Smother Smother

Álbumes

Wild Beasts Wild BeastsSmother

8.1 / 10

Wild Beasts  Smother DOMINO

El sexo tira mucho. Casi tanto como el verdadero juego del amor y sus dificultades. Wild Beasts lo saben bien. Su música desprende un desbocado erotismo y maneja el concepto del deseo como pocas. Lo demostraron con el tratamiento casi porno de “Limbo, Panto” y con la húmeda perfección del mejor polvo que echó el pop en 2009: “Two Dancers”. “Smother” ya es otra cosa. Moja igual pero con secreciones diferentes. Para empezar, una letra tan sensual como la ‘o’ se le ha caído del que parecía ser su título –“smoother”–. Mucho más suave, refinadísimo, el acabado del nuevo traje de Wild Beasts les sienta de lujo. Sus costuras son bien resistentes y, al tacto, agradan tanto como el terciopelo de Talk Talk y la seda de The Blue Nile ( “Invisible” parece sacada de “A Walk Across The Rooftops”). Asimismo, en las tareas vocales Hayden Thorpe se siente más Paul Buchanan que nunca. Grita menos y ha matizado tanto su expresionismo vocal que decir que su voz y la de Tom Fleming juntas suenan sexys es quedarse corto. Con un panorama así de lubricado, no es difícil alcanzar un orgasmo mientras se escucha “Smother”.

Discreto y suntuoso, es un disco para disfrutarse con los ojos vendados, un disco que suena a puerta cerrada comparado con los extrovertidos “Limbo, Panto” y “Two Dancers”. No tiene el impacto cabaretero del primero ni la voluptuosa pegada del segundo. Más que incitar a la promiscuidad, parece la banda sonora de uno de esos encuentros sexuales de consolación en los que, rota ya la pareja, el sudor se mezcla con las lágrimas. Los bajos se deslizan como serpientes sobre la piel y los sintetizadores parecen susurrar faltas nunca confesadas. “Smother” rebaja la cota de pecados como la ira, la avaricia y la gula, pero reincide en la vanidad y la lujuria. No hay hits tan obvios como antaño, los ganchos de efecto son tímidos ( “Deeper” no precisa ni de puente para sonar completa) y, sin embargo, el embrujo es total. Más allá de disparos certeros como la tenebrosa bienvenida de “Lion’s Share” y las cuerdas orientales de “Burning”, poco a poco se acaba cayendo en redes calientes como la de “Plaything” o en trampas de guitarras escuela Radiohead como “Reach A Bit Further” o la exquisita “Loop The Loop”. Por cierto, en esta última se localiza el principal punto erógeno del álbum, allí donde se explica que “las personas son las cosas más extrañas”. Es un verso de alto octanaje que ilustra a la perfección por qué “Smother” es algo que ansiar cada noche, algo tan deseable como una ‘pequeña muerte’ cualquiera.

Cristian Rodríguez

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