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Lindstrøm LindstrømSmalhans

8 / 10

En su crítica de “Six Cups Of Rebel”, nuestro amigo Iván Conte se armó de valor y defendió lo que muchos fans de Lindstrøm se habían negado a aceptar: que el dios nórdico de la música disco cósmica le diera por frenar sus clásicos acelerones de arpegios y buscara experimentar con tempos más pausados, en busca de una placidez funk que no debería sorprender a quien le había seguido hasta ahora –incluso el LP vocal con Christabelle estaba plagado de momentos orgánicos, casi trip-hop–. Lo que ocurría con “Six Cups Of Rebel” era que se presentaba como la continuación oficial de “Where You Go I Go Too” (2008), cuatro años después de aquel álbum definitivo y definitorio del revival cósmico, y las expectativas eran distintas, sobre todo pasado tanto tiempo. Y quizá porque había trascurrido cuatro años Lindstrøm se vio libre de hacer algo distinto –al menos a nivel formal, que no espiritual, pues su corazón está siempre en la música sintética de finales de los 70 y principios de los 80–, que el tiempo dirá exactamente qué lugar ocupa en su carrera. Uno, de todos modos, está bastante de acuerdo con Iván Conte y su crítica de aquel álbum: el contenido era bueno siempre y cuando uno no esperara una fotocopia del título anterior.

Paradójicamente, sin que haya acabado el año Lindstrøm vuelve a publicar otro álbum e invierte los factores de manera sorprendente: “Smalhans” no tiene un solo momento valle, ni un parón ni un instante de indecisión, suena vibrante, analógico y elástico, y es el álbum de baile que toma el relevo –este ya a efectos espirituales y formales, todo a la vez– de “Where You Go I Go Too”: son sólo seis cortes en poco más de media hora de duración –un dato curioso, ya que el primer tema de aquel debut ya duraba 30 minutos él solo– en el que Hans-Peter regresa a su discurso primigenio, inspirado en maestros de la odisea electrónica como Cerrone, Moroder y Patrick Cowley. Lo hace exprimiendo a fondo un lenguaje que arranca desde el primer minuto de “Raakost” con toda la carne en el asador: un beat circular y mecánico –que, sin embargo, no acaba de sonar del todo a loop, como si hubiera leves variaciones de pitch, como si lo tocara un humano en vez de una máquina– y destellos melódicos sencillos por cuenta de un despliegue abundante de sintetizadores de época. La misma estructura y la misma intención que se vuelven a dar en “Lammelaar”, “Eggedosis” y hasta el final. Con un matiz: si en “Where I Go You Go Too” las composiciones eran largas y divididas en movimientos, como una sinfonía disco, aquí Lindstrøm ha decidido no enlazar los momentos de clímax para acabar creando ‘canciones’. Los seis cortes se mueven gracias a su certero aliento pop, son como tonadas con un gancho reconocible –delicioso el toque italo de “Vossakorv”, que parece el encuentro soñado entre el cosmic disco noruego y el kitsch de Daft Punk, y “Faarikaal” parece que se funda como el queso con el calor– que obligan a ser escuchadas con insistencia, a volver a poner el disco una vez se ha acabado.

Por inmediatez y acierto, “Smalhans” le gana la partida a “Six Cups Of Rebel”. Puede parecer una derrota para el primer disco del año de Lindstrøm, pero no debería leerse así: el primero consiguió sonar atrevido y sólido en un cambio de registro súbito e inesperado; en una situación de riesgo consiguió salir airoso. Pero “Smalhans” es plenamente reconocible como su sonido y su ética, y consigue sonar titánico casi de principio a fin –el final, por cierto, que es “Vafler”, una galopada de sintes que unifica la épica sinfónica de Jean Michel Jarre con el disco high energy sin que parezca hortera–, un álbum que, a medida que se entra en él, más se confirma como la verdadera continuación de “Where You Go I Go Too”. Muy hábil: responde a las expectativas con creces justo cuando nadie esperaba nada, como esos golpes que te vienen por detrás y hacen todo el daño sin poder evitarlo. Todos los títulos de los temas, por cierto, están basados en platos típicos de la cocina noruega. Conclusión: esto sabe de muerte.

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