Soft Return Soft Return

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Grovesnor GrovesnorSoft Return

7.4 / 10

Grovesnor  Soft Return LO RECORDINGS

Con discos así se tiende a pensar que todo es una depuradísima broma, que no es posible que a estas alturas del partido pueda salir alguien reivindicando el pop AOR para yuppies de la bolsa que copó un buen puñado de minutos de la radio mainstream en los años 80. Escuchar a Grovesnor es como una regresión sin previo aviso, sin concesiones, a aquellos días en los que Patrick Bateman, carnicero de papel, escuchaba a Phil Collins mientras seccionaba globos oculares con su navaja de bolsillo; esos días en los que había fiestas sofisticadas en apartamentos de lujo de Park Avenue y, para bailar, se pinchaban los peores vinilos de disco music aparecidos en la última temporada y, de regalo, el último smash hit de Huey Lewis & The News. “Soft Return” es lo que el título del primer álbum de Grovesnor indica: pop blando (y blanco) y un regreso a los ochenta de sintetizadores suaves, melodías empalagosas, vocación bailable sin entrar directamente en las escenas electro, disco o synth-pop, con letras sobre comodidades de la era moderna –si se disponía de unos buenos ingresos– y bonitas historias de amor. Pinta baboso, ¿no es cierto? Pero resulta que, pese a todo eso, “Soft Return” funciona.

Grovesnor es Robert Smoughton, ex componente de Hot Chip que ahora se mueve en solitario yendo más lejos en el revisionismo del pop electrónico con trasfondo kitsch que la banda inglesa lleva promoviendo desde hace media década. Es decir, si antes la fijación era New Order, la referencia principal para medir el calado y la intención del sonido de este debut descolocante es el material que firmaron Daryl Hall & John Oates. No tiene por qué sorprendernos que alguien les cite o les reivindique: ya lo hicieron antes Chromeo –y nadie ha pedido aún una ejecución pública en la plaza del pueblo del dúo canadiense, por muchos detractores que vayan amasando por el camino–, y es más que probable que en una sesión de synth-pop vintage, de las muchas que ha habido desde que el electroclash se situó en el mapa del revival, caiga un “I Can’t Go For That (No Can Do)” –al estilo de DJ Yoda–. Pero en Grovesnor no es sólo una pincelada de estilo, una cita al pie de página o una licencia de mal/buen gusto, sino una constante de estas canciones que parecen congeladas en un tiempo en el que todavía no se había extendido el uso del ordenador personal ni nos imaginábamos el amanecer del teléfono portátil.

Los títulos y las letras comunican mucho sobre la voluntad criogenizadora de Grovesnor al usar recursos como un zapping de ondas de FM en “Turn Your Radio Up” y acudir a imágenes de lujo cotidiano como ese “Taxi From The Airport” que lleva al amante a los brazos de su chica tras un largo viaje de negocios. Pero lo que más habla es el sonido: sintetizadores de los que se tocan con dos dedos, pequeños y manejables; no es difícil imaginárselo con uno colgando del hombro al más puro estilo Jan Hammer, trazando un solo por un mástil de teclas y sobando el agarre superior como si fuera el tronco de su miembro viril. Por supuesto, la voz es dulce y ocasionalmente tratada con vocoder, muy de noches románticas con el skyline de la ciudad iluminado y recortado contra un gran ventanal sin cortinas ante el que dos amantes se abrazan y se besan mientras una copa de vino se derrama por la moqueta. Y los arreglos son finos y nunca invasivos: beats bajo control, racimos de notas en arpegio, algún que otro solo de teclado y, como no podía ser de otra manera, el arranque de saxo rompebragas que culmina “Find A Way To Stop Him”. Sí, Hall & Oates parece que se hayan reencarnado en un Grovesnor que hasta se lanza si pudor a la balada enternecedora con “Dragon Tree” y sale vivo en el intento.

Puede ser que cueste tomarse en serio “Soft Return”, pero no hay más remedio: aquí la ironía es inexistente, y la intención de replicar y homenajear una época denostada por sistema es férrea y honesta. Escuchamos “Dan” y no queda otra que pensar en aquellos Tangerine Dream que compusieron la banda sonora de la película generacional de la época, “Risky Business” (1983), aquella en la que un adolescente Tom Cruise que iba de yuppie organizaba la fiesta de su vida en casa de sus padres con una camada de prostitutas. También escuchamos “Soft Return”, el tema, y no queda más remedio que revisar si no se trata, en realidad, de la obertura del musical de Broadway con menos éxito de la temporada 81-82. Aunque si hay que señalar un momento especialmente logrado dentro del tramado retro del álbum, ahí tenemos “No Doubt About It”, en la que Smoughton pone su mejor voz de falsete, los teclados son razonablemente parecidos a los de los viejos hits italodisco –sección EXTREMADAMENTE comercial de Silver Pozzoli o Gary Low–, y las cuerdas sintéticas punteadas son las del “West End Girls” de Pet Shop Boys. El resultado un hit inapelable si se es capaz de admitir que su obsesión ochentas está resuelta con maestría, conocimiento de la materia y una honestidad que espanta de inmediato cualquier sospecha de broma pesada. Sí, Grovesnor suena retro y quizá hasta empalagoso, y su debut no deja de ser otra concesión a la nostalgia que, como ciertas prendas de ropa, sólo te pones durante un tiempo para luego quedarse olvidadas en las simas del armario –¿se acuerda alguien ahora de Heartbreak?–. Pero este año apetece ponerse una chaqueta blanca a lo Don Johnson en “Miami Vice”, salir a conducir tu Ferrari con la brisa dando sobre tu tez bronceada y tu pelo pajizo quemado por el sol. Apetece escuchar a Grovesnor porque, diablos, está bien hecho y el verano está a la vuelta de la esquina.

Javier Blánquez

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