir que su pop suene perfecto. Si esto fuera una revista en papel les aconsejaría que me mandasen ya al carajo y que cogieran esta hoja, la rompieran en cincuenta pedazos y se pusieran “Soft Will” esquivando los prejuicios del que está de vuelta de todo, del que vive con las orejas llenas de música. “Soft Will” es, efectivamente, lo más blando que ha hecho el grupo hasta ahora, a veces resulta incluso baboso, pero el eco jovial que deja, como si se resistiera a perder la ilusión por lo que está por venir (la madurez y las obligaciones contractuales: el horror, el horror), es algo que siempre se agradece entre tanta pose de niñato malo del rock, dicho sea de paso.

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