Smoke Ring For My Halo Smoke Ring For My Halo

Álbumes

Kurt Vile Kurt VileSmoke Ring For My Halo

8.5 / 10

Kurt Vile  Smoke Ring For My Halo MATADOR

Cuando era pequeño, su padre escuchaba sin parar country y bluegrass. Luego, como a todos, a Kurt Vile le llegó su etapa punk y se quedó atascado en ella. Sin embargo, en el fondo de su ser, él siempre supo que algún día tendría que escribir este disco, un disco que aparcara su astucia garagera y destapara su vena más lírica. Anticipado en ciertos temas de “Childish Prodigy” (2009) como “Overnite Religion” o “Unknown” y, susceptible de ser sospechado en las entrañas del fastuoso EP “Square Shells” que entregó el año pasado, “Smoke Ring For My Halo” modifica el trato que su autor despacha a las texturas, haciendo que estas se dilaten y tiendan hacia una clasicista visión de la “cosmic american music”. En realidad, Vile está pasando por la misma fase que su banda paralela The War On Drugs –la propia hasta ahora eran The Violators–, a la cual pudimos ver acariciando similares sensaciones telúricas en su reciente EP “Future Weather”. La importante herencia folk-rock psicodélica de su tierra, Filadelfia (que va de Jim Croce y Todd Rundgren a colegas suyos recientes como el fallecido Jack Rose o Meg Baird, de Espers), parece guiar a nuestro trovador de lacia melena por dicha senda en el que es el cuarto álbum de su carrera.

El sonido de este maravillosamente titulado “Smoke Ring For My Halo” transmite exactamente esa sensación: la de un anillo de humo que rondase sobre la aureola de su autor. Deliberadamente lineal y agotado, el álbum lleva a Vile a ahondar en la exploración emocional de aguas tranquilas, más que a epatar con el tipo de violencia explícita que hasta ahora predominaba en su carrera. Aquí se aparca la influencia de The Stooges y se da forma a un repertorio calmo e intrincado que recuerda con fuerza al ominoso Cass McCombs; sobre todo cuando se escuchan los tintes dream-pop de “In My Time” o de esa “Baby’s Arms” con la que se despereza el álbum. Con ella, el tono del mismo se presiente dulce y amable, aunque poco a poco irá tornándose cada vez más cínico. En ese sentido, la doliente “Society Is My Friend” no puede sonar más misántropa: "La sociedad es mi amiga. Ella me hace descansar en un baño de sangre fría". La jugada consiste en disimular la retahíla de apáticas letras entre laxas melodías, luminosas guitarras acústicas –que saludan a Neil Young en “Puppet To The Man” y “Smoke Ring For My Halo”, el tema– y suaves golpes de batería; y también en situar en primer plano una voz que, en su fraseo, mientras flota adormecida sobre un lecho de drones y reverbs, huye ahora de la escuela Iggy Pop para acercarse más a la de Lou Reed.

Grabado por un cuidadoso John Agnello (enfrentado aquí a un reto diferente al que le suelen proponer agresivos punk-rockers como Sonic Youth, Dinosaur Jr. o The Hold Steady), “Smoke Ring For My Halo” suena elegante, paciente y sabio. De largo recorrido y no apto para iPods inquietos, con él Vile dice adiós a la filosofía del do it yourself y hola a la pulcritud de un nuevo sonido, en un gesto de reverencia que nos lo presenta casi desnudo del todo, más capaz de lucirse con su guitarra y más cómodo a la hora de airear unas letras que brillan por encima de la media. Desolado, hasta las narices de casi todos y de casi todas, en “Runner Ups” canta: “No sé si realmente te has corrido. Me siento tonto al preguntarte. Deberías haber sido actriz, eres tan dominante…”. Y en la vigorosa “Ghost Town” se define incapaz de encontrar su lugar en el tiempo y en el espacio, su lugar en el mundo. Después de ella sólo resta deleitarse con el pequeño gran minuto de “(shell blues)” y sus campanas lejanas, una epifanía perfecta para tamaño réquiem.

Cristian Rodríguez

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