Slow Dance Slow Dance

Álbumes

Jeremy Jay Jeremy JaySlow Dance

8.5 / 10

Jeremy Jay Slow Dance K RECORDS / GREEN UFOS

Es cierto que han surgido algunas voces contrarias pero vaya por delante que, en lo que a mí respecta, estoy encantado con el nuevo disco de Jeremy Jay. Este jovenzuelo californiano, sin duda el nuevo enfant terrible de la escena indie americana, ha dado un punto de giro a su sonido y se ha reinventado, tirando, otra vez, de músicas pasadas, de sonidos cien por cien vintage. Si en su estupendo disco de debut A Place We Could Go”, el hombre con cara de niño (y el niño con voz de hombre) se acercaba a ciertos referentes del pop más exquisito (con comparaciones continúas con Robert Forster de The Go-Betweens, por ejemplo) y usaba una curiosa producción lo fi, en este divertidísimo, irónico “Slow Dance”, se pasa, sin pudor, a la New Wave y, atención, al synth-pop.

Un disco que se abre con una maravilla como “We Were There” (dónde recoge como pocos lo han hecho, el espíritu descarado y a la vez inquietante de The Cars) no puede ser malo. Lo que sigue es un (breve) paseo por una fiesta triste y algo decadentona, llena de chavales borrachos vestidos como en los ochenta, con grandes gafas, chaquetas extrañas, vaqueros ajustados, como si fuera un viaje en el tiempo. Jeremy Jay juega con la guitarra acústica, con unas melodías extraterrestres, con riffs simples e infecciosos y con los teclados, que le inyectan a las canciones una rarísima melancolía, una sensación de pérdida (como la engañosamente bailonga “Gallop” , la guitarra garajera de “Breaking The Ice”) cuando no directamente de bajón total (la pesadez como de resaca de “Canter Canter”, la rarísima melancolía de la titular “Slow Dance”). Un disco en el que cabe desde el rock n´roll de baja intensidad ( “In This Lonely Town”, con el órgano omnipresente) hasta los guiños al “10:15 Saturday Night” de The Cure en “Winter Wonder”, dónde vuelve a la canción de los 50 como canon (filia que retoma en “Will You Dance With Me?” y en la segunda “Slow Dance”, que es casi una bromita minimalista con sabor a baile de graduación etílico). Y como cierre, otra canción genial: “Where Could We Go Tonight”, que parece establecer un puente entre el hedonismo despreocupado del primer disco y la desorientación (¿dónde estamos y qué hora es?) emocional del segundo. Jeremy Jay se ha convertido, con sólo dos discos, quizá sin quererlo, en el cronista de una juventud desencantada que vaga de un lado a otro sin saber qué hacer. Una pena que no haya incluido la genial “Love Everlasting”, incluida en su anterior ep de igual título. Hubiese rozado el diez sin discusión.

Fernando Navarro

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