Sleep Sleep

Álbumes

Last Step Last StepSleep

7 / 10

Este es el tipo de música que le sale a Aaron Funk cuando está durmiéndose –que no es lo mismo que estar dormido, como tampoco es ídem estar jodiendo que estar jodido, y esto lo dijo Cela en el Senado, o eso cuentan–, y si es cierto, y no hay motivos para dudarlo, efectivamente es un tipo realmente raro este canadiense melenudo al que también conocemos como Venetian Snares. Cuenta que todas las piezas de “Sleep” se hicieron en ese momento en el que le estaba entrando ese sueño pesado, esa caída de párpados, esa flojera muscular, ese río de babilla en la comisura del labio, y justo en ese momento, en vez de irse a la cama o dejarse derrumbar en el sofá, encendía los cacharros y se ponía a hacer tracks en un estado de sopor bíblico, de casi narcolepsia irreprimible. Lo que sería el auténtico pop hipnagógico de ser pop –que no lo es–, aunque sí puede ser que haya inventado una categoría nueva, el acid hipnagógico, que nace y muere aquí, porque hay que estar realmente jodido –que no es lo mismo que estar jodiendo, ya se ha dicho antes– para empezar a retorcer la 303 cuando el cuerpo lo que pide es irse al sobre.

Todos los títulos del disco hacen referencia al sueño: “Xyrem” y “Cimicdae” suenan a medicamentos, a pastillas de las otras –al fin y al cabo, “Sleep” es pastillero según la semántica que se prefiera–, y queda muy claro cuando tira de latín y griego en “Somno” y “Rohypno”, e incluso de inglés en “Microsleeps” –aunque no tanto en castellano cuando le pone por título “Obispo” al quinto corte, que será por esas siestas de pijama, padrenuestro y orinal que se marca la curia, por norma, después de los pantagruélicos ágapes coronados por sonoros regüeldos, y que se acaba en plan abrupto y feo, con un fade out clásico de derrumbarse sobre la mesa a lo bestia–, y toda esa unidad de significado ayuda a adornar lo que, en realidad, no es más que una competente broma, un pasatiempo. Y que no se entienda broma como algo peyorativo, pues “Sleep” es, de los últimos discos de Aaron Funk, uno de los más valiosos y divertidos. Lo que se echaba de menos en su música –en especial lo que va de “Detrimentalist” (2008) a My So-Called Life (2010), sin olvidar los maxis posteriores, Cubist Reggae, “Affectionate” y Fool The Detector– era un componente lúdico, y no tanto la huella gamberra habitual en su música.

Los primeros álbumes como Last Step (el homónimo de 2007 y “1961”, de 2008) caían un poco lejos, y este “Sleep” llega en el mejor momento para reactivar un poco el brillo de su aura perdida, dilapidada a lo largo del último lustro en discos feos, desagradables, muy basados en el acid pero con una innecesaria vocación de herir y molestar sin ninguna razón para ello, buscando la carroña como la hiena. Pero estos nueve cortes, aunque no inventan nada, tienen esa gracia que sí le encontramos a los discos de Luke Vibert y también tenían algunos tracks de la serie “Analord” de AFX. Aaron Funk no pretende llegar a ese nivel de diversión/complejidad –al fin y al cabo, es música hecha cuando se estaba durmiendo, y completada después de una cabezada de minutos u horas, con ese mareo y esa mala leche tan habitual en las siestas largas–, pero al menos no reviste de trascendencia lo que es un experimento y un tentempié. Las 303s flotan como abejorros en “Lazy Acid 3”, todo suena analógico y chorreante, hay melodías retorcidas en “Somno” y en la revoltosa “Avocado”, hay paseos por el lado oscuro de la música rave –“Rohypno” suena a rato a música perdida de Marc Acardipane–, y es ese tipo de disco que no va a cambiar la jerarquía de la IDM grosera, pero que siempre te deja con una sonrisa después de tanto salpicón ácido; y es que Aaron Funk ha grabado lo que se le esperaba de él: no servirá para dormir, pero deja espacio para imaginar sueños muy raros en él, la clase de sueños que asustarían incluso a Jacobo Siruela; un disco, o sea, que mancha, pero no como un vómito a última hora de la madrugada, la clásica pota con grumos, sino como una gotita de pis en el suelo o la tela del calzoncillo después de haberse agitado mal la herramienta y errar la puntería. Más o menos es eso.

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