Small Craft On A Milk Sea Small Craft On A Milk Sea

Álbumes

Brian Eno Brian EnoSmall Craft On A Milk Sea

7.8 / 10

Brian Eno Small Craft On A Milk Sea WARP / PIAS SPAIN

Brian Eno, el artista, hace tiempo que desapareció devorado por Brian Eno, el mito. En medio de todo este frenesí caníbal han quedado algunos restos, los huesos, de Brian Eno, el hombre –baja estatura, calva reluciente, voz perfectamente modulada, elegancia en el vestir de negro Armani–, aún en activo participando en conferencias, aportando ideas en discos ajenos, desarrollando algún proyecto multimedia, siempre a la sombra de su mitología personal. Porque Brian Eno siempre será el de los años 70 y 80, el creador incombustible que, a partir del distanciamiento modesto de su propia obra en solitario o en colaboración – “soy un no-músico” es su gran eslogan–, le dio carta de naturaleza al ambient, desarrolló el concepto de fourth-world y relanzó escenas como la no wave, el art-pop y las bandas sonoras (imaginarias o existentes). El repaso histórico a su trayectoria sólo indica que, a pesar de las intrigas de sus numerosos detractores (generalmente dentro de las vanguardias en sonido y artes plásticas), Eno pertenece a la categoría del genio. Igual fue un genio involuntario, todo puede ser, pero entre “Here Come The Warm Jets” (1973) y “Music For Films III” (1993) hay una cantidad apabullante de obras maestras y en muy diferentes frentes. También algún disco menor, alguna colaboración dudosa y recopilatorios innecesarios, pero ni siquiera el 50% restante de su carrera artística –mucho menor en comparación– puede borrar la huella y el prestigio de Eno.

Por tanto, un nuevo disco de Eno merece ser escuchado, atendido y juzgado en su justa medida. El problema que ha planteado siempre Eno es que, desde los 90 en adelante –básicamente desde que repasó lo mejor de su carrera en las imprescindibles cajas “I: Instrumental” y “II: Vocal”, ambas de 1993 y ambas con tres CDs por barba–, su nivel de calidad cayó en picado. “Spinner” (con Jah Wobble) o “The Drop” son discos muy menores en comparación con “Discreet Music” o “Another Green World”, y ese declive se ha ido prolongando desde entonces sólo paliado por acciones puntuales como la participación con U2 en el proyecto Passengers –que puso de moda la banda sonora imaginaria– o la producción del “Viva La Vida” de Coldplay. Ahora, Eno vuelve a estar de actualidad porque su legado ambient ha renacido en una nueva generación de autores que pisan simultáneamente suelo electrónico y neoclásico –pero aquí hablamos de Eno el mito, no Eno el hombre o Eno el artista– y, sobre todo, porque Warp le ha editado este “Small Craft On A Milk Sea” del que nada se sabía al principio y que tantas incógnitas ha despertado. Básicamente, estaba la duda de si Eno estaría a la altura de Warp –o al revés– y este disco sería el que muchos Eno-headz llevaban tiempo esperando. Advertencia previa necesaria: confiar en esa resurrección de Eno el artista a partir de Eno el mito siempre es arriesgado y puede llevar a decepciones. Pero si se había escuchado con atención su disco con David Byrne de 2008 ( “Everything That Happens Will Happen Today”), ya se podía advertir que la segunda juventud de Eno era una posibilidad nada desestimable. La base de aquel disco eran canciones propias de Eno que Byrne ayudó a completar –y no al revés–, signo de que la inspiración estaba, por qué no, regresando.

Y “Small Craft On A Milk Sea” es, ante todo, un disco inspirado. Es ese disco bueno que se le demandaba. No un disco genial, no un disco que cambiara radicalmente el panorama de la música –seamos realistas–, pero sí un disco de Eno el artista a la altura de Eno el mito. Es difícil calibrar hasta qué punto la influencia de sus dos colaboradores en el LP, Jon Hopkins y Leo Abrahams, es decisiva o no; si es un disco que ha hecho Eno con dos personas o son dos personas que le han hecho un disco a Eno. Pero lo que suena en “Small Craft…” es puro Eno, tanto en la sección ambiental como en la noise. Es un disco bipolar, porque va del extremo manso al puro caos de guitarras y máquinas, pero lo bueno es que reparte esa bipolaridad en tres bloques férreos que nunca se entremezclan. Es, perdón por la comparación, un “disco sándwich” que empieza etéreo, entra en una fase de ebullición y caos, y acaba también ambiental. El hilo conductor entre los extremos consiste en la intención cinemática del proyecto: música que vaya de la mano de imágenes (mentales), ya sean visiones celestiales o escenas de persecución, imágenes tétricas o viñetas violentas, tanto da. En esto, el disco es Eno al 100%: ese comienzo con “Emerald And Lime” –recuperado al final con “Emerald And Stone”– es el Eno de los 70, el de “Ambient 1. Music For Airports”, y a ese Eno primitivo le van sucediendo otros Enos conocidos pero durante mucho tiempo nunca rescatados. Está el Eno abrupto del proyecto Passengers ( “Dust Shuffle”), el del tribalismo anárquico ( “Paleosonic” parece una canción de The Residents), el que inspiró al Badalamenti nítido ( “Complex Heaven”), el paradisíaco de “An Ending (Ascent)” en piezas como “Lesser Heaven”, y luego un Eno aislacionista, frío, calculador, que se manifiesta hacia la conclusión en partes como “Calcium Needles”, “Slow Ice, Old Moon” o “Written, Forgotten”. Muchos Enos en uno, como los mundos en el mundo, incluido un momento techno prescindible ( “Flint March”). Todos esos mundos, o esos Enos, son los que están resumidos en los ocho minutos finales de “Late Anthropocene”, una conclusión convincente que lleva a una idea creo que justa: es el mejor Brian Eno en mucho tiempo, y aunque ya no cambiará el panorama (¿quién puede?), complace saber que él todavía tiene ganas de cambiarse a sí mismo y ser el que fue. Volver a ser Eno, el artista, por encima de Eno, el mito.

Richard Ellmann

Brian Eno - Small Craft On A Milk Sea (pieces taken from the album) by Warp Records

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